Homenot. Entrevista a Pastor Pavón, ‘La Niña de los Peines’
Continuamos con estas Entrevistas-Homenots-Semblanzas o pequeños Homenajes a personas maravillosas que nos han dejado una herencia inmaterial, digna de ser recordada. Este encuentro con “la Niña de los Peines” tiene lugar en 1961. Y yo nací en el setenta y cuatro. ¡Echen ustedes las cuentas!
El lector ha de escuchar la voz de esta gitana como quien ha olvidado que el tiempo es unidimensional, acercándose a las teorías físicas más actuales que defienden e investigan las tres dimensiones independientes del tiempo, como un tapiz. Y la posibilidad que ofrecen dichas teorías para recorrerlo con total libertad, sin la tenaza de la unidimensionalidad. El tiempooo… O como lo contaban Hesíodo y Homero: la Jornada.
¡Disfruten del buen viaje!
¿Por qué cantan los pájaros? ¿Qué les obliga? Los colores del sonido se esparcen desde el cante de un pajarillo que saluda a su amada, o que llama a sus hermanos. El oído reconoce estos colores. Un peligro, un sonido. Un arrullo, un aviso. La posibilidad de algo nuevo, un viaje… Sonidos. Vibraciones. Colores. Ondas de partículas energéticas. Nunca había pensado el cante de Pastora Pavón desde la ornitología, pero confieso que escuchar sus discos, ahora, me arrastra a una especie de trance desde donde puedo reconocer sus colores, su volumen y masa, como algo físico que impacta mi cuerpo, que me llega como aviso, como mensaje, como si detrás de sus cantes Pastora estuviera describiendo otras cosas. Sus ambiciones, sus desvaríos, sus certezas y sus amores. Relato de su vida. Y me recuerda a Casandra, la princesa troyana, hija de Hécuba y Príamo, a quien el dios Apolo otorgó el don de la profecía, pero a quien también maldijo para que nadie creyera sus predicciones, condenándola a una trágica incomprensión. La Niña de los Peines no solo habla de sus recuerdos, de sus vivencias, sino que, en cada letra, en cada cante, nos avisa a los demás de lo que es la ambición, nos advierte de los desvaríos de la locura y nos previene del abandono del juicio en el amor. Como Casandra.
He quedado con ella, con María Pastora Pavón Cruz, “la Niña de los Peines”, en el barrio de Chamberí de Madrid, en un café precioso, de los antiguos, hoy día 22 de diciembre de 1961.
Nacida un diez de febrero de 1890, en la Puerta Osario de la capital sevillana, ya tenían, ella y sus dos hermanos, la herencia necesaria para convertirse en la aristocracia del Cante. A la altura de los zares. Esta cantaora nos dejó hecho todo lo que conocemos por Cante gitano, por cante flamenco.
_ Hola tía. Hace años estuve con su hermano Tomás, tomando un café en la plaza de la Mata de Sevilla. Fue en el verano del cuarenta. Recuerdo que hacía mucho calor y que todavía se estremecían las almas de las gentes con lo cercano de la Guerra Civil. Para mí es un honor que pueda estar conmigo un ratito.
_ ¿De ónde eres tú, zobrino? Se me queda mirando con los ojos de una pirata fenicia a la que acabaran de sisar alguna joya formidable. Se me va a hacer larguísima la tarde, pienso.
_ De Badajoz, de Madrid, de Buenos Aires, de Barcelona. Nacido en Extremadura.
_ ¡Ofú hijo, estarás cansao de tanto andá! ¡Qué familia más grande tiés que tené! Guasona.
Me entra un hipo severo. Quería darle a entender que, como ella, conozco mundo, que, como ella, he visto cosas más allá del terruño donde uno nace. Pero creo que me he caído con todo el equipo. Sospecho que esta noche se me juntarán las ganas de pegarme un tiro con las punzadas de un mal recuerdo. Y no pegaré ojo. ¡Siempre me pasa lo mismo, coño! Cuando quiero caer bien, dármelas de interesante, meto la pata por no saber hacerlo. Por eso sigo sin una pareja que me frote la espalda en mi ducha.
