¡SOS! ¡La rumba catalana en peligro de extinción! (Capítulo 2)

¡SOS! ¡La rumba catalana en peligro de extinción! (Capítulo 2)

Hoy quiero seguir con la reflexión que inicié en mi último artículo para este blog. ¿Podremos conseguir que no se pierda nuestro legado para que todos aquellos que están por llegar conozcan qué es la Rumba Catalana?

Soy consciente que en la industria musical actual los gitanos, los rumberos, estamos completamente fuera de juego. Como traté de explicar en mi último escrito, los gitanos ya no somos ‘autoridad’ en la Rumba Catalana, los referentes de los que hoy día quieren tocar rumba ya no somos los gitanos. Los grupos que triunfan –o triunfaban, antes de la pandemia– no son grupos gitanos. Y darle la vuelta a esa situación ya no está a nuestro alcance.

Aviso para navegantes: Estoy pensando en voz alta y mi intención no es ofender a nadie, tan solo quiero reflexionar sobre la situación en que se encuentra nuestra música. Repito: “NUESTRA MÚSICA”. Una música que forma parte de nuestra cultura, de nuestras celebraciones, de nuestras reuniones, de nuestras bodas, de nuestros mejores momentos, una música que acompaña nuestro día a día, el de los gitanos de La Cera, de la Plaza España, de Gracia, de Mataró, de Lleida, de Tarragona, de Figueras y de cualquier lugar en el que nos encontremos.

Es nuestra música y nuestra historia, pero a la vez es patrimonio cultural también de todo el país, porque nosotros también somos el país. Y puede que sea aquí donde se complique la cosa. El Parlamento de Cataluña ya reconoció nuestra cultura en 2001. Nuestra rumba es la rumba de todos. Ya sé que hoy estoy repitiendo mucho pero creo que es necesario para no llevarnos a malos entendidos, así que vuelvo a repetir, nuestra rumba es la rumba de todos. Y precisamente en el momento en que nuestra rumba ya no es sólo nuestra, perdemos el control sobre ella y, además, de manera legítima. Ahora bien, que sea de todos no implica que no se reconozca nuestra autoría y no se defienda nuestro legado específicamente como gitano, aunque también sea catalán, pero gitano.

De momento nadie ha tomado cartas en el asunto para buscar un remedio o, por lo menos, un tratamiento paliativo a nuestro problema. Este país debería darle más importancia al asunto porque podría perder todo un patrimonio musical treinta años después de reconocer a la sardana. ¿Nuestra música no merece el mismo reconocimiento? ¿Es porque ser una música gitana? ¿Están esperando a reconocerla a que los gitanos ya no formemos parte de la ecuación? ¿Quieren que suceda lo mismo que con el flamenco? Porque tal y como vamos uno llega a la reflexión de que lo bueno que tenemos los gitanos es de todos y lo malo es exclusivamente nuestro, como en un buen matrimonio de conveniencia.

Debería tomarse el ejemplo de cualquier otro país europeo, en el que la cultura musical siempre ha sido protegida, porque la música es parte de la historia y del patrimonio del país, y lo tienen muy presente.

Igual soy un poco drástico y dramático a la vez, pero es mi forma de ver el asunto, son opiniones mías. Soy el último de una saga musical con cincuenta años de vivencias e historias en mi cabeza y en mi corazón. No sé el tiempo que me queda pero cuando ya no esté, todo se habrá perdido para siempre. Nadie toma conciencia.

Antropólogos, historiadores, periodistas, musicólogos, escriben y escriben sobre rumba, preguntan y escuchan, pero poca verdad reconozco cuando los leo, y sé muy bien de lo que hablo. Si algo conozco es la historia de la rumba, nací al lado de ella, y me temo que también me iré al lado de ella.  Los que vengan después no conocerán la rumba catalana, la rumba gitana y catalana, conocerán otra, la que ya no es nuestra.

Soy muy consciente del momento musical en el que vivimos y de los cambios en la industria, por eso sé que nuestra rumba no volverá a difundirse y comercializarse como antes. Tampoco pido eso, pido RECONOCIMIENTO, pido que se conserve nuestro patrimonio, pido que se difunda y se conozca, pido que se reproduzca, pido que marquemos los gitanos nuestra propia evolución en la rumba, pido un reconocimiento no solo de palabras, sino de hechos.

Si encontráis pesimismo en esta líneas, entonces habéis leído en mi alma, pero como dirían en Hollywood, ¡Houston, tenemos un problema!

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