Entrevista a Francisco Suárez Montaño, una vida dedicada al teatro, la palabra y la reivindicación

Entrevista a Francisco Suárez Montaño, una vida dedicada al teatro, la palabra y la reivindicación

Gitano de familia de herreros y tratantes, director de escena, dramaturgo y escritor, intelectual de mirada luminosa y limpia; humanista ingenuo con la suerte del luchador perseverante. Gitano noble de sutil ingenio, Francisco Suárez Montaño nace en Santa Marta de los Barros, provincia de Badajoz, un 15 de enero de 1948. De muy niño es llevado a estudiar al Seminario de Badajoz, la capital, donde se le enseña griego y latín, retórica y geometría, moral y poca libertad, pero que él revierte para enfrentarse a un mundo cambiante donde consigue triunfar con seriedad e independencia, voluntad y osadía. Se encuentra, con alrededor de veinte años, con el teatro, firmando un compromiso de por vida con el señorío del amor. Tras este contrato, encuentra a María del Carmen Laso Silva, su compañera de vida, ligera como un sueño y pesada como una madre, pura gitana portuguesa que coincide con su esposo en que la vida es una  corta respiración llena de trampas, que superan airadamente. Luego, los hijos, lastre necesario, pero fecundo. La obra de este director de escena  habla, fundamentalmente, del amor y del consuelo, del hacer y de la palabra que todo lo puede. Últimamente está acurrucado en novelas con el pulso de escritor, de quien conoce la fuerza, potencia y necesidad del lenguaje.

 

Francisco, qué tiene más poder, ¿la política o el arte?

Sin duda alguna el arte. El arte como manifestación del conocimiento y de la cultura es un acicate transformador del individuo y por tanto de la sociedad. El arte permite entender y comprender el mundo de forma esencial y profunda pues no se adecua a nada, es lo más opuesto a cualquier sistema que tiene fines concretos y como objetivo una tarea eficiente como son la ciencia y la política. El arte produce crisis de conciencia dando lugar a insuperables conflictos. Ahonda y amplifica la percepción del mundo, siendo así como adquiere su sentido el proyecto inútil que es el arte, como la vida, desbordando esquemas rígidos, pues no se rige por lo sensato, sino por todo lo contrario. ¿No es esto declarar la superioridad del arte sobre la ciencia y la política para el conocimiento del hombre?

 

En los años sesenta y setenta se dio un mundo donde política y arte estaban unidos por un sentido reformador de la sociedad, ¿qué queda de ese sueño? ¿Cuándo se separaron?

En los años 50 y 60 política y arte tuvieron el compromiso de aglutinarse con el único objeto de enfrentarse a la dictadura franquista. En esos años de compulsión social, el arte en cualquiera de sus expresiones artísticas estuvieron al servicio de recuperar las libertades conculcadas por el régimen fascista. Motivación alentadora para que esos años se convirtieran en una época dorada para la política y la creación artística. Ese movimiento político y artístico estuvo sublimado en el fin de reconquistar la libertad arrebatada en 1936. Para nuestra generación esa fue nuestra única premisa hasta bien entrados los años 70 y tras aprobarse la Constitución del 78 la sociedad, impulsada por la recuperación de la normalidad social y política y por el cambio generacional logró separar esos dos conceptos. No obstante y desde una visión complementaria de la Historia, política y arte, seguirán inspirando un devenir común donde el arte no tendrá otro fin que el del conocimiento y la cultura.

 

Algunos gitanos hicisteis un trabajo en esa línea, ¿cuáles eran vuestras intenciones? ¿Qué mundo había antes de esa revolución?

En cuanto a los gitanos, durante esos años se establecieron unas coordenadas de movimientos asociativos impulsados mayoritariamente por la iglesia católica y amparados por el régimen con el fin de integrar a la etnia gitana en una sociedad adscrita a las bases más reaccionarias de la Iglesia y del Estado. Antes de este movimiento asociativo era muy difícil y en algunos casos peligroso denunciar la situación injusta en que los gitanos vivían mayoritariamente en un estado de supervivencia y marginación.

 

En tus trabajos teatrales pones el acento en el conflicto entre el poder y el ser humano que sufre su trastorno y delirio como crueldad. ¿Te ha sido posible encontrar el equilibrio entre esos dos extremos? Si crees que el hombre está tan desvalido y desamparado ante el poder como muestras en tus obras, ¿cuál es la solución a este dilema?

El dilema entre autoridad y libertad será eterno. Allí donde haya un hombre subyugado estará el arte y concretamente el teatro para denunciar ese abuso. En toda mi trayectoria artística aparece el relato de la injusticia como fuerza pulsora a favor de los perdedores.

