Homenot Gitano. José Heredia Maya. La mirada limpia

Homenot Gitano. José Heredia Maya. La mirada limpia

Solo las buenas personas son capaces de entender la verdadera dimensión del mundo porque comprenderla es conocer el mal desde el extremo opuesto.

El gitano con el que me he citado esta tarde es un novísimo poeta que ha encandilado a Vicente Alexandre y a los grandes poetas de su generación. Hablan de él como una voz  nueva, una voz que viene a reclamar la olvidada memoria de los gitanos. Todos a quienes pregunto me comentan que por encima de todo es una buena persona y que hablar con él es una verdadera delicia porque su amabilidad y elegancia provocan en cualquiera un gusto especial. Hemos quedado en la puerta del antiguo Hospital Real, en la Cuesta del Hospicio s/n donde desde 1531 se ubica la Universidad de Granada. Estamos a 24 de mayo de 2005 y el Tío José se presenta a la cita con un impecable traje de lino color hueso y una mascota de fibra vegetal hecha de centeno y de paja encintada en marrón carmelita. Sus zapatos son finos y originales, unos mocasines beiges que parecen cómodos en unos pies menudos, los de un hombre de baja estatura. Una cabeza de porte indostaní y un moreno cobrizo le confieren un halo de misticismo ancestral. Nos dimos las manos y noto en la suya el calor de este día de mayo en Granada. Me mira a los ojos como un experto en el cuidado del otro, socarrón y astuto.

_ Buenos días sobrino.

_ Buenas tardes Tío José ¿Cómo está?

_ Con cincuenta y ocho años estoy estupendo!! Sonríe con ternura ¿Y tú qué cuentas?

_ Pues llegué a Granada a las 13,30h desde Barcelona. He comido un bocadillo en una taberna preciosa del Albaicín. Me ha dado una pájara después de comer, pero ahora estoy bien. Mi papa te manda un abrazo grande. Hace calor.

_ En Granada, a este calor lo llamamos pan recién hecho, calentito, sin turrar. Que aún no es bochorno pero inflama las carnes y la sangre. Un calor que a la orilla del Darro disfrutaban los árabes en esta época del año.

_ Vaya Universidad tan bonita.

_ Esta –se refiere al edificio que tenemos detrás- se la trajo aquí el Cardenal Cisneros después de quemar entera la biblioteca de la primigenia universidad Nazarí creada en 1349 por el rey Yosuf I, y que tenía su sede en el edificio del actual Ayuntamiento. El cardenal se pasó por el forro todas las legalidades y quiso borrar en una quema toda la cultura Nazarí. Le salió el tiro por la culata y abrió una úlcera en su estómago digna de alabanza y celebración.

La frescura del patio interior nos atrae hasta una sombra perfecta. Alborotados los pájaros que no hacen siesta. El agua de la fuente juguetea creando unas figuras que quieren formarse, como si quisiera crear cabezas, cuerpos, flores y no lo lograra. El Tío se sienta en un banco bajo un árbol del amor, Cercis Siliquastrum. Nos acomodamos para mantener una conversación que sin dudarlo, lo sé, resultará una inolvidable experiencia.

_ Este antiguo Hospicio acogía a trescientos niños de la calle, huérfanos en su mayoría, recogidos. Ahora la Universidad tiene cerca de cincuenta mil alumnos de diferentes licenciaturas, grados y orígenes. Es increíble cómo ha cuajado la enseñanza en estos tiempos. Me sorprendo cada día.

_ Usted es catedrático de Literatura española y sus clases son ejemplares, dicen.

_ Llevo años señalando que la palabra construye el mundo. A fuerza de tiempo mis clases deberían ser, al menos, atractivas. La verdad es que no puedo quejarme de mi labor como docente porque con el paso del tiempo observo que mis clases están cada año más llenas de alumnos y alumnas que llegan con ganas de aprender y saber de qué va eso de la construcción de la realidad por medio de la palabra. Esta es la base de mi labor pedagógica.

_ ¿Y cómo llegó usted a las palabras, a su poesía?

