La primavera rumbera

La primavera rumbera

¡¡Ya es primavera!! Después de todas las vicisitudes que nos ha tocado vivir en estos últimos tiempos -pandemia, restricciones, toques de queda, cierre de la actividad cultural en vivo-, la primavera ha llegado y poco a poco intentamos volver a la normalidad, a vernos las caras con el público, a ver su sonrisa, a ver su atención, volvemos a hacer girar la rueda.

No obstante, no es como aquellas primaveras que comentaba en el artículo anterior cuando los músicos sacábamos con toda nuestra ilusión y todo nuestro esfuerzo para hacer llegar al público todo lo que habíamos estado cocinando a fuego lento durante el invierno, lanzábamos nuestro último trabajo, empezábamos promociones en radio, televisión, primeros bolos, …, la rueda giraba.

Tristemente todo eso ha quedado en el pasado, es primavera y hay festivales y el público tiene ganas de vernos, sí, pero la mecánica de trabajo ya no es la misma, ya no hay un momento de lanzamiento, ya no hay una estrategia anual en la que se solapaba el lanzamiento de un disco con la llegada de los festivales de primavera y verano, y ahí creo que el artista y el público hemos perdido. La dinámica es otra, a algunos le funcionará muy bien, pero mi valoración, como artista con décadas de experiencia detrás, no es positiva. Y si nos centramos en el caso de la Rumba Catalana, pues aún menos positiva. Aquella dinámica de trabajo, en invierno preparar, en primavera lanzar y en verano explotar, coincidía también con la propia motivación del público y acababa por tener un resultado excelente, y a nosotros como artistas, nos hacía mantener unos tempos y unas metas muy claras.

Los rumberos gitanos perdimos la preeminencia dentro de nuestra propia música, perdimos los tempos y la dinámica de trabajo, nos adelantaron por la derecha y ahora poco queda para que acabemos creando nuestro propio ‘Greenpeace’ para salvar a la rumba gitano-catalana de la extinción.

Reviso la programación de los grandes festivales de las ciudades, de las pequeñas fiestas en los pueblos de la costa y ¿dónde está la rumba?

Personalmente adoro los festivales de sardanas y de habaneras, son la manera de mantener los estilos propios, ya poco comerciales, con vida, con opciones de reinventarse, de conseguir llamar la atención de nuevos públicos, de resistir; pero los festivales de Rumba Catalana brillan por su ausencia. Antigitanismo ¿? Valórenlo ustedes mismos.   

Ojalá pudiera volver a sentir la primavera de la Rumba, el sol asomándose con fuerza, mucho trabajo, mucho ajetreo, los músicos alternando unos con otros, probando las últimas mezclas de nuestras producciones para tenerlas a punto para el verano, un montón de conciertos y bolos, un montón de pueblos, la llegada del verano con la verbena de San Juan, de San Jaime, de San Pedro, el público celebrando, bailando, con coca (de San Juan), cava, con alegría, hasta las tantas de la mañana, al son de la rumba, de los petardos. Imagino que esos tiempos ya no volverán tal cual eran, todo lo que no se renueva está condenado a desaparecer. Sin embargo, la rumba necesita que vuelva a brillar el sol, una nueva primavera.

¡Que la rumba os acompañe!

 

 

* Imagen de Ramdas Ware. Creative Commons

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