Un relato feminista y gitano. Conversación con Nieves Heredia
Veo a la prima Nieves falta de energía de tantas cosas a las que una mujer gitana tiene que hacer frente a diario. La noto agotada, pero esa fatiga le da un aire de mujer fuerte, hercúlea, hermosa y valiente. Se queja de agotamiento pero cuando empieza a mirarme, cuando se enfrenta a la entrevista que le voy a hacer, se recompone con una cierta gracia que muestra ingenio y carácter. Se prepara con tal celeridad, que antes de hacerle la primera pregunta ya la tengo con unos ojos grandes de gitana mirándome como una niña de siete años, despierta y viva. Me gustan las personas que sacan su energía no de fuera, sino desde aquello que hacen. Quiero decir que de su fina educación, ante nuestra charla, saca fuerzas para conmigo. Le agradezco haberme atendido.
Mujer y gitana con una familia, hoy numerosa, que trabaja desde hace dieciséis años en busca de un día en el que descansar sabiendo que la tarea está cumplida. Hija de una madre civilizada por la experiencia, trabajadora como ella, una jabata de la vida. La hija mayor de Nieves, diez años, y un par de espléndidos mellizos de año y pico. Su compañero siempre mirándola con ojos de admiración y sorpresa. Su trabajo en la Fundació Privada Pere Closa desde el proyecto Siklavipen Savorença (Educación con todos) posiciona definitivamente a esta señora tan culta de gesto, joven de mirada limpia. Su postura es relajada y concentrada, parece uno de esos monjes budistas que ahorran energía hasta de su respiración y se alimentan del sol, de un dios a quien ella ama.
_ Hola Nieves
_ Hola Juan
_ Cuando te conocí, al escucharte hablar deduje que eres una profesional con vasta experiencia en lo que haces.
_ Empecé joven Juan, que eso para mí fue una virtud. Me lo tomo como virtud porque empecé a palpar y coger tablas muy pronto. Yo tengo treinta y tres años y llevo aquí en la Fundació dieciséis. Empecé aquí cuando aún no me había ni casado, me casé aquí, fui madre aquí y todo aquí, en la Fundació. O sea que para mí no es sólo un trabajo, es algo que me acompaña en mi vida. A la Fundació la quiero como algo mío. Y las personas con las que trabajo hace muchos años, de roce y contacto, hacen de esto una familia. Y como me gusta lo que hago no se me hace pesado. Después de tanto tiempo, cada año lo cojo con más ganas.
_ ¿De dónde eres tú? ¿Qué tierra es la tuya?
_ ¡¿Tierra?! –ríe– Yo nací en Gran Canaria porque mi padre es de allí, mi madre se casó, fue allí y nacimos mi hermano y yo. Muy jovencita mi madre se divorció, se vino aquí con sus padres y yo me crié en Barcelona. De allí no tengo nada de recuerdos –hace una grave inflexión en la voz– Con mis dos años nos asentamos aquí.
_ ¿Y la familia de tu madre?
_ Son de aquí, andaluces de origen, pero establecidos en Barcelona desde hace muchos años. De origen malagueño. Por eso mi acento, mi deje es andaluz. Los dichos, los refranes son de aquella tierra.
_ ¿En algún momento de tu infancia dijiste: “Quiero esa profesión, ese trabajo me gusta”?
_ Mi trayectoria vital y académica es típicamente gitana. Fue todo muy espontáneo, mi decisión de estudiar no fue meditada, no fue ni trabajada ni introducida por mi familia. Te cuento una anécdota. En cuarto de la ESO una tiene que coger un rumbo. O dejarlo o seguir estudiando. Yo decía que no quería, que estaba cansada, lo que quería era estar en mi casa, salir con las niñas, levantarme tarde… Y el último día de las preinscripciones a Bachillerato, me dije: “¿Qué voy a hacer yo en la casa? ¡Voy a estudiar!”. Que esto me dolió, me afectó porque pensaba si lo hacía bien, si lo hacía mal. Me quedo sola, la única gitana que va a estudiar. ¿Será esto raro? Pero yo no decía nada, yo seguía para adelante. Y el último día de las preinscripciones, yo sola, sin contar con mi madre, me planto en el Instituto de la Mina y digo que quiero hacer el Bachillerato. Lo que si reconozco es la suerte que tuve al tener un tutor que me decía que yo valía mucho, que me había graduado y que no me podía quedar ahí, que tenía que continuar estudiando.