 

¿Quién es tu abuelo Paco? ¿Quién es tu maestro de escuela en Santa Marta de los Barros?

Mi abuelo Paco Montaño, fue un tratante de ganado que supo, por su tesón e inteligencia, crear en un pueblecito, Santa Marta de los Barros, en la baja Extremadura, un vínculo comercial entre gitanos y payos, creando un ambiente de entendimiento positivo en un contexto de racismo extremo. Logró ganarse, con un espíritu conciliador, la adhesión de unos y otros. Era un hombre profundamente honesto que consiguió en los años de la posguerra elevar su status económico pasando a ser considerado como un gitano y un hombre totalmente incorporado a la sociedad de su tiempo. Muy religioso. De su mano, cada mañana, me llevaba a misa y tras de desayunar en el casino del pueblo, me dejaba en la puerta de la escuela. De su mano a la mano de mi inolvidable maestro, don Fernando Pérez Marqués. Un ferviente sequenista. Él fue quien me abrió las puertas del consuelo, recomendándome lecturas que hicieron despertar en el alma de un niño el afán por saber, y el descubrimiento del mundo.

Más tarde y por azar o el destino, no lo sé todavía, tuve la oportunidad de ingresar en el Seminario Diocesano de Badajoz, donde se ampliaron mis conocimientos humanísticos. Los cinco años que permanecí en él aprendí latín y griego y allí traduje La metamorfosis de Ovidio y el Evangelio según san Mateo y fue un milagro que cayera en mis manos el Prometeo encadenado de Esquilo. Este libro sagrado me abrió los ojos a los trágicos griegos y fue el desencadenante de mi vocación teatral. Entre asistir a misa diariamente, una de las mejores puestas en escena que conozco, y la lectura de los clásicos hicieron de mí un adolescente curioso y despierto. A los dieciocho años, y con el permiso de mi padre y de mi abuelo, me trasladé a Barcelona, tras haber aprobado una oposición como funcionario de carrera en Comunicaciones.

En los años sesenta, Barcelona era punta de lanza de la cultura europea y sin perder tiempo me inscribí como estudiante en una de las pocas academias de teatro que existían por entonces en el país, donde me diplomé en dirección de escena. Barcelona fue la puerta que me abrió al mundo y fue allí donde, con la experiencia adquirida, reconocí mi singular pertenencia de una etnia, la gitana, que necesitaba en aquellos momentos el activismo para su proyección cultural y social. Años después, y tras mi matrimonio, volví a Badajoz donde continué con mi labor profesional y teatral. En aquellos años, en el teatro llamado independiente surgieron varias propuestas teatrales que me hicieron pensar en que mi activismo político, como gitano, debía estar sobre las tablas, es decir, proponer y dar a conocer desde y en el escenario la situación de injusticia de mi gente.

Tras las propuestas escénicas de Salvador Távora y José Heredia con su Camelamos Naquerar me puse manos a la obra adaptando años más tarde la puesta en escena de Persecución de Félix Grande y Juan Peña. Nunca pretendí crear un teatro gitano. Lo que hice fue recoger el legado histórico del teatro y adecuarlo a los objetivos que requería una puesta en escena donde lo gitano fuera el tema principal. Para ello adapté La Orestiada de Esquilo, así como Romancero gitano de Lorca e Ítaca de Homero en versión de mi querido Félix Grande.

 

Esquilo y Shakespeare; más acá de su dimensión universal, para ti, como gitano, ¿quiénes son? ¿Qué nos revelan y enseñan?

Esquilo y Shakespeare son dos genios que han permitido reconocernos como seres humanos. Sus textos nos hablan de las contradicciones que como tales nos hacen más humanos aún si cabe. Ambos nos revelan los conflictos del alma, las esperanzas de un mundo en continua y constante transformación y nos enseñan que a pesar de todo, al hombre le queda siempre la posibilidad y la capacidad de redimir sus oscuras razones y acciones.

 

Lorca; ¿qué misterio tenía que conectaba tan bien con los gitanos?

Si Lorca no hubiese existido, los gitanos estaríamos, todavía, en el limbo primitivo del desamparo, pero gracias a él, los gitanos pertenecemos por derecho propio al mito de los héroes universales. Podría decirse que nos creó y nos puso en el mapa de los pueblos perseguidos. Él, con su aliento poético nos dio carta de ciudadanos, nos elevó a leyenda y nos reconoció como una cultura que ofrece una visión del mundo más hermosa y tolerante.

