Entrevistamos a Tatiana Font, nueva responsable del Plan Integral del Pueblo Gitano de Cataluña
Es la segunda semana del mes de enero y quedamos el lunes a una hora temprana de la mañana, algo propio de quien quiere extraer el máximo jugo a la semana que tiene por delante. Me recibe con cordialidad y sosiego, pero rápido empezamos a intercambiar información, acaban de cumplirse los seiscientos años de la llegada del pueblo gitano a la península y hay muchas opciones abiertas sobre la mesa para conmemorarlo. Tras una ágil conversación sobre detalles de este evento, nos ceñimos a lo que nos ha reunido, conocer el posicionamiento de la nueva responsable del Plan Integral del Pueblo Gitano (PIPG) de la Generalitat de Cataluña.
Tatiana Font es trabajadora social de profesión. Empezó en el cargo a finales de diciembre, hace escasas semanas, pero su relación con el Plan Integral del Pueblo Gitano es muy larga, pues nos recuerda durante la entrevista que ya participaba en grupos de trabajo de la primera edición del plan, hace prácticamente veinte años. Por aquel entonces, Tatiana era técnica de educación en la Fundación Privada Pere Closa, donde acompañaba el proceso educativo de niños y niñas en los barrios de La Mina y San Roque.
– Tatiana, ¿cómo llegas al mundo de la acción social y del activismo gitano?
Antes de estudiar Trabajo Social, barajaba varias opciones más, como medicina o INEFC. En aquel entonces yo ya estaba vinculada a la Unió Gitana de Gràcia y tenía, allí, a muchas personas referentes, educadoras sociales y trabajadoras sociales. Un día llegó un tríptico que explicaba que era trabajo social y vi que estaba muy vinculado con las tareas que yo hacía como voluntaria con niños en las actividades de refuerzo educativo, entonces decidí hacer trabajo social. (Sonríe) en mi casa siempre me decían que era la abogada de los pobres, y creo que eso se materializaba muy bien en trabajo social.
– ¿Qué te gustaría aportar a esta nueva etapa profesional de tu larga trayectoria en el mundo asociativo gitano y también como trabajadora social en un equipo de Servicios Sociales?
Quiero traer la visión más social en cuanto intervención. Aquí, en el departamento, se elaboran políticas, y mi reto es que esas políticas no se queden en el relato y en la narrativa y poder bajarlas a pie de calle. De hecho, esa es mi experiencia.
– ¿Qué consideras que necesita el PIPG para que llegue a las personas y tenga un impacto real y amplio?
Necesita materializarse. Desde que empezó el primer PIPG hay una ruta dibujada, pero esa ruta no acaba aterrizar definitivamente en los barrios. Cuando me planteaba si presentarme al cargo, lo que más me motivaba era precisamente esto. El Plan tiene ya una trayectoria de veinte años prácticamente, y en ese tiempo yo creo que si hiciéramos una encuesta a toda la población gitana de quién conoce el plan y sus acciones, serían muy pocas las que pudieran decir que lo conocen.
De alguna manera, la administración tiene la obligación de que el Plan llegue a los ayuntamientos y otras instituciones, en todo el territorio, pero nosotros, todos los gitanos y gitanas, también tenemos la obligación de que las acciones del plan lleguen a la gente. Si tú eres mi vecino y yo sé algo que te puede incumbir, o lo puedes usar, tengo la obligación de explicártelo. Para mí es un tema comunitario y debe ser responsabilidad de todo el mundo.
– Retomando la larga historia del PIPG y tu participación en él, ¿qué te gustaría rescatar de las ediciones previas?
Me gustaría trabajar para que sea más ágil, quizás con grupos motores, para poder ir avanzando, y luego ponerlo en común en plenaria. Trabajar por líneas específicas de trabajo. También creo que debemos incluir a más gente que es referente en los barrios y no está vinculada a ninguna entidad y poder escuchar lo que tienen que decir. Al final, se trata de que todo el mundo pueda hacerse el plan suyo.
– ¿Cuáles son los siguientes pasos que prevés en el diseño y aprobación del PIPG?
Nos hemos encontrado con un borrador del Plan del cual hay mucho desacuerdo por parte de las entidades gitanas, así como poco consenso y acuerdo con los diferentes departamentos que deberían que estar implicados en la mejora de las condiciones de vida de la población gitana.
Por eso, ante este escenario hay que ser prudentes y reflexionar para redirigir nuestra hoja de ruta y alinear las acciones y el diseño a la realidad actual, como se hace a nivel estatal y europeo, intentando conseguir una planificación que quede enmarcada más allá de los mandatos políticos establecidos y los cambios periódicos que estos puedan sufrir.
– El antigitanismo es un fenómeno muy poliédrico, con muchas caras, muchas manifestaciones y muchos efectos en la población gitana. ¿Cómo planteas la lucha contra el antigitanismo?
Actualmente existe una propuesta de observatorio de condiciones de vida de la población gitana que, entiendo, está relacionado con el informe que se hizo sobre condiciones de vida. La idea es comparar la evolución de estas condiciones de vida y si las actuaciones del PIPG repercuten o no.
