Sin pena ni gloria 3, un servidor

Sin pena ni gloria 3, un servidor

Advertencia para navegantes: En la última entrega de esta trilogía, lo que voy a escribir es ni más ni menos lo que pienso, pese a quien pese. Puede que mis reflexiones en esta serie de artículos resulten un tanto incómodas –incluso para mí–, pero lo único que he querido es transmitir la verdad que siento, sin adornos, sin condescendencia, sin edulcorantes ni aditivos que cambien el sabor de mis pensamientos, y con la única misión de reflejar toda una historia que nos identifica como rumberos catalanes. Una historia que, en el presente, muchos han conseguido distorsionar y lucrarse comerciando una narrativa muy sesgada, que parte de lo que nos han preguntado y lo que nosotros hemos contestado, pero que carece de una comprensión profunda de los gitanos, de los creadores de la rumba, de los rumberos, del lugar que ocupa la rumba catalana en nuestras vidas y en nuestra comunidad.   

No quiero criticar el trabajo que otros han hecho en su intento de aproximarse a la rumba catalana y a los rumberos, pero sí quiero apuntar que han quedado ocultos muchos flancos que deben ver la luz, muchos ángulos muertos que sólo desde dentro de la propia comunidad gitana y rumbera puedes llegar a vislumbrar.

La rumba catalana no es única y exclusivamente una rumba de artistas y estrellas televisivas, que también lo es, sino que es la rumba de muchas personas de las que nunca se habla, de muchos músicos, aficionados, amantes practicantes, gitanos y gitanas que dan sentido a cada acorde, a cada golpe de compás, a cada letra, a cada sonrisa en una fiesta, en un escenario, en una boda, en una reunión, los verdaderos motores de la rumba catalana, los rumberos de la primera línea del frente de batalla, los verdaderos protagonistas de una historia de la que nadie habla. Y es por ellos que, para mí, es un gran placer poder escribir, aunque sea de manera muy abreviada.

Me remito a mi primer párrafo y que nadie se ofenda, sólo quiero expresar mis sentimientos y el dolor que me causa estar viviendo estos momentos en el panorama rumbero, sobre todo cuando la mayor satisfacción que me ha dado la música ha sido ver crecer a un sinfín de rumberos que hoy ya tienen hijos y nietos que continúan haciendo lo mismo que yo hice con ellos.

Aunque en los escenarios siempre llevé a una banda de lujo, con músicos de primera división, siempre daba pie a que se unieran a nosotros los alevines, para ellos era el premio por haber hecho de fábula todos los deberes.

En casi todas mis producciones siempre he involucrado a esos rumberos mayores, ya apartados de la música, que me aceptaron a su lado cuando yo era el alevín que empezaba a dar sus primeros pasos con los grandes en aquellos momentos. Nunca olvidaré el cariño y la confianza que me brindaron, y siento que debo devolverles esos entrañables momentos que pasamos juntos, no dejando que caigan en el olvido. Por eso, en otras entregas hablo de ellos, porque ellos fueron los que acompañaron toda una vida a los creadores de la rumba. ¡Qué gran honor ver sus caras de satisfacción y volverlos a ver con aquella alegría que tenían entonces, bailando y bromeando entre ellos, como si el tiempo nunca hubiese pasado! Rumba más allá de la música.

Peret siempre me comentaba que su mayor vitamina era tenernos a nosotros y a nuestros hijos a su lado, porque éramos una gran familia.

La juventud parece haber heredado la parte musical como jamás hubiese imaginado, es como si heredasen más de los que les das, y eso es algo que me enorgullece. Siempre hablo de ellos como si fuesen mis hijos, pues los he visto empezar a caminar y se han hecho mayores a mi lado, la gran familia de la que nos hablaba Peret. Pero siento que  otras de las lecciones que debieron aprender los jóvenes no acabaron de fraguar, o hicieron campana o no supimos transmitirlas. 

Después de Los Amaya, los únicos iconos que quedamos vivos somos mi compadre Peret Reyes y yo. No malinterpretéis mis palabras, cuando digo iconos no me refiero a que me considere un artista con unas dotes especiales en el que deban inspirarse los más jóvenes, sino que me refiero a unos rumberos que hemos tenido el enorme privilegio de vivir y compartir cincuenta años de historia de la rumba catalana, iconos porque tuvimos el honor de empezar con los creadores de nuestra música y de ser testigos de toda la evolución que ha vivido la rumba hasta estos días. Iconos porque, cuando empezábamos, la última novedad era el estéreo, un tocadiscos con dos altavoces, y grabábamos a cara o cruz, si te equivocabas, vuelta a empezar. ¿Quién sería capaz de reproducir con toda la tecnología actual el sonido que conseguían Los Amaya en su momento del tirón? Eran otros tiempos y otros retos musicales. Iconos como sinónimo de biblioteca viviente.

Mi primer lamento es que la juventud ya no cuidan a los mayores como nosotros lo hemos hecho con ellos, porque si se corta el hilo umbilical que debe haber entre generaciones caeremos en la trampa que, quizás el mundo quiere, que ya no sólo no pintemos nada en el mundo comercial de la rumba, sino que además la rumba deje de ser lo que es dentro de nuestra propia comunidad. Ya no se preocupan de aquellos que fueron sus referentes, muchos desconocen en qué estado están y estamos, envejeciendo solos y sin una muestra de cariño de todos aquellos que se hicieron grandes a nuestro lado.

Duele con mayúsculas. Lo estoy viviendo en mis propias carnes, hasta con los más cercanos a mí, de quién jamás hubiese imaginado ese olvido, esa complicidad en permitir que toda nuestra historia –la de Peret, la de la Tía Pepi, la del Tío Paló, la del Chacho, el Pescaílla, Los Amaya, el Petitet, la de la Tía Selu, la Tía Payoya, el Chango, Peret Reyes, el Tío Ninus, el Tío Huesos, el Tío Toni, el Tío Loren, el Tío Miliu, la del Toqui, el Orelles, el Tita, el Regadora, la de la Laura, la Mami, la Rosita, la Susi, el Noi, la mía, y la de muchos más –se vaya apagando poco a poco.

¿Qué ha pasado con esa sensibilidad? ¿Con esa unión entre rumberos? ¿Entre gitanos? El tiempo pasa muy rápido, también para ellos, y si no cambia nada, ellos también serán testigos exactamente de lo mismo que yo, y entenderán mi amarga queja, pero ojalá estén a tiempo de remediarlo. No hay nada más triste que sentirse sin pena ni gloria.

Mi segundo lamento ya lo he expresado en otros artículos previos y sin ánimo de repetirme sólo voy a enunciarlo, de poco o nada sirve que la Rumba Catalana haya sido declarada como patrimonio de interés cultural y musical por el Parlamento de Cataluña si verdaderamente no se lucha para su subsistencia, si no se reconoce activamente con algo más que con palabras la autoría gitana de la rumba catalana.

Y como soy hombre de rumba y no de palabras, cuando empecé a pensar en esta trilogía, también pensé en rumba, y acabamos grabamos un tema musical, con Pepe de Los Amaya, un tema que resume nuestro sentir. La música ya está disponible en Spotify, pero en breve compartiremos el videoclip que estamos a punto de filmar.

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