ARTE

Cante Gitano

El Cante Gitano

A veces, asomarse a la Historia y mirar cómo ocurrieron las cosas es un ejercicio saludable; abusar no es conveniente porque la historia está escrita por el que tiene acceso a las “libretas” que dejan constancia de lo ocurrido y normalmente miente pues narra desde la fortuna del vencedor, colocando los sucesos a su antojo; pero en este caso no correremos ningún peligro de falsificación porque tenemos todos los datos necesarios para construir nuestro relato. El tema es echar un vistazo al momento concreto en que los gitanos sacamos a la calle, a la plaza, al ámbito público nuestra creación más exquisita: nuestra música que con amor y solidez se convertirá y será el Flamenco.

Nuestros viejos traen el cante desde tierras muy lejanas. Con el sol y el viento nació un barrunto de sonidos negros ajados por la tormenta y el hambre. Dicen que del dolor nace lo bello. Y lo bello se desarrolla desde el lugar más íntimo y espiritual del ser.

Cuando escuchamos el cante gitano nos damos cuenta inmediatamente que no ha perdido nada de la sacralidad, de la ritualidad, del peso que da el mundo espiritual a la música. Hay que reconocer su origen en esa sonoridad que viene de muy antiguo. Es la lucha contra el olvido porque en el cante reposan una serie de conexiones profundas que nos hacen despertar a la belleza del mundo y reconocerla como algo propio.

El gitano sale a la calle a mediados del XIX, anuladas las antiguas pragmáticas antigitanas que prohibían su lengua, su modo de vida, sus costumbres o sus oficios tradicionales, y con el reconocimiento –sobre el papel- de la ciudadanía española. La economía y la política social de esa época propician una mejor convivencia entre las personas gitanas y el conjunto de la sociedad. Las constituciones liberales y los movimientos revolucionarios desde 1789 por toda Europa permitirán un nuevo encaje de lo ‘gitano’ en las sociedades europeas.

Podríamos decir pues, que la edad dorada de los gitanos en España va desde 1850 hasta la llegada del tractor mecánico y su implantación en el mundo rural en 1950 que hace tambalear todo el estado de cosas. Una rápida y extraordinaria revolución agrícola, ganadera y artesanal de la fragua hace que el gitano adquiera una buena posición económica y social en este periodo.

Confiado sale a la calle y comienza a mostrar su tesoro. La fuerza de su cante seduce y conquista a todos los oídos, músicos empiezan a comprender el cante con admiración y van situándose cómodamente, con el paso del tiempo, dentro del círculo de intérpretes capaces y válidos para crear el Flamenco, esbozado y custodiado en su creación y desarrollo por los gitanos cantaores de la época, por los maestros que portan y contagian el cante. Los que sacan de sus casas un caudal tan valioso son imprescindibles para que la sonoridad tenga el peso esencial y la medida justa.

Desde los martinetes, seguiriyas y soleás, se van concibiendo otros cantes que van a establecer toda la riqueza del Flamenco tal y como lo conocemos hoy. Los Fandangos, que son la adecuación del folclore musical andaluz a la sonoridad gitana (tarantas, tarantos, levanticas, cartageneras, mineras y murcianas: cantes de levante; las granaínas, propias de Granada; los estilos de Málaga: malagueña, jaberas, rondeñas, jabegotes y verdiales. Garrotín y Farruca). Luego los Tangos (tanguillos, tientos, marianas), las Cantiñas (alegrías de Cádiz, mirabrás, romeras, caracoles); y las Bulerías y Jaleos extremeños. Y como desarrollo lógico algunas gitanas y gitanos se hacen cantaores profesionales, acontecimiento que procura que el cante continúe en las manos de su creador, fijando un repertorio cada vez más completo y rico. Luego, con la nueva tecnología, llegan las primeras grabaciones en disco dejando constancia de que el Flamenco ya estaba hecho, acabado, consumado y adulto a principios del siglo XX. Estos gitanos, cantaores de carrera, van al estudio de grabación y fijan la raíz de sonidos negros que perdurará hasta hoy mismo. Las aportaciones serán múltiples y el gitano y la gitana serán filtro musical y definitiva criba estilística para que el Flamenco quede cerrado.

En esas calles de pueblos y ciudades andaluzas de principios y mediados del XIX ocurrió algo tan poderoso que hoy día sigue viéndose el resplandor de aquella tarde noche en la que un gitano se puso a cantar en la plaza y se decidió que aquello era ya Flamenco, que aquella riqueza espiritual era merecedora del amor eterno de un pueblo que sumió al mundo en la luz de lo íntimo. El cante gitano sigue siendo el lugar común donde una cultura entera mira para no olvidar lo más profundo del ser humano. Luego llegaron algunos con las “libretitas” y escribieron otra cosa, remendaron una mentira que hoy día a nadie convence porque se sabe que esa tarde noche una gitana salió a la calle con decisión y cariño y determinó que la intimidad del escondite ya no tenía lugar en su vida; de ahí nace el Flamenco, de una voluntad tierna y amorosa sin miedo ni cobardía a la igualdad. Por unos años nos creímos nuestra igualdad y fuimos capaces de ser ciudadanos y aportar nuestra joya más preciosa. ¡Qué no hubiésemos logrado si no nos hubiesen quitado la ilusión de la igualdad!

Escrito por Juan José Suárez Laso.