_ ¿Te acuerdas del nombre de ese tutor?
_ ¡Claro! –con una sonrisa sincera– Bienvenido. Y luego Antonia, una profesora con la que me llevaba muy bien.
_ ¿Y la familia qué te decía de estudiar?
_ Mi mama me preguntó qué era eso del Bachillerato. Yo le decía que eran dos años de estudio y que después no sabía que iba a hacer. Ella estaba muy contenta porque sabía que era algo bueno. En mi familia nunca me han puesto impedimento pero tampoco me lo han realzado. Fue una decisión muy mía. Y desde ese momento, que entré a estudiar en el Instituto, empecé a formar parte de la Fundació. Dos técnicas de educación vinieron a conocerme, me ayudaron con el tema de los libros, etc. No teníamos medios, mi madre estaba sola y vivíamos de la venta ambulante –los ojos de Nieves centellean– Comíamos, no nos faltaba de nada, pero no había lujos. Cuando llegaron los libros para mí fue algo especial, el olor a libro nuevo es muy agradable.
_ ¿Lees?
_ Sí. Me gusta leer. Pero ciertas cosas. Cosas de Dios, tema reflexivo. Para mi Dios es principal en mi vida, me considero creyente cristiana y evangélica de Filadelfia. Por la situación laboral no puedo, no tengo tiempo de ir al culto, pero cuando voy la gozo.
A Nieves se le enciende su cara, se le ilumina el alma al hablar de su Dios bendito. Una fuerza que lleva ella en su vida y que refuerza el espíritu de esta mujer que desde un principio muestra una inteligencia espiritual clara.
_ Ahora me gustaría cambiar de tema Nieves. Las mujeres tenéis un sentido mucho más amplio de la fortaleza y búsqueda de la cohesión familiar y social. Con las madres con las que trabajas ¿qué percepción tienen de la educación académica?
_ Mira Juan, tengo madres jóvenes, otras con cierta edad, mayores que yo, y todas coinciden en que ellas consideran y se dan cuenta que no tuvieron las oportunidades que ahora pueden brindar a sus hijas. Y el hecho de que no estudien no va a ser porque dejen de ofrecerle la posibilidad. Es una elección. Voy a dar a mis hijas la posibilidad de elegir qué hacer, insistiré en que estudien y sabrán que hay más caminos. Esto es común a las madres con las que trabajo, pocas tienen el graduado escolar. Si ellas ven que sus hijos tiran para adelante, que sus hijas van a un Instituto y quieren seguir estudiando las apoyan al cien por cien. Es más, se enfadan con las niñas si ven un desánimo puntual. Les dicen: “el papa y yo no hemos tenido esta oportunidad, debes continuar”. Al final, veo que provocan la decisión en las niñas.
Esa idea que hay que a las gitanas no le interesa la educación de sus hijas, eso es un bulo –Nieves recalca sus palabras con un gesto de evidente desacuerdo-. Porque lo que yo conozco y con lo que trabajo veo que sí están detrás de sus hijos y es lo que funciona. Cuando una niña, un niño recibe esos consejos, esa explicación, ese discurso de la importancia de estudiar y del beneficio que será en sus vidas, las niñas lo reciben. El oído se acostumbra.
Cuando Nieves dice esto no puedo dejar de recordar a Aristóteles cuando dice que el conocimiento llega, entra, se establece a través del oído. El oído como vía estética y ética del conocimiento. Ella ajena a la pedantería, sonríe.
_ ¿Cómo ves tú, madre, mujer y maestra, el ámbito educativo generalista en relación a la gitana?
