Fin de fiesta. Recuerdo a Peret Pubill Jr, Ramon Serviole y Joan Ximénez ‘Petitet’

Fin de fiesta. Recuerdo a Peret Pubill Jr, Ramon Serviole y Joan Ximénez ‘Petitet’

Después de un obligado parón en el blog, volvemos a la carga, y volvemos a la carga para compartir la historia y el presente de la rumba catalana desde dentro, sin la mediación (podría haber escrito: ‘tergiversación’) de terceras personas que más que plasmar nuestra música y lo que ella significa, parecen desdibujar nuestras vivencias para convertirlas en una imaginación alternativa. Esta es una lucha en la que, achantados por la actual lógica dictatorial del mercado, parece que no queramos combatir. Yo, que ya perdí la batalla del mercado, no quiero perder también la batalla por la verdad de nuestra música, que va muchísimo más allá de su comercialización.

 

Hoy no podía volver tras estos meses sin recordar y rendir homenaje a tres compañeros que nos han dejado en los últimos meses.

Peret Pubill Jr. Hijo de el rey de la rumba. CumCum como cariñosamente me gustaba llamarle. Tuvo el mejor maestro de todos, vivió la rumba desde todas las perspectivas posibles y, probablemente por ello fue el aprendiz más docto de todos. Volcó toda su sabiduría rumbera en la informática aplicada a la música. La experiencia de acompañar a su padre en innumerables conciertos y grabaciones, también como guitarrista, le sirvió para sacarle el máximo provecho al estudio musical que su padre montó en la finca de Mataró, un estudio profesional con el mejor equipamiento posible. Se convirtió en nuestro técnico y productor de cabecera, entendía perfectamente lo que cada uno de los músicos que grabamos con él necesitábamos. Se estrenó con su padre, luego fuimos Chipen, Yumitus, Blay, Son como son, o D’Kantaka entre muchos otros. Su perfeccionismo hizo que el listón de sus producciones fuese elevadísimo. Su carácter también lo convirtió en una de las personas más queridas en el mundillo.

Ramon Serviole, ‘Ruba’, como yo le llamaba. Nunca fue músico profesional, su padre era francés, de París, su madre gitana catalana. Pasó su infancia escuchando la rumba de los gitanos franceses y, también, de los catalanes, ya que alternaba temporadas en ambos lados de la frontera. Crecimos juntos, venía frecuentemente al estudio, allí compartimos un sinfín de horas. Si teníamos algún bolo, o una boda, no dudaba en acompañarnos, y aunque no se dedicó profesionalmente, era una gozada compartir escenario con él.  Quizás no se atrevió a jugárselo todo a la rumba, en eso demostró mucha más sabiduría que otros, a tenor de cómo está el patio … Pero, la rumba también vive a través de sus amantes y aficionados, de aquellos que traspasan el conocimiento, el amor y la pasión por la rumba de generación en generación, engranajes necesarios para que la rueda gire y el ventilador no se apague.

Joan Ximénez ‘Petitet’. Han sido muy pocos los momentos de mi vida que él no estuviera al lado mío. Si alguien podía decir que me conocía bien, era él. Las innumerables actuaciones, grabaciones, viajes, bolos, …, dejan demasiadas anécdotas como para que no lo considere una parte de mi vida, una parte de la que no me voy a despedir nunca. Hace no mucho ya escribí un artículo sobre él en este blog. Por aquel entonces las noticias que teníamos de él ya no eran demasiado buenas. Mientras lo escribía, sabía que había llegado su crepúsculo. Se fue como el indomable artista que era, su alma no podía aceptar el homenaje en vida que le preparaban en la Sala Apolo, y diez días antes decidió irse. Insigne. Ahora toca seguir honrándolo. Fue un artista de porte único e irrepetible, combinaba la gracia más chisposa del mundo gitano con lo imperial de su rumba. No sólo fue el campeón de los pesos pesados de la rumba, sino que tuvo la insolencia de lucir su corona en el palacio más brillante de Barcelona, el Liceo, un escenario nunca antes conquistado, y que dudo nadie se atreva a reeditar su osadía.

Este último trimestre los tres han tocado en su fin de fiesta. Y para que una fiesta nueva comience, otra debe acabar antes.

Recordándolos hoy aquí, homenajeamos los adoquines que pusieron en el camino de la rumba, adoquines que han quedado armoniosamente encastrados a muchos otros y por los que deberán transitar las generaciones más jóvenes para conseguir que la rumba llegue cada vez más lejos y acompañe las fiestas de gitanos y no gitanos, generación tras generación.

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