_ Me acordaba de su hermano… Digo casi asustado, deseando que doña Pastora Pavón no me clave esa mirada otra vez. Ruego, para que esta mujer deje algo de dignidad en mí cuando terminemos la conversación.
_ Ahora tol mundo habla de mi hermanito. Pero cuando vinieron chungas, ninguno tuvo reaños de darle su lugá. Murió solo, sin jayeres en la casa. Tenía un catre, dos sillas y una meza. Era orgullo puro. Ahora tol mundo z’acuerda dél.
_ ¡¡Pero ninguno hizo los cantes como él los dejó hechos, tía!! Ella reconoce en mi voz que lo digo de corazón.
_ Bueno zobrino. Dejemos los malos recuerdos pa un día de lluvia. ¡Se ha quedao una tarde presiosa! Dice mientras me mira ya de otra forma más amable. Los portones de las ventanas de la casa de mi hermano Arturo se abrieron de par en par cuando Tomás volvió a cantar después de la lesión en sus cuerdas vocales. Y yo me quise tirá pa bajo. ¡¡Cómo cantó el “Reniego” aquella noche!! ¡¡Qué metal! ¡¡Su eco!! Llevaba cerca de dos años sin abrir el cante. Allí tor mundo lloró.
_ Tía, ¿desde cuándo canta usted?
_ Hijo. Desde que tengo el uso de la consiensia estudio cada sonido como un juguete en mis manos. Ahora, con setenta y un años, puedo decir que lo único que he hecho en toda mi vía ha sido cantar y manejar los cantes como presiosos juguetes. Me quedan ocho años de vida, –dice entornando los ojos, mirando a un cielo turbio madrileño-, y puedo desí a boca llena que he recorrido toas las sombras de tós los cantes. He creado escuela, y he trabajao con los mejores de tós.
A los ocho años realizó su primera actuación pública cuando fue contratada en una caseta de la Feria de Sevilla para sustituir a su hermano mayor, Arturo. En 1901 debutó en Madrid, en el “Café del Brillante”, donde conoció al pintor Ignacio Zuloaga, que la convenció para actuar en Bilbao, en el “Café de las Columnas”. Desde ese año, Pastora no ha dejado de estar en los mejores carteles, en los mejores teatros, grabando en estudio las interpretaciones más ajustadas, ricas y sublimes del Cante gitano. Tengo delante a una mujer bajita, regordeta, fibrosa, enérgica, gitana hasta el tuétano, que me habla de sus cosas sin saber ella misma que me está contando la historia del Cante. Como Casandra habla, habla la tía Pastora; con una elocuencia misteriosa y profética que abre sentidos más allá de lo que dice. Lo bueno de esta mujer es que ha sido reconocida, en vida, como la mejor de todos los tiempos. A su altura, Lole Montoya continúa con el cante mistérico, femenino, oscuro y resplandeciente del mundo.
_ ¿Cuál es el cante con el que se siente mejor?
_ Podría ser la Cartagenera. Con ella he podido abrir mi voz y mi creatividad. La Bambera la he creado para la afisión. Las Peteneras me la piden en tós los laos. Pero las soleás y las seguiriyas son los cantes más gitanos que hay. Es como cuando era chica y mi pápa me sentaba en sus piernas y me cantaba susurrao.
_ ¡¡Los gitanos cantamos mejor que los payos!! Y creo que he metido la pata otra vez. Me he dejado llevar por una euforia falsa. Ella vuelve a mirarme con esos ojos de pirata…
_ ¡Qué tonterías dise la juventú! Y Chacón, y Vallejo… ¡No hijo, no! Los payos cantan como los ángeles cuando el sonío de su garganta es honrao y sensillo. Se te mete en el sentío dejándote abierta el alma. No hay más secreto que ese: humildad y conosé los cantes. Y una obsesión que te roe por dentro, ya pa siempre.
_ Perdone tía, a veces el gitano que llevo dentro me obliga a decir cosas que no tienen nada que ver con la realidad. Pero, ¿no cree usted que los gitanos y las gitanas han creado el Cante?