_ Lo veo obsoleto. En general para toda la población. Pero para el alumnado gitano está obsoleto porque partimos de que ciertas personas quieren ser maestros y deciden estudiar una carrera para graduarse como profesores, y aquí el molde cultural no se toca, el tema racial no está contemplado. A mí no me sirve de nada que un profesor se saque su carrera y no tenga en cuenta cómo somos las gitanas, ni quienes somos –suspira-. Esa persona, con recursos estatales, no viene capacitada para atender a las gitanas. No están preparados para enseñar, para tratar con ellas, para compartir código. No están preparados. Lo aprenden, a salto de mata, con los años y porque alguno muestra interés. Otros siguen como estaban, con el mismo racismo. Es una desventaja social porque no se prepara a los profesores en estos temas tan importantes. Quien dice gitanos dice árabes, dice chinos, pakistaníes, africanos, etc. Lo que es un verdadero problema y una gran carencia es que toda esta riqueza cultural no esté contemplada actualmente. Y es una realidad, la gitana, que está hace más de seis siglos en España –elevamos los dos la voz y nos reímos cuando nos damos cuenta-. No nos puede pillar de nuevas. Si hubiese una voluntad política que utilizara las herramientas y recursos que tiene a su disposición para romper el discurso rancio cambiaría para que pudiera darse lugar a un sentimiento de responsabilidad, necesario para revertir el olvido cultural al que estamos postergados. Nuestras generaciones están cada vez más preparadas, mis niños y niñas tienen modelos gitanos que naturalizan el hecho de estudiar.
_ ¿Cómo están tus hijos? Lo mellizos. La niña mayor.
_ Los mellizos están en la guardería y mi Lola en quinto de primaria y estoy muy contenta con ella porque las notas son buenas, la profesora está con ella encantada, la felicita mucho. Mi niña es un poco como yo, le gusta el colegio, es muy responsable. Tiene el hábito de llevarlo todo al día. Me encanta.
_ Desde tu experiencia, la mujer gitana ¿está sumándose a la visión femenina del mundo?
_ La mujer gitana fue pionera para el Feminismo. Antiguamente la mujer era la que se buscaba la vida en las calles y vendía y trataba. En cambio en la sociedad paya la mujer estaba guardada como si fuera un cristal, no podía salir y no podía hablar. No podía ni manejar dinero. En cambio, la mujer gitana si lo hacía. Esto se le ha olvidado a la sociedad. Ahora somos sumisas a los maridos cuando era al revés. La conquista de la calle y el llevar su casa adelante, en esto la mujer iba a la par que el marido. Lo he vivido cuando era pequeña. Éramos pioneras en este sentido que creo importante. La mujer gitana tenemos algo dentro que nos hace tener esa fuerza cuando la necesitamos, la sacamos. No creo que seamos dependientes, pienso que si sacamos la fuerza, el valor a la vida, aun teniendo un miedo natural, somos unas luchadoras. La mujer levanta la casa, en las situaciones malas es ella la que tira adelante del hogar.
_ ¿Qué opinas del actual Feminismo, de todo el proceso necesario de restituir a la mujer en el papel protagonista que ha de tener por justicia social y cultural? Este concepto tan en uso ahora, el empoderamiento.
_ Yo no domino los términos y a veces lo que quiero explicar luego coincide con el término. A mí me gusta el Feminismo y me gusta la igualdad. Por ejemplo, yo no considero que el pueblo gitano pueda tirar adelante solo con la figura de la mujer empoderada. Tiene que haber una compañía, un acuerdo, un apoyo. Porque si yo, por ejemplo, como mujer logro todo en mi vida, me empodero al máximo pero no comparto con mi marido y mi compañero ciertas cosas, o él no ve importante mi proceso, o no está conmigo en ese desarrollo, para mí, el proceso estaría vacío, no serviría de nada. Luego hay mujeres muy cansadas, muy quemadas por aguantar cosas y que han necesitado un despegue y un desapego del hombre para colocarse en el mundo. Pero para mí, insisto, no me basta con que la mujer salga adelante, quiero que sean la mujer y el hombre quienes lo hagan juntos.