_ No se nace a la poesía de golpe y porrazo, como se nace niño bebesito, hoy me doy cuenta. Se nace lentamente a lo largo de mucho tiempo, tras multitud de tropezones. Son, suelen ser, peliagudas las dificultades del entorno familiar. Las dificultades sociales, académicas, amorosas también tienen su aquel. ¿Quién desea, así, sin más, tener un hijo poeta, o hija poetisa? Nacer a la poesía en una dictadura, tras una guerra, parece descabellado y, desde luego, quién lo duda, muy poco útil. Durante aquel tiempo detenido y huraño, mezquino con el oxígeno de la libertad, anduvimos haciendo cosas, cerca de la acción, naciendo a realidades nuevas, tras las maravillosas y aún recientes de la infancia. Cuando mi padre me regaló un diccionario me enamoré del libro extenso en significados; me sentí feliz de tener entre mis manos aquella prenda procedente de la “Librería Estudios” de la calle Mesones. ¡Y pude paliar la tristeza invasora de la España franquista! Dar sentido a la búsqueda en espera de encontrar fórmula adecuada para expresarla exige una dedicación sin desfallecimiento.

 

Del seu primer llibre de poesia “Penar Ocono

Al corazón la pena me lo arrastra

tres leguas más allá donde me hallo.

Una herrumbre de siglos configura

el gesto que me pongo a cada paso,

este cielo que estreno a cada hora

este mísero grito que me nace

con rumor de palomos por la sangre.

Me decepciona

el alborozo que me achacan

(yo nací hace milenios ya lo dije

y mi cuerpo es de noche herida

por el único rayo de la luna).

Los pies no se me salen del camino.

Me rompo las camisas hacia el llanto.

Se ocasiona el inculto

con sólo que te midan con la vara

no florida que engendra el apellido.

Y porque tantas cosas te han vedado

las lindes de mi reino

el reino donde el ritmo es rama verdecida

y el mar menos viajero que mi raza.

 

_ ¿Es un trabajo cansino?

_ Es de un profundo interés y excitación. La fatiga se alivia por los procesos de los que nacen y hacen nacer el hecho de escribir. Es tras la escritura que se legitima el cansancio y trasciende la fraternidad. Nací a la poesía inquiriendo por la soledad, sentimiento lleno de sorpresa más que de individualidad. No se está solo por ausencia de compañía, sino porque falta conciencia de estar unido (sentimiento político). La afectividad nace de las conexiones establecidas con otras personas acordes en la emoción, en la percepción, en las sutilezas, ¡qué sabe nadie de estas cosas!

 

Rock and Roll de las octavas imposibles

Para Miguel Ríos, mi cercano Ulises                   

¿Quién no tiene un sentido de la música

en los ojos? Los dedos y la piel

cercana, con los labios cantan,

al ritmo en que plañían las vecinas

melodías estrechas de cintura.

El olfato es música en la Alhambra

donde se afinan rosa y jazmines

-¡como dejaron dicho los románticos!—

y construyes el reino de la dicha.

La música te invade el paladar

si comes lentamente lo que amas.

 (No siempre está la amada bien dispuesta

al cálido bolero de los senos.

A la sinfónica comida de los labios,

al postre de tu pie como una fuga,

al sabor de los dedos que señalan

el exacto lugar del tono puro.)

¿Quién no tiene un sentido de la música

corpóreo? En octavas de armonía

los dos guardaban íntimos secretos.

Granada, 8 de novembre de 1995                      

 

_ Tío ¿y el teatro?

_ Al teatro me acerqué desde la poesía. En la poesía encontré la llama de un arte, el más directo de todos, para contar la memoria olvidada de mi gente. Utilizando la música y la danza flamenca, creé una dramaturgia gitana que permitiera dar a conocer la historia de un pueblo perseguido que pedía a gritos hablar. Contar su historia desde su punto de vista y desde su experiencia. Fue la primera vez, así lo creo, que la voz y la palabra de los gitanos se escuchó en el ámbito del teatro. Resonó por toda Europa como un vendaval de libertad y fue el inicio de un repertorio que tras años de esfuerzo y voluntad logré concretar en otros espectáculos. Fue Macama Jonda, la expresión “contra dolor, alegría”. La celebración del encuentro de dos culturas, de dos formas de entender el mundo: la marroquí y la gitana. Más tarde, Sueño Terral, donde amplié el conflicto intercultural a zonas más alejadas, intentando hacer ver que el racismo tiene raíces allí donde visiblemente no aparece. Y por último Un gitano de ley, un episodio sangrante de nuestra guerra civil. La muerte de un buen gitano que predicaba entre las raíces de la violencia la palabra de la paz y del consuelo.

