Joan Ximénez, Petitet

Joan Ximénez, Petitet

Las palabras que hoy comparto con vosotros son de las más especiales que he escrito. Siempre pienso en voz alta y en cada entrada en este blog quiero dejar constancia de mis vivencias y mis pensamientos sobre el legado de la rumba catalana. Hoy voy a escribir de uno de mis hermanos. De sangre sólo tuve hermanas, pero de crianza tuve el privilegio de ganar tres hermanos más, Ramón Giménez, Rafael Laseras y Joan Ximénez.

Fue con ellos con los que montamos mi primer grupo, Los Calós, con diez añitos, y desde entonces, y siempre juntos, tratamos de seguir los pasos de los mayores. Tuvimos la suerte de saborear el éxito con el grupo Tobago, alcanzamos números uno en las listas de éxitos internacionales de los ochenta. Siempre caminamos juntos, y yo, como el mayor del grupo, siempre me sentí con la responsabilidad de cuidarlos, y ellos me dieron el privilegio de hacerme sentir como un hermano mayor.

De todos ellos, por desgracia sólo me queda uno, Joan Ximénez, más conocido como Petitet.  No creo que haya en el mundo una persona que me conozca mejor que él, hemos compartido muchas vivencias, muchos ensayos, muchas giras, muchas risas, muchas comidas, muchos cafés, muchas discusiones –constructivas todas ellas-, …, muchos años, y que sean muchos más.

Y hoy quiero aprovechar para hacer alguna reflexión sobre él, sobre el artista, sobre la persona, porque al igual que no hay nadie que me conozca mejor que él, también es él la persona a la que yo conozco mejor, no en vano crecimos uno al lado del otro.

Si os dijera que ya entonces era un gran músico o un gran cantante, me temo que os estaría mintiendo. Tenía otra cosa, algo muy propio, su percusión era pura y salvaje a la vez, lo mejor del momento, era muy singular. En muchas grabaciones de entonces en las que participaban grandes artistas con excelentes percusionistas, muchas veces acaban llamando al Petitet porque el resultado que él ofrecía estaba por encima de muchísimos profesionales.

Petitet ha grabado y colaborado con los mejores músicas, ha pasado toda una vida acompañando, primero a Peret y luego a Chipén. Evidentemente recogió la herencia de su padre, el Tío Huesos, y acabó por crear un estilo único, un sonido racial y salvaje, un sonido muy reconocible. En cualquier reunión, en cualquier estudio, en cualquier lugar donde suena su música, tras la primera sonrisa llega siempre el mismo comentario, ‘suena a Petitet’.

La verdad es que ya de muy joven empecé a darme cuenta que él tenía una magia especial que lo hacía destacar, no le hacía falta tocar ni cantar. Incluso hablando, sin ser entones un gran orador, se expresa de una manera que la gente se queda siempre embelesada con él. Tiene magia, como el Tío Paló, que nunca se aprendió un tema, no afinaba, y en el escenario era igual que en la calle, nació rumbero y lo que hacía le salía de dentro porque él era así, y fue un rumbero que se ganó el cariño y la admiración de todo el público y de todos los rumberos, incluyendo a toda la juventud que empezaba a rumbear. Son personas que nacen con una magia que muchas estrellas quisieran tener y que no hay escuela que lo enseñe, hay que nacer con ello.

Pues Petitet es otro fenómeno de los que después de muchos años rumbeando ha hecho posible su sueño, tener su propio grupo, un grupo del que siempre nos hablaba desde que éramos jóvenes, de una gran formación rumbera. Y al final lo ha conseguido, hoy lidera la orquesta sinfónica rumbera, una gigantesca agrupación de músicos que, en los momentos en que estamos viviendo, no es nada fácil de mover, pero seguro que en los próximos meses que parece que el mundo de la cultura debe revivir, su formación volverá a dar mucho de qué hablar, aunque siempre es mejor oír su música que oír hablar de ella.

Con su agrupación, Petitet consiguió llevar la rumba al escenario más grande, al Liceo de Barcelona, que aunque a los gitanos de La Cera nos resulta tremendamente cercano –está a escasos metros de distancia- pero que nos ha costado lo indecible conquistar. En 2017 consiguió llevar su espectáculo Petitet i la seva Rumba Simfònica al gran teatro barcelonés. No recuerdo que un espectáculo de rumba hubiese conseguido atraer miradas como lo hizo Petitet en aquella ocasión. Y la cosa no quedó ahí, sino que todo lo que envolvió aquel proyecto fue recogido en un documental por el director Carles Bosch y acabó por llevarse el Premio Gaudí que otorga la Acadèmia del Cinema Català a la mejor película documental.

Mi hermano Petitet, que aunque no goce del mejor estado de salud posible y aunque la pandemia esté dificultando mucho la vida de los artistas, sigue teniendo en el horizonte un sinfín de proyectos y mucha energía y mucha guerra por dar, y como a él le gusta decir muy bien dicho y a su manera: ‘asòs no s’acaba aquí!’.  

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