_ Respecto a tu trabajo de orientación académica, ¿qué buscan las niñas gitanas?
_ Las niñas buscan siempre estudiar algo que les guste, lo buscan cerca de casa, en el barrio. Buscan que los estudios sean un objetivo corto, alcanzable y compatible con otras cosas de sus vidas. No buscan como primera idea una carrera larga, no. Ellas comienzan a estudiar poco a poco, van haciendo camino y al final acabarán estudiando un grado o no. Van superando etapas que le colocan al principio de otras nuevas y toman la decisión en ese momento según sus circunstancias. Todas buscan mejorar, tener calidad de vida, apostar por un futuro en el que puedan ser independientes. Quieren trabajar, quieren estudiar y si luego se casan, pues tienen ya todo ese camino y esas herramientas para sus vidas.
En este curso, por ejemplo, la mayoría de las niñas y niños con los que trabajo han elegido la Formación Profesional. Porque lo que ofrece la FP les llama más la atención. La orientación comienza en tercero de la ESO y continúa en cuarto. Les planteas seguir con los estudios de asignaturas: matemáticas, geografía, biología y quien no lo tiene claro, en principio, se le hace un mundo. En cambio en FP se les ofrece Peluquería, Estética, Informática, etc. Eso les atrae mucho más.
_ En el refuerzo de la autoestima, uno de los aspectos pienso importantes de tu trabajo, ¿qué escollos, obstáculos encuentras en el día a día de los niños y niñas a tu cargo? ¿Dónde incides más para conseguir ese refuerzo?
_ Hay que insistir mucho en que ellas pueden. A veces no se ven según en qué sitios porque al no haber modelos y referentes gitanos cercanos que estén en esos ámbitos entran en duda y piensan que no serán capaces de salir adelante en ese camino profesional. Ellas mismas entran en una dinámica del “no puedo”. Primeramente no tienen una autoestima alta, aunque saque dieces en el instituto. Pero según vamos trabajando con ellas en el día a día las preparamos para el momento en que han de decidir si seguir estudiando o dejarlo. Entonces, en ese trance de decisión tan importante en sus vidas, te das cuenta cómo han construido un relato a través de ese trabajo de refuerzo, de potenciación con nosotras. Ahora sí se atreven a seguir ese camino.
_ ¿Qué vínculos se deben establecer con las familias?
_ Lo más importante es establecer un vínculo en este trabajo. Si no está el vínculo tú vas a llamar a una madre y no te va a prestar la atención que piensas que te ha de prestar. No va a tener en cuenta el consejo que le das. No te va a explicar los problemas que tiene en relación al colegio de sus hijos. El vínculo surge del saber escucharlas. Dándoles su lugar, haciendo cosas a las que puedan acercarse, pillándolas en momentos informales y que vean que te acuerdas de ellas. Cosas pequeñas que les resuelves y generas vínculo. Tener en cuenta todo el contexto y circunstancias de las familias con las que trabajas –Nieves me mira entornando sus ojos como quien ha llegado al final de una entrevista–
Las madres están en el centro de la educación de los niños. Son ellas las que manejan este asunto tan importante para la familia, para la sociedad, para la cultura. Tenemos que recordar que la enseñanza académica, la educación escolar es decisiva para el futuro de nuestros hijos. Ellas, las mujeres, las madres están en el corazón y núcleo de esta tarea. Docentes, madres, agentes sociales, educadoras y psicopedagogas. Ellas alrededor de nuestros niños y niñas para crear un círculo de confianza, acogedor y cuidadoso donde se dé la posibilidad de desarrollar la inteligencia. Una labor que nos hace valorar, una vez más, lo que de justicia ha de ser valorado sin ambages: la mirada del mundo de la mujer es por su naturaleza valiente, tenaz, serena y vigorosa. Estos días de celebración sirven para reflexionar acerca de la tarea tan poderosa de la mujer. El resto de días sirva para celebrar la valía de las mujeres de nuestras vidas.
_ Gracias prima por tu tiempo.
_ Gracias Juan.
