De Rumba y Respeto. El Gato Pérez

De Rumba y Respeto. El Gato Pérez

En los dos últimos artículos he querido transmitir que, poco a poco, los creadores de la Rumba Catalana, los gitanos y gitanas que nos hemos dedicado décadas a ella, hemos perdido la autoría y el control sobre su sino. Ya no somos los artistas de referencia en el estilo que creamos, y tengo un sentimiento ambivalente sobre este hecho que creo quedó patente en el artículo previo. Por un lado, me enorgullece que algo que hemos creado los gitanos pase a ser patrimonio musical común a todos, pero por otro lado me cuesta entender que ya no pintemos nada el asunto.

Aún así, creo que el equilibrio entre los dos aspectos es posible, el equilibrio entre que sea una música de y para todos, y que los gitanos sigamos jugando papel protagonista en su desarrollo. Y creo que el reconocimiento y la ética son la clave para ello. Por eso hoy os voy a contar una anécdota que hizo que mi admiración y respeto hacia el Gato Pérez creciera, si cabe, aún más de lo que ya sentía hacia su figura.

Cuando Peret se convierte al evangelismo y abandona los escenarios, dejó a sus músicos y compañeros, a Chipén, bajo la difícil responsabilidad de tomar su relevo al frente de la Rumba Catalana. Tarea demasiado complicada y más si todo sucede de la noche a la mañana. Estábamos sólos ante el peligro. Y digo ‘sólos’ porque en aquellos momentos Peret había conseguido aglutinar toda la atención del panorama rumbero y brillar lejos de su presencia era muy difícil. Sin embargo, acababa de aparecer por la ciudad un joven músico llegado de Argentina que se enamoró de aquello que desconocía y que se llamaba Rumba Catalana.

Rápido formó un grupo con los más jóvenes del barrio de Gracia y grabaron su primer disco de Rumba Catalana, ‘Carabruta’. Aquello fue el principio de una profunda historia de amor y respeto entre el artista argentino y la rumba.  El Gato fusionó como nadie la rumba con los estilos más populares del momento, pero sobre todo fue un poeta con la habilidad de cantar con frescura a los aspectos más cotidianos de la vida. Con sus letras urbanas consiguió captar la atención de una juventud que ignoraba nuestra rumba hasta ese momento y a la que consiguió arrastrar a todos sus conciertos.

Barcelona, posa’t guapa. Dentro de la campaña de comunicación diseñada por el ayuntamiento barcelonés para promover el civismo y la implicación de los vecinos en cuidar los espacios públicos, se propuso crear una rumba que acompañase a la campaña.

Chipén compusimos el tema ‘La Rumba de Barcelona la porto jo’. El tema fue producido por Jose Max Kitflus y lo grabamos con la orquesta del Liceu, era la primera vez que la rumba se orquestaba y se fusionaba con fragmentos de Vivaldi.

La propuesta también llegó al Gato Pérez y acabaron por seleccionar su famoso tema ‘La Rumba de Barcelona’ del disco ‘Carabruta’ para representar el proyecto. En cuanto el Gato se enteró, me llamó sorprendido porque no conseguía dar crédito a que no fuésemos nosotros  los elegidos. El Gato era muy visceral y no creía justo que la decisión no hubiera sido apoyar la apuesta musical de los que él entendía que eran los representantes más directos de la rumba catalana.

Llegó el día de la presentación del tema y de la campaña. Era un acto por todo lo alto, estaban representantes políticos, un público enorme y cámaras de televisión. El Gato cogió el micro y se dirigió a todos. Cada vez que recuerdo lo que dijo me asoma la misma sonrisa de incredulidad que la primera vez. Se negó a cantar el tema porque decía que él no era el representante de la Rumba Catalana y que ese prestigio le correspondía a Chipén, los herederos del Rey de la Rumba. Pidió disculpas a sus seguidores diciéndoles que él le debía mucho a la Rumba Catalana, que sentía un gran respeto por ella y le pidió a la juventud que tomase ejemplo y llamásemos a las cosas por su nombre, y que el nombre de la Rumba Catalana era Chipén.

No hace falta decir que los representantes del ayuntamiento se quedaron atónitos. El público estuvo más de cinco minutos aplaudiendo. Sus seguidores calificaron el acto de heroico.

Yo estaba viendo el acto por televisión y a día de hoy sigo sin creer lo que el Gato acababa de hacer. Al cabo de unos minutos me llamó por teléfono y, como si no hubiese sucedido nada, me dijo de ir a tomar algo juntos. Cuando nos vimos me dijo ‘compadre, uno para todos y todos para uno’.

A día de hoy sigo sin saber expresar mi admiración y respeto hacia él. Con este gesto, el Gato Pérez se hizo más grande como artista, hizo más grande a la Rumba Catalana e hizo más grande a los artistas gitanos. 

¡QUE GRANDE ERAS GATO!  ¡Jamás olvidare las vivencias que tuvimos juntos!

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