Albert Pla y la Rumba Catalana

Albert Pla y la Rumba Catalana

A lo largo de mi vida he compartido momentos inolvidables con músicos y artistas con un carácter y una forma de ser que rozaba lo onírico, lo incomprensible, artistas sin límites ni barreras, artistas de la vieja guardia que eran una especie aparte. El maestro Bardají, el pequeño gran Beethoven, Pedrito Díaz, Ramoncito y un largo etcétera. Y lo dejo en ‘etcétera’ porque quiero ir al grano y no alargarme más de la cuenta en presente artículo. Hoy quiero centrarme en un personaje con el que  casualmente coincidimos en el estudio cuando Chipén estábamos con la producción del disco ‘Verdad’, dirigido por Peret que, aunque estaba en su etapa evangélica, pudimos convencer para que participara conjuntamente con los grandes maestros de la producción Víctor Amman y José Max Kitflus.

En el mismo estudio en el que nosotros grabábamos por las tardes, por las mañanas grababa Albert Pla, un artista del que no tardé en darme cuenta que era un personaje que también pertenecía a la saga de indomables que os comentaba antes. Era joven y procedía de una cultura musical bastante distante a la mía y su música era única hasta la fecha –y lo sigue siendo–, nadie había grabado letras y músicas como las suyas, se escapaba totalmente a mi concepción musical.

Un día mientras estábamos mirando un tema con Peret, con mucha prudencia y educación, Albert Pla nos pidió permiso para entrar. Dijo que estaba escuchando esas guitarras ventilando y que tenía que “presenciar algo tan majestuoso”. Al rato nos comentó que había compuesto un tema que pretendía ser una rumba pero que, después de oírnos a nosotros, tenía claro que “la palabra rumba no se podía aplicar a cualquier cosa” y que “sin esos ventiladores no podía llamarle rumba a su tema”.

Muy poquitas palabras pero cargadas de una profundidad inmensa, de una sabiduría musical  formidable. No tardé en darme cuenta que realmente él era así, una persona con una sensibilidad desmesurada. Ante tal situación no me quedó otra que ofrecernos a ponerles las guitarras a su tema. Fue tal su ilusión que decidió borrar todo lo que había grabado hasta el momento y dejar sólo nuestras guitarras para, según él, poder “llamarle rumba”.

Los arreglos musicales se los estaban haciendo Pep Bordas y Kitflus, aportando cada uno diferentes culturas musicales. Kitflus, con el que nosotros trabajábamos normalmente en el estudio,  me invitó a participar en la producción de Albert Pla y darle un toque diferente a algunos de los temas que estaban haciendo ellos. Albert se mostró muy agradecido, dijo que su “honor tan grande que no tenía palabras para expresarlo”, y precisamente que alguien como Albert Pla te diga que no tiene palabras para expresarse, son palabras mayores ….

Cuando empecé a escuchar sus letras me quedé de piedra, nunca había escuchado algo así, estaba completamente fuera de juego, pero ante la ilusión y agradecimiento que había mostrado Albert, tenía muy claro que debía implicarme a tope.

Allí fue cuando empecé a conocer de verdad a Albert. Probablemente es la persona que más he admirado en mi vida, hay que conocerle de cerca para comprender su majestuosidad, su respeto hacia la música, hacia el arte. Él no le abría la puerta a cualquiera, o te daba la vida o no te decía ni hola, no tenía término medio. Me encantaba hablar con él de música y de la vida en general, pues su manera de entenderlo todo era muy genuina.

Al final, además de ayudar en la producción acabamos cantando con Albert el tema de ‘Joaquín el necio’. Mi sobrina Quisi y mi hijo Jack pusieron los coros, tendrían cinco o seis años, tenían que ser coros de niños desafinados y ¡no había forma de conseguir que desafinasen¡. Fue una producción muy divertida, creedme, aún recuerdo a mi hijo de cinco años dando consejos de producción a Kitflus.

Fue una producción en la que tuve la oportunidad de aprender un montón y hacer cosas que nunca me hubiera imaginado antes. Guardo muy buenos recuerdos. Al final, el título del disco fue ‘No sólo de rumba vive el hombre’, todo un honor para nosotros y una gran muestra de agradecimiento por su parte.

Cuando acabó la producción, sucedió algo inesperado. Tato Escayola, director de Ariola Records, se enamora de la producción y la acaba comprando por una millonada. Tato Escayola, después de hablar con Albert, me llama y me pregunta si “Albert es una persona normal” … no sé de lo que hablarían pero, antes de firmar el contrato, tres médicos pasaron para hacerle un reconocimiento médico a Albert. La inversión no era poca. Y de ahí al lanzamiento final del disco todo son anécdotas propias de un universo paralelo y sólo al alcance de ser protagonizadas por personas como Albert.

En el libreto del CD no podían faltar sus agradecimientos más personales. Agradece a la rumba catalana por haber arropado su producción, a la cual tenía el honor de poder llamar Rumba, hija de la gran Rumba Catalana, y que por poderle llamar Rumba le habíamos honrado. Agradece también a los niños el haber puesto los coros ahora ya que de grandes no podría haberles pagado. El tema principal del CD finalmente fue ‘Joaquín el necio’.

Fue un honor para nosotros estar en su producción y fue un honor para él contar con la Rumba Catalana. Fue una relación de respeto y de ética. Él expresaba que su posicionamiento en la vida se basaba en “no faltar el respeto a nadie y en ser tal y como uno es, y que si le faltase a uno de esos principios, entonces no sería Albert Pla y tendría que cambiarse el nombre”.

Cierro la serie de los últimos cuatro artículos –¡SOS! ¡La Rumba Catalana en peligro de extinción!, ¡ ¡SOS! ¡La Rumba Catalana en peligro de extinción! (Capítulo 2), De Rumba y Respeto, el Gato Pérez– con el ejemplo de un artista que se aproxima a la Rumba Catalana desde el respeto a sus creadores y con la voluntad de intercambiar, de fusionar, y con la voluntad de llamar a cada cosa por su nombre. Ética.

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