_ ¡Ezo sí, sobrino! ¡Ahí nos entendemos! Los gitanos traemos el Cante de nuestros viejos. De nuestras casas. Y hemos hecho que Andalucía rebose de música con nuestro aire. ¡El Flamenco es nuestro! ¡¡Y no quiero que me refieras más este azunto!! Porque en mi época el que sabía cantar pues estaba en los sitios, y el que no sabía cantar pues se quedaba en zu casa. Ecepto mi hermanito Tomás, que podía hasé lo que le daba en gana. Podía ir a los zitios o quedarze en su casa. Es lo que tienen los grandes.
Los buenos artistas viven ajenos a los premios y a los reconocimientos. Ellos, lo único que agradecen es trabajar cada día haciendo lo que saben hacer.
_ Este año se le ha hecho un Homenaje Nacional en Córdoba. Me han contado que estuvo todo el mundo del flamenco acompañándola.
_ Han sido espléndidos conmigo. Fue presioso. El problema es que al público de hoy le gusta el cante malo. Es una pena que ya no se entiendan los cantes puros. Ahora se tira de cansionsillas, de coplillas hechas para los falsos afisionaos. Eso nos perjudica a todos. ¡¡Y luego, viene el comersiante de turno y quiere que bautisemos al engendro como Cante!! Me irrita la sangre pensá las cosas que han hecho esas gentes. Esa gentuza, que ha llegao pa quedarse. ¡Acabarán robándonos lo que es nuestro!
Dice Gonzalo Montaño Peña, de los Peña de Lebrija, de los Perrate, que el Flamenco ha sido para los gitanos, para las casas cantaoras gitanas, la comercialización de sus propios cantes, de su propia intimidad, sacada a horcajadas a la calle por los comerciantes que venían con la fanfarria del dinero y del éxito de baja estofa.
_ ¡Los emborrachaban! ¡A los gitanos, los emborrachaban! Y los hasían cantá como pájaros amaestraos. Pero mi hermano Arturo, el mayó; mi hermanito Tomás; y yo… Nunca caímos en esa despreciable trampa. Se veía vení de lejos que tó acabaría en las manos de los comersiantes.
Una mujer de esta categoría tiene una información valiosísima de la Historia de España. Quiero preguntarle por la República española, aquel sol fugaz que trajo las envidias de los señoritos, de los borbones (borrones) y de los militares traidores que consiguieron eclipsar el resplandor del astro rey para traer la noche de la guerra y de la dictadura, madre del execrable crimen y del olvido.
_ Cuando la Segunda República usted ya estaba en la cima de su carrera. ¿Qué recuerdos tiene de aquella época?
_ El catorce de abril llegó la niña bonita de un viaje mu largo. To cambió pa bien. La fiesta estaba en la calle. El sineasta de medio pelo se najó. A las mujeres se nos quitó el mieo. Y los pobres fueron al cole. Los calós y las callís encontramos algo de tranquilidad. Canté las cosas que eran de verdá. ¡Buena época la de la niña bonita! Después los buitres, la mataron. ¡¡Fatiguitas!! La gitana, sabia y firme, dice estas últimas palabras casi en un susurro, mirando a su alrededor, por si alguien la escucha.
Aquí en Madrid, en el año sesenta y uno, no se puede hablar de según qué cosas. Cualquier soplón te puede meter en un lío gordo. Lo mejor es hablar de refilón de las cosas de las que no se puede hablar.
Aquí dejo al lector la transcripción de la respuesta anterior de la tía Pastora:
_ El catorce de abril de 1931 se proclamó la segunda República, y el quince todo cambió. Yo tenía cuarenta y un años y estaba en el Arriaga de Bilbao cantando. Hicimos una fiesta en el hotel que vino hasta el alcalde, un payo vasco con toa la gracia del mundo. Al borbón se le echó de España y nos quitamos un peso d’ensima. Las mujeres pudimos tener más protagonismo en las calles. A la educación se le dio el lugar que corresponde. Los gitanitos tuvieron un respiro durante esos años. Yo pude grabar las letras que no se podían cantar, letras que hablaban de cosas importantes. Una época preciosa que duró mu poco, porque el Alfonso borbón quiso vengarse del país y trajo la Guerra, pensando, el imbécil, que él mismo volvería. Franco, el canalla, lo engañó, como engañó a tol mundo pa quedarse él solo. La Guerra Civil acabó con tó. La tierra se ennegreció, el cielo perdió su brillo y las gentes pasaron hambre y miseria. El miedo tomó su presa y, con inquina, reina a sus anchas. ¡Ya son muchos años!