A la etnia gitana, la más pródiga y antigua afincada en Europa, imbuida por una envidiable aspiración de libertad y alforja de la más exquisita cultura se le sigue dando por contraria por no acatar las leyes y rebelarse con pericia a cualquier norma que pudiera restringir su afán de libertad. Oriundos del Indo, de la primera luz de Harappa y Daro, lucen con honra en la frente la flor de su linaje. Saben como nadie que la vida es un guiño del sol y proclaman a los cuatro vientos que para ser libres no hay que poseer ni tumba ni casa, disfrutando así del hermoso regalo de la vida.

 

Diálogo del Amargo (Lorca), tu último espectáculo estrenado en el Teatro Español de Madrid. Háblame de este crítico espectáculo y de su exhibición censurada.

En marzo del 2020 estrenamos bajo mi dirección en el teatro Español de Madrid El Diálogo del Amargo de Lorca. Un espectáculo que hablaba de nuestra memoria y de la de todos los perdedores de la Guerra civil enterrados en fosas comunes. Tras su estreno y varios días de exhibición, la pandemia hizo acto de presencia y se tuvo que posponer hasta más tarde, cuando la dirección del teatro decidiera reponer la programación. En septiembre de ese año vuelve a abrirse el teatro pero la Concejala de Cultura del Ayuntamiento de Madrid, Andrea Levi, del PP, decide no programarlo por tratarse, según sus palabras, de un espectáculo no conveniente por su radical posición a favor de la recuperación de la Memoria histórica. Puede llegar a entenderse esa decisión ya que en el escenario se mostraba la caza y muerte a manos de la Guardia Civil, de militares franquistas y de falangistas, de unos gitanos inocentes, y entre ellos, el mismo Lorca.

 

Tu teatro está hecho con una mirada gitana. Necesito que me describas esa mirada.

La mirada gitana que dices no es otra que aquella que José Heredia Maya definió como la mirada limpia del mundo.

 

Tienes una novela recién terminada que has presentado a los premios de novela Alfaguara, ¿qué nos cuentas en este relato?

La novela se titula El mar de Tánger y trata de la vida de una gitana adolescente que busca y encuentra en el mar la metáfora de su libertad. Un mosaico de vidas cruzadas en un contexto social de miedo, ignorancia y represión.

 

Tienes un proyecto para cine. Un guion cinematográfico tuyo ha sido elegido por una directora de cine para llevarlo a largometraje. “Mama está entre las cerezas”. ¿Qué nos cuentas en él?

Mama está entre las cerezas es un guion original donde se cuenta la historia de un infortunado muchacho que tuvo que matar a su madre obligado por una ley ancestral de venganzas de sangre. Una tragedia, en fin, que desgraciadamente aún pervive, en algunas etnias y culturas. Este guion no tiene otro sentido que el de condenar esa ley y al mismo tiempo reivindicar el derecho de las minorías étnicas europeas a vivir en libertad en una sociedad democrática. Es la historia de un joven gitano que descubre la vida desde el dolor y la culpa, y también una metáfora sobre la vida y la muerte, pero por encima de todo, una emocionante historia de amor y de sueños entrelazada con el mito del agua, del viento, de la tierra y el fuego, auténticos protagonistas de la historia, símbolos del eterno y cambiante discurrir del hombre.

Está basado libremente en La Orestea de Esquilo, recogiendo de él su espíritu, el espíritu de concordia que propugnó y nos legó el gran poeta griego. He seguido paso a paso todos los acaecimientos del personaje principal, y por supuesto, su dignidad humana. Orestes es un joven manejado por un destino ciego que lo lleva a convertirse en un héroe que desafía y se rebela contra unas leyes injustas. En su camino, este guión no es sino una película de caminos, este infortunado muchacho descubre y aprende la vida. La película está situada en 1974, el día de la Revolución de los Claveles, en Lisboa, y cuando para miles de ciudadanos comenzaba su libertad, para Orestes empezaba su esclavitud. Una película de iniciación: el descubrimiento del miedo, de la culpa, del amor, de la paternidad y de los sueños.

 

En el Teatro Nacional de Catalunya estrenarás un proyecto sobre la figura de Helios Gómez. ¿Quién era Helios? ¿Cuéntame que muestras en este documento teatral?

Y en cuanto al próximo proyecto de Helios, el gitano de la corbata roja, la intención no es otra que reivindicar la extraordinaria figura de un gitano pintor y anarquista reconocido a nivel mundial como uno de los más importantes pintores de las vanguardias de los años 30 y 40. Un viajero impenitente y un hombre que luchó por la libertad. Murió a los 53 años, después de haber permanecido mucho años en la cárcel Modelo de Barcelona.

 

Gracias por tu sinceridad y sabiduría. Te quiero.

Gracias hijo.

 

 

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