 

Nota: esta breve entrevista está ficcionada desde un vago recuerdo: la vez que Tío Pepe, Matilde su mujer y sus hijos José y Elías estuvieron en mi casa en Badajoz donde pasaron un par de días en los que mi padre y el Tío hablaron sin tregua. Hasta las tantas de la tarde jugaba con mis primos, y a partir de cierta hora empezaba a escuchar las palabras, la conversación de los mayores hasta altas horas de la madrugada. En el regazo de mi madre cuando ellos hablaban de sus héroes gitanos y de sus gitanas, colosales en fuerza y desafío. Recuerdo que les encantaba hablar. De ahí nace esta entrevista que nunca se dio, de aquel runrún nocturno, recuerdo de niño de siete u ocho años escuchando a lo lejos la voz de personas queridas que decidían seguramente mi manera de pensar en el futuro.
 

 

Nota biográfica. Transcurría el 2 de enero de 1947 cuando, en la localidad española de Albuñuelas llegó al mundo José Heredia Maya, un hombre perteneciente a una familia gitana de escasos recursos económicos que, con el paso de los años, se destacaría como escritor, poeta, docente y dramaturgo. Este descendiente de la pareja compuesta por Cándida y José demostró una gran pasión por la poesía y en 1973 salió a la luz su primer libro, bautizado como “Penar Ocono”. Temporadas más tarde, la obra teatral “Camelamos naquerar” (traducido como “Queremos hablar”) le permitió perder el anonimato. “Poemas indefensos”, “Charol”, “Experiencia y juicio”, “Un gitano de ley”, “Memoria de papel”, “Macama Jonda” y “Literatura y Antropología” son otros títulos que permiten apreciar el talento para la escritura de este español que aprovechó la popularidad alcanzada con su actividad artística para reivindicar los derechos del pueblo gitano.

Cabe destacar que quien asistiera a la Universidad de Granada para formarse en Filología Románica tuvo el honor de ser el primer catedrático de etnia gitana que llegó a dar clases en una entidad universitaria española. En ese mismo centro de estudios, entre 1978 y 1984 se desempeñó como codirector del Aula de Poesía. Asimismo, fue fundador del Seminario de Estudios Flamencos de Granada e impulsor de una revista llamada “La mirada limpia”.

En relación a su vida privada formó una familia junto a Matilde Moreno, la madre de sus dos hijos: en 1972 llegó su primogénito, José, y en 1974, celebraron el nacimiento de Elías.

El 17 de enero de 2010 nuestro Tío José marchó.

 

Aunque sea reciente mi carné 

Aunque sea reciente mi carné

yo nací hace milenios:

cuando despacio al paso de la bestia

el horizonte se horadaba.

 

Cuando la muerte

era un signo de Dios omnipotente

y no un signo de Dios exterminando

(es posible que no existiera Dios

todavía en la mente de los hombres).

 

Cuando los niños

jugaban con la luna

y todos con la misma se acostaban.

 

Cuando decir yo espiga

o Federico era lo mismo.

 

Cuando el mar y su canto era la miel

de todo oído y paladar bien hechos.

 

Cuando Ulises y Sancho no existían.

 

Cuando la Tierra era una estrella

y no un soporte

de mendigos de muertos

de famélicas madres de animales terribles

y no un soporte digo

de negros de amarillos y de blancos

y dentro de los blancos

moros indios y gitanos entre otros.

 

Cuando las cosas eran más de Dios

y más de todos.

 

Cuando nací ya hace milenios

aunque sea reciente mi carné

todo era mucho más hermoso

pero aquello duró

lo que un relámpago

o tal vez menos.

 

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