Entrevistamos a Jairo Jiménez, Coordinador de la Fundación Secretariado Gitano en Sabadell

Entrevistamos a Jairo Jiménez, Coordinador de la Fundación Secretariado Gitano en Sabadell

Jairo Jiménez es estudiante de Administración y Dirección de Empresas en la Universitat Oberta de Catalunya grado al que accedió gracias a la formación que el Plan Integral del Pueblo Gitano desarrolla para facilitar el acceso a la universidad a mayores de 25 y 45 años.  Desde hace pocos meses, Jairo es además coordinador de la sede de Sabadell de la Fundación Secretariado Gitano, donde venía ejerciendo desde hace más de 5 años como prospector laboral. En sus primeros días en el cargo ha tenido que hacer frente a las consecuencias que la actual crisis sociosanitaria está teniendo en la comunidad gitana.

Desde que Jairo llegó a la FSG no ha dejado de afrontar cara a cara las barreras que dificultan la inclusión de las personas gitanas

El último trimestre de 2019, la Fundación Secretariado Gitano (FSG) presentaba el Estudio comparado sobre la situación de la población gitana en España en relación al empleo y la pobreza 2018 y arrojaba conclusiones muy pesimistas. Más de un 50% de la población gitana se encontraba en situación de desempleo y cerca del 80% se encontraba en situación de pobreza o exclusión. Jairo Jiménez, coordinador la fundación en Sabadell, nos explica que en los años 2005 y 2011 ya se realizaron estudios similares de los que se puede sacar una clara conclusión, “la población gitana es permeable a las políticas y a las situaciones globales. Muchas veces, tanto por parte de la administración como parte del movimiento asociativo, actuamos como si las personas gitanas estuviéramos exentas de las políticas públicas, de las crisis económicas, y para nada. De hecho nos afectan y con más rigor”.

En 2005, nos explica Jairo, que la tasa de desempleo en la población gitana era de un 14%, cuatro puntos por encima de la población general. “Era una época de bonanza y de trabajo. El salto del desempleo registrado en 2011 es enorme, la tasa de paro en la población general era del 20%, mientras que en la población gitana era del 40%. ¿Qué ha pasado en 2011? La crisis de 2008”, explica Jairo.

Los estudios de empleo de la Fundación Secretariado Gitano ponen de manifiesto que en el año 2018 no sólo no nos habíamos recuperado de la crisis, sino que la situación era incluso peor que durante la crisis. “Una de las cosas que se destaca en el estudio de 2018 es la desprotección de la población gitana a la hora de acceder a los recursos y derechos económicos. Una persona que no es gitana, en un momento de crisis cuenta con una formación que le avala para encontrar una alternativa, cuenta con ingresos, conoce cómo funciona el sistema para acceder al empleo y a los diferentes recursos de la administración. Pero las personas gitanas, en general, no cuentan con los mismos recursos y herramientas para salir de una situación de crisis económica”, apunta Jairo.

Para Jairo, la confianza en las instituciones es una cuestión básica para facilitar que la población gitana pueda mejorar su situación socioeconómica. “En momentos de crisis, muchos de los recursos y formaciones ofrecidas desde servicios sociales u otras instituciones se han vivido más como una obligación por parte de la comunidad gitana que desde la confianza, con lo que se ha hecho difícil percibir esa ayuda como un recurso de salida de una situación difícil”.

“La desinformación de los recursos como ciudadano que tiene la población gitana para mejorar su situación es otro de los aspectos en los que tenemos mucho que trabajar. Quitando la prestación o subsidio por desempleo y las cuatro ayudas básicas, la comunidad gitana desconoce muchísimo los recursos que puede conseguir a nivel local”, nos indica Jairo.

No nos habíamos recuperado de la crisis de 2008

Pocos meses después de que la Fundación Secretariado Gitano presentase el estudio comparativo de 2018 en el que se ponía de manifiesto una gran vulnerabilidad económica y laboral de la población gitana estalló una de las crisis económicas más repentinas de la historia a causa de la pandemia del coronavirus. Según el coordinador de la FSG la situación ahora es más grave que en 2008. “No sólo no nos habíamos recuperado de la crisis de 2008, sino que nos habíamos acostumbrado a vivir en esa situación de crisis. Si comparamos con lo que sucedió a partir de 2008 con la población gitana, ahora hay una gran diferencia, la situación de fragilidad y pobreza de la que partimos de buen inicio”.

A Jairo, lo que más le preocupa de la situación actual es la incapacidad que la comunidad gitana tiene para generar alternativas como en ocasiones anteriores. “Ahora tenemos una crisis sociosanitaria en la que la gente tiene miedo. Entre la población gitana siempre ha habido altos porcentajes de autocupación, incluso fuera del trabajo reglado. Sin embargo, en esta ocasión, la gente tampoco podía salir a trabajar, no podía ir al mercadillo, no podía salir a buscar chatarra, ni siquiera a vender en la calle.  Eso es lo que me asusta. Ya no es solamente que la crisis te golpee a la hora de tener oportunidades para trabajar, sino que encima no podemos utilizar los recursos que históricamente hemos tenido tanto hombres como mujeres gitanas.”

El mercadillo tiene dos opciones: innovar o morir

Según datos del estudio comparado de la FSG, un 48% de la población gitana ocupada lo hace en el mundo de la venta ambulante, un sector que venía arrastrando previamente muchas dificultades y que, durante la desescalada, se le han impuesto de las medidas más drásticas y claramente desventajosas con sus principales competidores, los grandes almacenes. “La centralización de la oferta del sector de la venta al por menor en centros comerciales estaba asfixiando al mercadillo, y también al comercio tradicional, a los pequeños negocios de barrio, que han ido cerrando poco a poco. Ya desde hace tiempo venimos advirtiendo que el mercadillo tiene dos opciones: innovar o morir”.

