Entrevistamos a Antón Fernández y Aquilino Jiménez, dos estudiantes de Trabajo Social que han decidido llevar la cultura gitana a las aulas universitarias

Entrevistamos a Antón Fernández y Aquilino Jiménez, dos estudiantes de Trabajo Social que han decidido llevar la cultura gitana a las aulas universitarias

Antón Fernández y Aquilino Jiménez son dos estudiantes de Trabajo Social de la Universidad de Alicante. Recientemente han recibido el premio al “Mejor Proyecto de Intervención de Cuarto Curso de Trabajo Social de la Universidad de Alicante” con un proyecto orientado a difundir la historia y cultura del Pueblo Gitano dentro de las universidades. Ambos, son también compañeros de trabajo en FAGA, la Federación Autonómica de Asociaciones Gitanas de la Comunidad Valenciana, en el proyecto ‘Kumpania’ de apoyo educativo a alumnos y alumnas gitanas.

El acceso de personas gitanas a estudios postobligatorios y universitarios ya no es un sueño impensable. Cada vez más gitanos y gitanas sueñan con profesiones como las del resto de la sociedad, profesiones que habían sido históricamente inalcanzables por la multitud de barreras y fronteras que debían de ser traspasadas.

Antón no tenía muy claro qué estudiar, dudaba entre varias opciones, Márquetin y Periodismo, pero también estaba interesado por el mundo de la Psicología y la atención a las personas y acabó decantándose por el grado de Trabajo Social.

Aquilino tenía muy claro lo que quería estudiar y desde bien joven se ha mostrado muy activo en la reivindicación y en la lucha contra la discriminación que afecta a su comunidad. Como les ha sucedido a muchas otras personas gitanas que han cursado estudios superiores, su trayectoria ha estado llena de altibajos, de idas y venidas, pero finalmente tomó la determinación de cursar el grado de Trabajo Social. 

 

¡De la invisibilidad al éxito!

Como bien apuntan Antón y Aquilino, la cultura gitana dentro del currículo universitario es prácticamente inexistente. En una de las asignaturas cursadas en el grado de Trabajo Social profundizaron en temas relacionados con minorías, y en un bloque en concreto pudieron hablar sobre la comunidad gitana. Su impresión no fue la mejor de todas sobre los contenidos tratados. “Incluso ahí, en la universidad se queda muy corto. La historia del Pueblo Gitano va más allá de un documental de la remodelación y traslado de las chabolas a las 1000 viviendas. Además, lo poco que conocen viene ligado a programas de televisión como los Gipsy Kings, que refleja aún menos el verdadero día a día de los gitanos y las gitanas”, se queja Antón.

A partir del momento en que ambos constatan la invisibilidad de la cultura gitana en las aulas universitarias, empiezan a poner en marcha un engranaje de reivindicaciones y lucha. Participaron en un proyecto de investigación del grupo de Antropología de la Universidad de Alicante sobre el conocimiento que el profesorado y alumnado universitario tenían sobre la historia y cultura del Pueblo Gitano. Los datos fueron muy claros, no sólo desconocían la temática, sino que querían conocerla.

En una de las asignaturas, se les propuso crear un proyecto de intervención. Es aquí donde Aquilino y Antón vieron el mejor momento para desarrollar sus ideas y deseos mediante el diseño de un proyecto de intervención junto a sus compañeras Estefanía, Maira y Teresa. El resultado, el proyecto ‘Promoción e inclusión de la perspectiva gitana en el profesorado y alumnado de primer curso de la Universidad de Alicante’ se basa en la inclusión de la perspectiva gitana –historia, cultura y valores– a los conocimientos aplicados de cualquier carrera universitaria, ya sea medicina, educación, antropología o cualquier otra. De esta manera, los estudiantes que en el futuro se enfrentarán al mundo laboral puedan hacerlo con las mayores herramientas posibles, y tengan la capacidad de adaptarse a la diversidad de personas con las que trabajarán, entre ellas, las personas gitanas.

El proyecto se presentó a un riguroso concurso en la Universidad de Alicante en el que compitieron contra otros 30 proyectos y con un extenso jurado en el que se encontraban representantes de universidades estadounidenses, alemanas y chilenas. El proyecto ideado por Aquilino y Antón no solamente se alzó con el máximo galardón, sino que además fueron invitados por los representantes de las universidades de Chile y Chicago a exponer su proyecto en dichas universidades. 