_ ¿Es usted consciente de que su cante, tan complejo, calma y cura? ¿De qué su voz, tan áspera, es un bálsamo que nos alivia?
_ De esas cosas ni me preocupo. Yo canto como sé. ¡Y ya está!
_ ¿Y es usted creyente?
_ Los gitanos hemos recorrido er mundo entero. Hemos conosío a Zoroastro y al papa de Roma. Adoramos a la antigua luna y somos herederos del sol. La naturalesa nos defiende siempre y nos ha dejao su huella en el alma. Hemos cantado en los más hermosos palasios persas y en los menos iluminaos, oscuros castillos de los señoritos. El tiempo es nuestro aliado, y hasemos con él lo que nos enseñó Circe, la de hermosos cabellos: que como criaturas de un solo día que somos, debemos manifestá en cada istante nuestro regocijo con la vida. Alargá cada suspiro convirtiéndolo en plasé para estirá el tiempo to lo posible. Y esta es mi religión y mi fe: que la vía es un suspiro incómodo que merese el arduo trabajo de conseguí haserla una delisia comparable a los poemas japoneses más antiguos o al plasé d’asistir a una puesta del sol. Son nuestros hijos y nuestras hijas las que podrán conosé nuevas formas de religión. Nosotras ya estamos viejas, y solo nos queda la reconsiliasión con el mundo. ¡¡O con la tierra!! Ríe socarrona como una niña pequeña.
Pastora murió gritando.
_ ¡¡Mis gitanos!! ¿Dónde están mis gitanos?. Fueron las últimas palabras de Pastora. Eso dicen…
Da igual lo que digan. Escuchen ustedes a Pastora Pavón, la Niña de los Peines. Escúchenla, una y otra vez hasta que caigan exhaustos de tanta áspera belleza. Como cuando Tolstói nos describió las flores de la estepa ucraniana cuando hizo aquel viaje que lo transformó.
¿Por qué cantan los pájaros? ¿Qué les obliga? Creo que el saber que la comunicación es necesaria hasta tal punto que deben ser ellos mismos los que se pasen el contenido de lo que ven, de lo que escuchan, de lo que sienten, para llenar de sentido su mundo. La comunicación como el acto más solidario. Los colores del sonido se esparcen desde el cante de un pajarillo que saluda a su amada, o que llama a sus hermanos. El tiempo es el mismo para todos, incluso para los dioses. Nadie, ni hombre ni dios, puede sustraerse a la atracción de la fuerza de gravedad del tiempo que dicen, ahora, es una magnitud de la materia. El oído reconoce estos colores. Un peligro, un sonido. Un arrullo, un aviso. La posibilidad de algo nuevo, un viaje… Sonidos. Vibraciones. Colores. Ondas de partículas energéticas. La Niña de los Peines nos tiene reservada la escucha del Cante gitano, del cante flamenco, de los mensajes oscuros y misteriosos de los antiguos oráculos. Como Casandra, que era de las princesas troyanas la que tenía el don de hacernos llegar el aviso de que la parte oscura del mundo se mezcla con la claridad. Y que nada es negro o blanco: que el amor es un infierno glorioso, que la locura es parte constituyente de la conciencia, o que la ambición es el supremo “bien” del hombre y de la mujer actual. Gracias, doña María Pastora Pavón Cruz, por dejarnos el Cante hecho. ¡¡Gracias señora!!
Desmayarse, atreverse, estar furioso,
áspero, tierno, liberal, esquivo,
alentado, mortal, difunto, vivo,
leal, traidor, cobarde y animoso.
No hallar fuera del bien centro y reposo;
mostrarse alegre, triste, humilde, altivo,
enojado, valiente, fugitivo,
satisfecho, ofendido, receloso.
Huir el rostro al claro desengaño;
beber veneno por licor suave;
olvidar el provecho, amar el daño.
Creer que un cielo en un infierno cabe;
dar la vida y el alma a un desengaño.
Esto es amor, quien lo probó, lo sabe.
Lope de Vega.

