Entrevistamos a la dirección de la FAGiC con la mirada puesta en el futuro más inmediato

Entrevistamos a la dirección de la FAGiC con la mirada puesta en el futuro más inmediato

Tras más de seis meses de pandemia, la vulnerabilidad en la que se encontraban muchas familias no hace más agravarse y la incertidumbre sobre lo que puede suceder en los próximos meses sitúa al movimiento asociativo gitano en una situación de constante alerta. Hemos podido conversar  sobre ello con Simón Montero, presidente de la Federación de Asociaciones Gitanas de Cataluña, y con Pedro Aguilera, gerente de la misma.

Simón aún tiene muy presente las situaciones dramáticas a las que tuvo que hacer frente la federación durante el período de confinamiento. “En la FAGIC era un bombardeo diario de un montón de personas que no tenían ningún recurso y no sabían qué hacer. Muchos primos nuestros se dedican a la venta ambulante y viven al día, al cortarles ese suministro, lo pierden todo. He recibido llamadas de personas llorando porque no tenían para darles de comer a sus hijos, y eso es muy duro”, explica Montero.

Desde el inicio de la crisis la FAGiC se puso a trabajar para hacer llegar alimentos a las familias más afectadas. A principios de Abril, la federación puso en marcha la campaña 100×100 para recaudar fondos y hacer llegar vales de comida a casi 300 familias. Paralelamente trabajaron con el Banco de Alimentos de Barcelona y Mercabarna para distribuir alimentos en más de diez poblaciones a lo largo de estos meses en 19 puntos de distribución diferentes con la ayuda de asociaciones e iglesias.

Para toda la sociedad estos meses han significado un gran reto, y la federación de asociaciones gitanas valora muy positivamente su capacidad de reacción en un momento así. “La FAGiC ha pasado la prueba de fuego. Creíamos que esta situación nos iba a explotar en las manos, pero pusimos la maquinaria al 200%. Hemos estado ahí, ayudando, conteniendo y estamos muy contentos de la labor que hemos hecho. Nos hemos demostrado a nosotros mismos la capacidad que tiene la FAGiC y el equipo de profesionales que tenemos, que han tenido una respuesta increíble”, comenta Simón.

Una mirada crítica a las posibilidades del movimiento asociativo

Pedro Aguilera nos indica que “esta situación nos cogió a todos desprevenidos y, al final, la iniciativa y el liderazgo lo hemos tomado desde el tercer sector.  La situación en la que se encontraba la mayoría de las familias, especialmente la población gitana, era de atención directa y necesidad extrema. Rápidamente nos situamos en los barrios y empezamos a entregar lo que nos pedían”.

Sin embargo, Aguilera también nos cuenta que “durante los peores momentos de la crisis había que remar y construir, pero ahora debemos hacer una reflexión crítica de lo sucedido para poder dar una mejor atención en caso de que se repita una situación similar. A nosotros como FAGiC nos hubiera gustado un mayor apoyo por parte de las administraciones, desde el nivel local al nacional”, y pone como ejemplo lo idóneo de haber podido contar con “una subvención o financiamiento de emergencia para poder llegar a muchos más hogares”.

Simón Montero también cree oportuna una mayor coordinación con las diferentes administraciones con las que habitualmente trabajan para hacer frente a las necesidades de la población gitana. “Nosotros hemos estado al borde del colapso. Estamos en un momento de ‘vacas flacas’ y las administraciones deben situarse a nuestro lado más que nunca para ayudarnos, porque en definitiva nosotros sólo somos una correa de transmisión para que las ayudas lleguen a la ciudadanía”, argumenta Simón.

Centrados en el presente

Los efectos que la presente crisis socio-sanitaria puede representar para el Pueblo Gitano a medio y largo plazo es ahora una de las grandes preocupaciones que expresa la federación. Aguilera sugiere la creación de un “Plan de Contingencia” para dar respuesta a los retos del momento actual. “Tenemos que poder reunirnos en una mesa gitanos y gitanas y discutir qué acciones desarrollar. La iniciativa debe ser conjunta. Sociedad civil y administración trabajando conjuntamente, tomando decisiones conjuntamente, buscando siempre el mínimo común, pactar cuatro o cinco ámbitos por dónde empezar, con objetivos muy claros y muy determinantes e ir evaluando. Y todo ello con una partida presupuestaria destinada inclusiva y exclusivamente a la comunidad gitana”, sugiere Aguilera.

Por su parte, Simón Montero considera necesario que el trabajo a realizar a partir de ahora debe partir del reconocimiento a la labor realizada por las entidades en estos últimos meses. “En un momento de crisis como éste, la FAGiC ha estado presente en todo momento. Y en la fase de recuperación, debemos reconocer todo el trabajo realizado en los peores momentos por entidades como la nuestra, aunque no hemos sido los únicos, y trabajar juntos para nuestro pueblo”, esgrima Montero.

Lamentablemente esta pandemia no sólo ha significado el empeoramiento de las condiciones de salud, laborales y económicas para la población gitana, sino que hemos presenciado como florecían, con una pasmosa naturalidad, actitudes profundamente antigitanas, auspiciadas por un discurso populista y xenófobo que ha enraizado con fuerza en nuestra sociedad.

A este respecto, Pedro Aguilera nos avisa que “FAGiC va a ser inflexible contra el aumento del antigitanismo provocado por la pandemia” y apuntó un episodio sucedido hace pocos días en el que “un grupo de jóvenes gitanos denunció que les prohibieron el acceso a un restaurante en el que tenían reserva a no ser que pagasen por adelantado porque, según el restaurante, ya habían tenido problemas anteriormente con ‘gente como ellos’”. Aguilera se cuestionaba, “¿te imaginas que ese restaurante tiene un día un problema con una mujer? ¿Qué harían? ¿Hacerle pagar a todas las mujeres por adelantado? ¡Obviamente no! Ahora parece que todo vale. Con el Pueblo Gitano se atreven a todo y debemos detenerlo como sea”, se quejaba Aguilera.

Mirando hacia el futuro

El presidente de la FAGiC observa el futuro con optimismo y cree en un “Gran Cambio” en el Pueblo Gitano que emerja de “una mayor participación de los gitanos en los espacios donde se toman las decisiones que nos afectan a nivel político”. Simón Montero explica también que “a pesar de los avances de los últimos años, todavía hay mucho camino por recorrer” y que le gustaría recuperar antiguas iniciativas que aún no se han alcanzado como “el reconocimiento del Pueblo Gitano como minoría étnica por parte del Estado y de Cataluña o conseguir una representación política propia”.

Así mismo, en un ejercicio de autocrítica, Montero reconoce que como presidente de la FAGiC “parte de la responsabilidad de que no se estén consiguiendo esos objetivos es también mía” y solicita un mayor compromiso político. “Tenemos que conseguir aunar una mayor voluntad política, sin ello no podremos avanzar. También necesitamos destinar un presupuesto más importante para conseguir llevar los cambios a todo el Pueblo Gitano”, indica Simón.

Sobre el autor

Pedro Casermeiro Pedro Casermeiro
Pedro Casermeiro és llicenciat en Psicologia per la Universitat de Barcelona. És membre de la directiva de Rromane Siklǒvne i de la Fundació Privada Pere Closa. Pedro també es formador en llengua romaní i coordinador del “Museu Virtual del Poble Gitano a Catalunya”.

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