¡Quiero ser artista!

¡Quiero ser artista!

Tras varios artículos en los que he intentado meditar sobre el papel que jugamos los gitanos actualmente en el mundo de la Rumba Catalana y añorar tiempos mejores, hoy quiero compartir las reflexiones surgidas el otro día tomando un café con Pepe de Los Amaya y unos cuantos jóvenes rumberos que intentan hacerse su hueco en el mundillo musical.

Los gitanos tendemos a aprender de nuestros mayores y adaptarnos al mundo actual sin perder de vista de dónde venimos. Caminamos poco a poco. Nos cuesta cambiar patrones. Y el mundo de la música actual requiere exactamente todo lo contrario: transitar deprisa hacia patrones totalmente diferentes. Y es aquí donde nuestros jóvenes se sienten bastante perdidos. Su objetivo es conseguir que su música vea la luz y tenga alguna repercusión, pero ¿Cómo se hace hoy en día?

Los jóvenes nos preguntaban, quizás con tono retórico, cómo alzar el vuelo. Lamentablemente, para nosotros ya es todo tan diferente que se nos hace francamente difícil ofrecer un consejo, pensamos en blanco y negro en un mundo 5G.

Con un poco más de tiempo del que se dispone tomando un café, voy a tratar de responderme a mí mismo esa pregunta, empezando por discernir qué se debía hacer en el pasado –mi pasado- y qué se debe hacer en el presente -quizás un presente que ya tampoco es presente sino un inminente pasado-.

En primer  lugar,  si componías algunos temas lo primero que hacías era registrarlos en la sociedad general de autores. Antes esto era muy serio, el tema no salía de casa si no estaba registrado. Después tenías que grabar una maqueta con medios bastante precarios. Si tenías recursos podías ir a un estudio y grabar a dos pistas, si no tenías recursos pues te quedaba la opción de grabar a cassette, y si eras de mi generación, entonces podías ir al muelle de Barcelona, a una cabina en la que podías grabar una canción por una peseta y te entregaba un vinilo y, de paso, hacerte también unas fotos.

El próximo objetivo era llevarlo a las discográficas y dejarlo en recepción a la atención del productor, que era el encargado de presentarle al director los temas que creía buenos o comerciales. Eso siempre y cuando tuvieras la suerte que ese productor llegase a escuchar tu maqueta, porque tenían una caja llena de cintas que no se llegaron a escuchar nunca. Era una lotería. Entonces los testarudos insistíamos llamando e intentando hablar con ese productor que, obviamente, siempre estaba reunido. Todo era complicado, lento e incierto, a menos que tuvieses un padrino que entregase personalmente tu maqueta.

Si les gustaba el producto o encajabas con algún proyecto que tuvieran en mente, la situación entonces cambiaba por completo. Se ponía la maquinaria de promoción a funcionar, se hacía radio, prensa, televisión, presentaciones en las mejores discotecas, firmas de autógrafos en las grandes superficies, se creaban clubs de fans, y en un mes podías estar arriba de todo y tus temas no dejaban de sonar por todos sitios. Cobrabas por ir a programas de televisión, los temas generaban ingresos en la sociedad general de autores, podías compartir porcentajes con editoriales que se encargaban de hacer partituras y distribuirlas por todo el mundo, tenías la posibilidad que algún tema le gustase otro artista de la otra punta del mundo y lo grabase.

Si conseguías entrar en este círculo tenías todo un equipo de profesionales que hacían una labor excelente. No era fácil pero el que valía podía tener la suerte de hacer realidad sus sueños, y digo ‘el que valía’ porque antes tenías que dar la talla si no te aconsejaban que te dedicases a otra cosa.

Vayamos al presente o al inminente pasado. Hoy en día y gracias al desarrollo tecnológico, las posibilidades de grabar una maqueta por tu cuenta son infinitas y con unos resultados que nosotros jamás hubiésemos podido imaginar, pero ¿qué  haces con esa maqueta? Pocas discográficas quedan, y muchas de ellas sobreviven reeditando catálogos antiguos y poniéndolos a la venta en plataformas. Ya no se venden CDs, la música se escucha en el móvil y, generalmente, en formatos de poca calidad, para ahorrar megas, cosas de la sociedad de la información …

Si te has podido grabar o financiar tú mismo esa maqueta y algún sello discográfico la edita, no solo tendrás que regalársela sino que además tendrás que cederles los derechos de autor o, en el mejor de los casos, compartir esos derechos con ellos. A cambio no hay ningún lanzamiento, ni ninguna campaña de promoción, ni programas de radio, ni televisión, nada.

Hay muchos artistas que escriben y producen temas para otros, registran los temas en la sociedad general de autores, protegen la propiedad del tema, pero no obtienen ni un céntimo de euro por esa propiedad,  ya que no hay difusión mediática. ¿De qué sirve ser autor?

Muchos jóvenes producen sus maquetas e intentan venderlas en bolos mal pagados, a veces te invitan a cenar en un restaurante y a cambio muestras tu música y te dejan vender CDs … permitidme reír aquí, que es un buen recurso para no caer en una depresión.

Hoy el éxito en el mundo de la música ya no depende para nada de tu valía musical, por cada personaje que triunfa hoy en día en el panorama musical latino puedo presentaros mil músicos y artistas mejores que pasan sin pena ni gloria. El éxito musical actual, en un porcentaje muy elevado, pasa por otros derroteros que nada tienen que ver con la calidad musical o la creatividad.

Mi consejo para la juventud actual es que se alejen profesionalmente de la música. Para los que les guste la música de verdad, adelante, pero pensad sólo en los buenos momentos grabando, componiendo, tocando, compartiendo tu tiempo con otros músicos. Es a lo que llamo ‘terapia musical’. Olvidad el dinero a cambio. Hay que tocar por satisfacción, aprender, explorar, crear.

No quiero desanimar a aquellos que empiezan, todo lo contrario, mi consejo es que se miren desde otra perspectiva, que tengan claro el momento que estamos viviendo a nivel musical y den rienda suelta a su creatividad sin más pretensión que saber que estás haciendo buena música. Que no vayas a ningún sitio profesionalmente no quiere decir que no seas bueno o que no valgas. Tu satisfacción personal debe ser tu mayor logro, seguir estudiando y mejorando es la clave para disfrutar de una de las cosas más bonitas que tenemos en este mundo, la música –que es algo muy diferente a la fama y al dinero–.

Y como siempre digo, éstas no dejan de ser las meditaciones de un rumbero jurásico que con cincuenta años rumbeando ha vivido la transformación del mundo musical, y aunque parezca que la sociedad estamos dejando de escuchar y dar valor a la música bien hecha, más allá del mundo de la marketing y de las productoras hay mucha vida.

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