En esta misma línea, creo que sería interesante hacer un observatorio específico de antigitanismo, ¿Por qué no? Con entidades que trabajen en este ámbito y que se recoja información de la Oficina de Igualdad de Trato y No-Discriminación, los juzgados, el Síndico, etc.
No sé cómo trabajaremos este asunto, pero sí que es uno de los puntos que tiene que ser más representativo y, si el gobierno declara este año como año del pueblo gitano, deberemos conseguir más difusión. Del mismo modo que la ciudadanía ha llegado a entender cuáles son las actitudes micromachistas, vamos a hacer entender cuáles son las actitudes antigitanas, esas que habitualmente se normalizan.
– Vivimos en una sociedad que avanza muy rápido, con cambios de mucha trascendencia en muy poco tiempo, como es el caso de la lucha por la igualdad de género y la lucha contra el racismo. ¿Qué lugar debe ocupar la mujer gitana en la sociedad?
Yo creo que no podemos hablar de una única posición, hay mucha diversidad, no puedes afirmar que la mujer gitana se posiciona ante el mundo de una única manera. No creo que haya una única línea. Voy a darte mi opinión personal, que no tiene por qué ser compartida, pero estoy acostumbrada a escuchar afirmaciones tales como ‘la mujer es el motor de cambio’, ‘la mujer es el pilar de la cultura gitana’, y, para mí, hacerte cargar con todo ese peso no deja de ser otra violencia, no puede ser exclusivamente papel de la mujer. La cultura la hacemos de manera común, todos. Entiendo que en algún momento ha ido bien para que las mujeres gitanas pudieran introducirse en el movimiento asociativo, pero ahora no es momento de cargar con eso, y las luchas quizás son otras.
– ¿Qué luchas antepondrías?
Por ejemplo, yo no creo en un ‘Top ten’ de mujeres, a mí me es tan válido el que una mujer con problemas diarios de salud mental -que es otro de los tabús del que nunca hablamos- sea capaz de levantarse por la mañana y salir a la calle. La lucha de esa mujer es igual de válida que la de una chica que decide una trayectoria profesional y se saca un posgrado de género. Ese no dar crédito, no reconocer, nos hace mucho daño a nosotras mismas. Debería existir, entre nosotras y entre todos, más sororidad. Quizás por la resiliencia, por la lucha contra el racismo constante, por el ataque y derribo constante al que tenemos que hacer frente, que no tenemos el espacio para crecer.
– El mundo de la educación es del que vienes. ¿Qué peso ocupará la educación en el nuevo PIPG? ¿Qué cosas te gustaría cambiar en ese ámbito?
Me deja perpleja que después de veinte años la historia y la cultura gitana no esté en el currículum escolar. Lamentablemente todavía me siguen llegando las mismas resonancias, comentarios o lo que le sucede al alumnado gitano. Además de formación al profesorado, creo que hace falta más diálogo porque todavía hay gente que no nos conoce, tienen ideas muy estereotipadas, y los alumnos también acaban usando estereotipos. Si tienes catorce años y no te gusta estudiar o no lo tienes muy claro aún, puedes acabar aprovechándote de la mirada estereotipada de los otros como excusa para no entregar un trabajo o no ir a clase.
Hay barrios donde no gradúa a estudios superiores ninguna persona gitana desde hace muchísimos años. Depende de qué barrios no hay tanto absentismo, pero me sorprende porque hay territorios donde eso no ha cambiado nada, cero. Para mí los cambios se dan realmente cuando son comunitarios, porque al final la responsabilidad es comunitaria, de todos. Si hubiera mil chicas no gitanas que se pierden en el paso de sexto a secundaria ya se hubiera inventado algo, o habría otros recursos. Si nos conformamos con que la solución pase exclusivamente por un promotor escolar, que no digo que no deba estar, pero que la solución al problema no debe pasar únicamente por él.
– Precisamente, la mirada estereotipada de la que me hablas no es exclusiva del profesorado, en la sociedad cada vez pesan más lo que sucede en las redes sociales, donde avanzan sin freno discursos populistas, simplistas y racistas. ¿Cómo puede rescatarse la cultura gitana de la continua marginación e imaginación racista e interesada?
Está claro que tendríamos que estar en espacios donde la cultura gitana no llega nunca. No me refiero a redes sociales, ni radios o televisiones, eso ya se ha hecho y se puede hacer mejor, me refiero a espacios culturales más prominentes y de referencia, como por ejemplo pueden ser los museos. También estar mucho más presentes en las programaciones de los grandes festivales musicales, porque ahí nunca hay presencia gitana, no hay promotores culturales que apuesten por ello sí o sí. Del mismo modo que existe una acción afirmativa en educación, también debería existir en el ámbito de la cultura. Debemos, como administración, visibilizar todo el legado que la cultura gitana ha dejado en la sociedad.
– Muchas gracias por tu tiempo Tatiana.
A vosotros.
