9 personas gitanas consiguen llegar a la universidad gracias al Grupo de Acceso a la Universidad

9 personas gitanas consiguen llegar a la universidad gracias al Grupo de Acceso a la Universidad

La formación de familiares del Plan Integral del Pueblo Gitano, conocida como Grupo de Acceso a la Universidad, está consiguiendo año tras año que muchas gitanas y gitanos vuelvan a confiar en el sistema educativo y en sus propias posibilidades como estudiantes.

El Grupo de Acceso a la Universidad (GAU) es una de las iniciativas más exitosas del Plan Integral del Pueblo Gitano. Su objetivo es motivar a personas gitanas para recuperar su itinerario formativo y facilitarles las herramientas necesarias para que puedan enfrentarse a la prueba de acceso a la universidad para mayores de 25 y 45 años.

Hace apenas un par de semanas, 25 mujeres y hombres gitanos se presentaban a las pruebas de acceso a la universidad para mayores de 25 y 45 años llenos de ilusión, pero muy conocedores de las dificultades de la prueba. A las ya complicadas condiciones de una prueba como ésta, las circunstancias de la actual pandemia han añadido aún más incertidumbre y tensión al último curso. No obstante, tanto organizadores como estudiantes se han hecho, si cabe, más fuertes en una situación como la actual y un tercio de los aspirantes han conseguido superar la prueba. Además, dos alumnos han conseguido aprobar la mitad de la prueba de manera que el año que viene sólo tendrán que examinarse de la mitad del temario.

Josué Cortés, dinamizador del GAU y antiguo alumno, nos explica que “la pandemia ha dejado a muchos gitanos y gitanas sin trabajo y muchos se han animado a estudiar. Estudiar se ha convertido en una opción para muchos si quieren encontrar hueco en el mercado laboral y esto es lo que ha desembocado que este año sea el año que más gente se ha inscrito al curso, con un total de 50 gitanos y gitanas que, quizás, sin la ayuda del GAU no se hubieran atrevido nunca a dar el paso de estudiar”.

Uno de los aspectos que más destaca Josué de este curso ha sido la alta participación de mujeres en la formación, uno de los aspectos que hasta la fecha no se había logrado. “Este año la participación de mujeres gitanas ha superado el 50% del alumnado total. Quizás por la facilidad del sistema de clases online y grabadas que nos hemos visto obligados a hacer. Hemos ofrecido así una oportunidad a aquellas mujeres que por logística familiar y laboral no podían desplazarse físicamente hasta el espacio donde tradicionalmente hacíamos la formación”.

Entre ellas se encuentra Verónica Sánchez, gitana y madre. Se animó a acercarse al GAU, ya que sentía una deuda pendiente con su formación académica. “Tuve que ayudar a madre con mi hermana pequeña y cubrirla en su trabajo por un accidente muy grave que tuvo”, nos indica Verónica.

“Mi madre me decía «tú no digas que eres gitana, hazme caso». Ella sabía porque lo decía. Sin embargo, yo ahora me siento una privilegiada por tener la posibilidad de estudiar en la universidad y sentirme en la misma condición que el resto de la sociedad”, explica Verónica haciendo referencia a una de las mayores dificultades que afrontan estudiantes gitanos y gitanas, la lucha contra los prejuicios y estereotipos que les acompañan allá donde vayan.

La adaptación a los estudiantes y las metodologías pedagógicas que aplican los profesores y técnicos del GAU ha sido una de las claves del éxito para Verónica. “Yo intenté acceder a la universidad por la UNED, pero todo me resultaba muy frío, me costaba muchísimo y lo acabé dejando. Sin embargo, desde el GAU me ha sido muchísimo más ameno, nos han ayudado mucho ofreciéndonos métodos y técnicas más sencillas, se me quedaba todo grabado en la mente a la primera”, apunta Verónica.

Al igual que Verónica, Ramón Vargas ha sido otro de los estudiantes que este año empezó la formación y que ha conseguido superar la prueba de acceso a la universidad. Trabaja como encargado en una empresa de armas, es presidente del comité de empresa de la fábrica, delegado sindical y fundador de UGT FICA CALÍ, un grupo perteneciente al sindicato UGT cuyo objetivo es combatir el antigitanismo en el ámbito laboral.

Tras varios años en la misma empresa, Ramón nos explica que su situación laboral ha llegado a ser estable, pero quiere mejorar su formación ante las incertidumbres del mercado laboral actual. “Yo no me decidí a estudiar para tener un puesto laboral, ya que soy el encargado de una fábrica, puesto que me da cierta estabilidad, pero sí me decidí a estudiar para acabar de completar mi formación ya que mi empresa puede ser exportada a otro país y, ahí, sí que me podría ver en una situación compleja sin estudios superiores”.

Para Ramón, acceder a la universidad no solo es un motivo de orgullo personal, sino que además pasa a ser un referente positivo, un modelo a seguir para su familia y para su entorno más cercano. “El yo aprobar supone un orgullo para mi familia y para mí. Soy el hermano mayor, lo que representa que los que están por debajo mío tiene que seguir mis ejemplos y este es uno de ellos. El primero, mi hijo”, comenta Ramón.

Su futuro estará ligado a la universidad en pocos meses y, como buen activista que es, empieza a estar preocupado por el tratamiento de la diversidad cultural que se realiza en las universidades, especialmente en lo concerniente a la diversidad gitana. “La universidad, en sus planes de igualdad debe contemplar el antigitanismo. El profesorado y el rectorado debería tener formación en antigitanismo, sobre todo para conocer la realidad de muchos alumnos gitanos”, explica Ramón.

En septiembre Ramón empezará a estudiar el grado de Relaciones laborales, Verónica quiere cursar el grado de Nutrición y, al igual que ellos dos,  Javier, Jesús, Carles, Jordi, María José, María y Verónica Santiago empezarán una carrera universitaria y se unirán así a una larga lista de personas a las que el Grupo de Acceso a la Universidad ha conseguido catapultar hacia nuevos horizontes.

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