 

“El sistema educativo debería trabajar más la inclusión que la integración

Llegar hasta cuarto curso del grado de Trabajo social y alzarse con un reconocimiento de tal magnitud no ha sido sencillo para ninguno de los dos. Por desgracia, a día de hoy, sigue existiendo un nivel alarmante de discriminación hacia la población gitana, un fenómeno social complejo que se manifiesta en todos los niveles de la vida cotidiana de las personas gitanas, y el ámbito educativo no escapa a ello.

A estas dos historias de vida que acaban por coincidir en la universidad, le tenemos que añadir un nexo previo, un aspecto en común en su trayectoria académica: a ambos se les asignó al grupo de ‘menos nivel’ en secundaria sin que ellos pudieran entender el porqué.

Aquilino, cuando empezó a sacar mejores notas, el profesorado lo felicitaba creyendo que él había cambiado, a lo que él respondía “yo no he cambiado, sigo siendo el mismo, solo que vosotros me habéis dejado de mirar como antes me mirabais. Además, os habéis dado cuenta que no soy el que vosotros creíais”.

Por otro lado, Antón nos expresa su malestar con el tratamiento que desde el sistema educativo se ha ofrecido comúnmente a la población gitana. “Estuve 3 años con el mismo libro de Valenciano, prácticamente casi toda la secundaria. Por estos motivos y algunos más, cuando llegué a 4º de la ESO comencé a faltar algunos días, ya que me encontraba sin motivación y sin ganas de estar en clase. Creo que el sistema educativo debería trabajar más la inclusión que la integración. No se trata de que yo rebaje mi condición para poder encajar contigo, sino que todos sepamos convivir sin necesidad que nadie se sienta superior”, explica Antón.

Ambos manifiestan la decepción que han sentido a lo largo de sus trayectorias formativas hasta el momento de convertirse en protagonistas de su reivindicación. “En la universidad, a través de este proyecto se estudia la cultura gitana y por ese motivo me he sentido valorado, pero nunca ha sido así. Yo me tendría que haber sentido valorado siempre, y eso te desmotiva. A esto, súmale la poca formación del profesorado en perspectiva gitana y las bajas expectativas hacia nosotros. En consecuencia, te encuentras con unos maestros y un sistema que no sabe conseguir que los alumnos no se pierdan o recuperarlos”, afirma Aquilino  

 

“Cuanto más estudio, más gitano me siento

Antón y Aquilino han podido superar las dificultades del camino, han superado las expectativas de los que no confiaban en ellos y los daban, de antemano, por perdidos –un sistema educativo antigitano– y fueron capaces de saltar el abismo que existe entre la educación secundaria y la post-obligatoria para el alumnado gitano. Además, supieron sentirse orgullosos de ser gitanos y ser universitarios, sin perder los valores que les transmitieron sus familias. “Cuanto más estudio más gitano me siento. Por este motivo, de una manera u otra tiene que estar relacionado. Para nada la formación desequilibra la balanza, no es incompatible, de hecho, es algo que va creciendo uniformemente”, apunta Aquilino.

Estar acompañado a lo largo del camino es una de las claves para derribar una a una las barreras que encuentras en un mundo aún por conquistar, el mundo universitario. Para ellos, ese acompañamiento está siendo también clave, y es que gracias a la iniciativa de Antón y Sara –una compañera universitaria, también gitana– acabaron por reunir a un amplio grupo de estudiantes gitanos con los que compartir un camino no exento de dificultades.

“Gracias a ella y a través del boca a boca, consiguió unir a un grupo de alrededor de 40 gitanos y gitanas estudiantes. Tanto de grados universitarios como de estudios superiores. De tanto en tanto nos reuníamos para compartir nuestros sentimientos, apoyarnos y también para demostrar y demostrarnos que estudiar es gitano”, comenta con ilusión Antón.

Ahora, gracias a estudiantes como ellos, la universidad empieza a ser un lugar cada vez más gitano, donde el conocimiento que se construye sobre nuestro pueblo empieza a alejarse de los prejuicios y sesgos que la historia ha generado entorno a nosotros.      

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