Durante la desescalada, tanto los negocios minoristas como los centros comerciales podían abrir con una limitación del aforo. Sin embargo los mercadillos tenían limitación en el número de paradas, de modo que sólo podías montar una semana sí y otra no, generando un agravio comparativo y dificultando la recuperación económica de los vendedores ambulantes. Jairo Jiménez considera que la venta ambulante “no puede competir así con los centros comerciales” y reclama medidas de protección para que no acaben por desaparecer. “El mercadillo podría funcionar si se protege desde el valor tradicional y desde el valor cultural, no desde el atractivo de la oferta económica –en eso no se puede competir con un centro comercial–. En el mercadillo, el atractivo es otro, la cercanía y la confianza con una clientela de varios años. Y si no se protege todo esto, los mercadillos acabarán por desaparecer”, esgrime Jairo.

Precisamente Jiménez nos explica que la fundación acaba de lanzar la campaña ‘#YoSoydelMercadillo’ por redes sociales. El objetivo es animar a personas a difundir vídeos mediante Twitter explicando todo lo que ofrecen los mercadillos y animar a la gente a volver a comprar con confianza y evitar la caída de este sector económico.

Para el coordinador de la FSG en Sabadell se podían haber tomado medidas muy diferentes durante la desescalada con la venta ambulante. “Yo hubiera llevado los mercadillos a los recintos feriales, que han estado completamente vacíos. Allí se puede controlar el acceso, se puede establecer un recorrido, con una entrada y una salida, y con personal municipal para controlar el aforo y las medidas de higiene, facilitar servicios como aseos, pago con tarjeta, microcréditos para los vendedores. En definitiva, se trata de igualar los mismo servicios que ofrecen otras tiendas y centros comerciales”, sugiere Jairo.

Aunque la actual situación socioeconómica no deja mucho lugar al optimismo respecto a la población gitana, Jairo muestra mucha confianza. “Al final siempre sacamos a relucir esa famosa capacidad camaleónica para adaptarnos a realidades muy difíciles”. Jiménez también remarca que está crisis ha vuelto a poner de manifiesto “redes de solidaridad y ayuda interna muy sólidas dentro de las familias y comunidades gitanas”.

Reciclarse puede marcar una diferencia abismal

La crisis financiera de 2008 trajo consigo una serie de cambios en las dinámicas económicas y laborales a las que la población gitana no acababa de adaptarse. El estudio comparado de 2018 de la FSG ponía de relieve que el desempleo y la pobreza entre los gitanos y gitanas no había parado de crecer desde entonces. Ahora la clave para Jairo está en reciclarse e innovar en sectores clave como el comercio electrónico, que ha seguido en auge incluso durante la pandemia. “Los principales elementos que se necesitan para sacar adelante un comercio de este tipo, el gitano en general ya los tiene, un producto, un concepto de la compra y venta, y una serie de competencias para la venta. Sólo hay que ponerse al día en competencias digitales”.

Otra de las claves para Jairo se encuentra en hacer uso de todos los recursos locales. “También será muy importante tener en cuenta las herramientas locales tanto para buscar trabajo como para reciclarse. Creo que estamos en un momento en el que reciclarse puede marcar una diferencia abismal. Estamos en un momento de crisis donde todos los datos son oscuros, pero también hemos visto a lo largo de la historia que, en momentos de crisis, también surgen siempre oportunidades económicas”.

Debemos trabajar en red más que nunca

Durante el confinamiento, la Fundación Secretariado Gitano se ha visto obligada a cambiar drásticamente sus acciones para orientar a sus usuarios en el acceso a los diferentes recursos existentes para hacer frente al parón laboral, y ayudar a muchas familias a poder cubrir necesidades tan básicas como la alimentación. “Hemos visto a la gente con miedo a dar un paso y hemos vivido en primera persona la inestabilidad en la que se encuentran, tanto a nivel de información, como de empleo. Pero lo que más me ha dolido ha sido ver las larguísimas colas para conseguir comida para la familia. En Sabadell, que tenemos un vínculo muy cercano con la población gitana, por la oficina jamás hemos tenido constancia de determinadas familias porque se ganaban muy bien la vida, pero esas familias nos han llamado a la puerta porque no tenían para comer”.

Jairo Jiménez también le ha servido esta situación para hacer un poco de autocrítica y reclama más unidad dentro y fuera del mundo asociativo gitano para poder hacer frente al antigitanismo y a las consecuencias de esta crisis sociosanitaria. “El antigitanismo aflora en todos los momentos de crisis. En algo como el antigitanismo seguimos sin trabajar todos a una. En el diagnóstico y la patología del antigitanismo estamos todos de acuerdo, pero cada uno trabaja desde su perspectiva. Nuestra tarea pendiente es tener una voz unida para demandar la protección de las necesidades más emergentes que tenemos en nuestro pueblo. Debemos ser conscientes que la situación que estamos viviendo nos va a hacer bajar unos peldaños. Me encantaría que, todos a una, tuviéramos una voz polífona que abarque la diversidad de nuestro pueblo y poner a un lado nuestras diferencias. Debemos trabajar en red más que nunca«.

Sobre el autor

Pedro Casermeiro Pedro Casermeiro
Pedro Casermeiro és llicenciat en Psicologia per la Universitat de Barcelona. És membre de la directiva de Rromane Siklǒvne i de la Fundació Privada Pere Closa. Pedro també es formador en llengua romaní i coordinador del “Museu Virtual del Poble Gitano a Catalunya”.

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