Sobre el presente y futuro de la Rumba Catalana. Entrevista a Jack Tarradellas
En esta ocasión, para profundizar en el panorama actual de la Rumba Catalana y también de los rumberos, creo que lo mejor será entrevistar a un artista que parece que ha dejado de un lado sus gustos musicales y ha optado por tomar el camino que le permite pagar las facturas a final de mes, mi hijo Jack Tarradellas.
Debo decir que he evitado este momento durante unos cuantos meses, pero el baño de realidad que se ha dado nos puede permitir a todos analizar el momento. Conozco muy bien su trayectoria, su manera de trabajar, sus deseos y sus gustos porque, además de ser mi hijo, hemos trabajado juntos muchos años. Jack es muy profesional a la hora de producir, es muy objetivo, sabe lo que quiere musicalmente y no para hasta que lo consigue. Todas sus producciones son claramente reconocibles, llevan su sello personal y, debo decir también, no todos los músicos estamos preparados para los arreglos del sello Chakataga (un servidor incluido).
Y conociéndolo mucho, he visto que últimamente está haciendo cosas que no me acaban de cuadrar, cosas que nunca antes hubiera tocado ni producido y, por ello, me ha parecido un estupendo momento para preguntarle qué sucede con la Rumba Catalana.
“Si hablamos de la rumba que nos dejó Peret, su futuro está muy negro. Si los rumberos hacemos cosas nuevas que lleguen a la juventud, quizás podremos salvar algo, pero nada que ver con lo que hemos conocido como Rumba Catalana”, dispara convincentemente Jack con su primer comentario.
Actualmente está trabajando y produciendo música con David Canal, con Iria M, con Manuel Fernández, con Muchacho (de Muchacho & los Sobrinos), con Miliu de la 4thMusic, con A93, con Big Lois, y me explica que está haciendo “Rap, Drill, Gipsy Drill, Trap, Reguetón”.
“Pero ¿de rumba haces algo?”, le pregunto. “Lo que más se parece a la rumba que hemos conocido, es lo que tocamos con Muchacho, aunque con otro traje mucho más actual y más cercano a lo que se escucha hoy día”, me explica.
Continúo la conversación explicándole que cada vez se programa menos rumba en los festivales y me matiza que “aunque es verdad que siente mucha exclusión hacia la rumba, además la juventud hoy en día tiene otros gustos, que llenan estadios, hay miles de seguidores de todas las edades y colores que conocen sus temas y los tararean, y se generan millones de reproducciones en las plataformas de internet. Son otros tiempos, otros estilos, otros gustos, los que la juventud sigue”.
Jack continuó explicándome algo que sé de sobras pero que no me resisto a aceptar. “Reconozco que para vosotros, como iconos de la rumba catalana, no debe ser fácil asumir que la rumba se pierda. Yo conozco, gracias a ti, la historia y la esencia de la rumba catalana, éramos muchos los niños que invadíamos tu estudio y que crecimos ansiando aprender todo lo que pudiéramos de artistas como tú. Sin embargo, hoy a la juventud les gusta otros estilos”, compartió conmigo Jack.
“Sin ir más lejos, yo mismo he tenido que dejar mis gustos y preferencias musicales a un lado y he decidido ponerme al día con los nuevos sistemas de distribución y promoción musical, me he puesto al día con las redes y plataformas sociales, que son las que hoy en día generan ingresos. He buscado y estudiado cuáles son los nuevos valores musicales para entender qué música funciona y por qué. Y créeme que no es una tarea fácil, pero la música hoy en día es un producto más que tenemos que hacer al gusto del consumidor”, reflexiona mi hijo Jack.
Seguimos con la conversación alrededor de los años y energías que él siente haber perdido grabando la música que le gustaba y acaba concluyendo que “la música que me gusta, la grabaré en mi tiempo libre”, continúa contándome que quiere “subirse al tren y parar en cada una de sus estaciones para aprender de cada una de ellas”, y no sólo lo dice en sentido figurado, sino en su sentido más literal. Me confiesa que está cogiendo el tren frecuentemente a Perpiñán. “Los grupos de allí serán los únicos que mantendrán la rumba catalana viva, porque ellos son los que siguen haciendo rumba como la de antaño. Por lo menos tenemos ese pequeño bastión de la rumba al que debemos apoyar”, indica Jack.
Y finalizamos nuestro diálogo hablando de otro de los aspectos que hemos perdido los rumberos en los últimos años. “En tu juventud, músicos, rumberos, blancos y negros, hacíais piña. Yo aún recuerdo ese espíritu de unidad de mi infancia pero, ahora, eso ya no existe”, se lamenta Jack. “En un equipo en el que todos quieran marcar gol, los contrarios tienen el partido ganado de antemano. Nunca es tarde para recapacitar, la unión hace la fuerza, los veteranos deberíais alzaros y jugar un papel más protagonista”, acaba reivindican mi hijo.
Mantuvimos una conversación muy necesaria entre músicos de diferentes generaciones, pero sobre todo, entre un hijo y un padre rumbero que se preocupa por la música que hace su hijo. Obviamente, todo lo que me explicó tiene sentido, es como un parte médico más sobre la salud del paciente, un excelente rumbero que ha tenido que dejar la rumba para llegar a final de mes. ¿Un eslabón rumbero más que se pierde para las próximas generaciones? ¿O quizás es un eslabón más sólido para perdurar y adaptarse al cambio de los tiempos? ¿Cómo conseguiremos que la rumba catalana siga adelante conservando su nombre y apellido? ¿Qué papel podemos jugar las viejas glorias? No sé si debo hacerme estas preguntas aquí en abierto o guardármelas para el terapeuta …
¡Que la rumba os acompañe!
