Homenaje a Petitet en pausa… y una nueva hornada que ya calienta motores

Homenaje a Petitet en pausa… y una nueva hornada que ya calienta motores

Hay noticias que no suenan a titular, sino a pasillo de camerino: llamadas arriba y abajo, agendas cruzadas y esa intuición de que lo que merece la pena, cuando llega, tiene que hacerlo con aire y con tiempo. Eso es lo que está pasando ahora con el homenaje a Petitet: las ganas están, la emoción también… pero el formato que se busca pide mucho músculo.

La familia habría querido hacerlo por Navidad, por lo simbólico. Pero un evento grande no se saca adelante con prisas: se habla de muchos artistas, hace falta ensayar, un backstage capaz de absorber el volumen de participantes y, sobre todo, una sala que aguante el montaje. Con estas condiciones, el proyecto queda en stand-by a la espera de que encajen calendario, espacio y logística.

Si me dejáis decirlo en plata: esto no va a ser “un bolo” más. Esto va a ser una de esas noches que hasta las piedras de la calle recordarán lo que pasó orgullosas de haberlo sentido.

Y ya que me he puesto en modo llano y sin cortapisas ninguno –un pequeño lujo que uno se puede tomar a mi edad–, unos se van y otros llegan… ¡Show must go on! Llegan tres jóvenes, muy jóvenes, para que la rumba siga sonando como siempre, poniendo al servicio del público una tradición musical larguísima, pero adaptándose a los sonidos y ritmos más actuales. Lo que siempre hemos hecho los rumberos.

Soniké es el nombre del grupo. Tres artistas y tres apellidos de familias con mucha solera. Roger Herrero, hijo de Roger de Los Manolos. Andy Hernández, hijo de Yumitus. Y Coe Junior, al que ya presentamos aquí hace un tiempo.

La clave, eso sí, no es solo el linaje: es el planteamiento. Hablamos de jóvenes nacidos en el siglo XXI –que para dinosaurios como yo suena a película de Stanley Kubrick–, un siglo en el que la música tiene mil acentos, mil apellidos, pero ninguna etiqueta fija. El grupo se mueve entre estilos, pero mantiene la técnica rumbera como brújula. Soniké suena a pregunta: ¿suena a qué? Pues suena a presente. Y si el presente es mestizo, la rumba también.

Se presentaron en público en verano con una Jam Session en el barrio de Gràcia. Ahora solo necesitan rodaje, sonar y dejar que la calidad que llevan dentro salga a flote. Pequeña anotación: el invierno es duro para los artistas… y para los rumberos, un poco más. Así que cuando se vaya el frío y la rumba vuelva a subirse a los escenarios, buscadlos: Soniké.

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