Conversamos con Rogeli Herrero, de Los Manolos

Conversamos con Rogeli Herrero, de Los Manolos

Hoy quiero compartir con vosotros la conversación que tuve hace unos días con mi compadre Rogeli Herrero de Los Manolos, un artista, una persona y un profesional a quien le brindo todos mis respetos, un amigo al quien tengo el honor de ofrecerle, con cariño, el título de ‘compadre’, en un mundo y un momento en que ya se hace difícil compartir esta deferencia con alguien.

Nos conocimos hace más de cuarenta años y siempre ha mantenido su postura con firmeza y elegancia. Siempre ha sido él mismo, y ha sabido serlo respetando a sus amigos y a la rumba catalana. Después de muchos años de dedicación, talento, disciplina y respeto por su profesión y por la rumba catalana se ha ganado ser todo un referente y ser parte de nuestra historia musical compartida. Y es que, su talento –y el de sus compañeros de formación– le ha permitido cabalgar en la frontera de la rumba catalana más ortodoxa y las vanguardias de su tiempo sin perder un ápice de esencia.

Rogeli es un hombre sencillo, con mucho sabor a barrio, padre de familia y profesor de oficio. La música ha sido su pasión, desde Jazz a funk, pasando por la clásica o la salsa, y civilizado en el barrio de Hostafrancs, barrio de gitanos y rumba catalana, de donde surge su pasión por nuestra música.  

De joven, los fines de semana se juntaba con los amigos y empezaron a hacer versiones de éxitos del momento por rumba, algo que funcionó y que le marcaría de por vida. Así nacen ‘Los Manolos’ en el barrio de Hostafrancs. Hacer música por diversión, y divertir al público, una ecuación muy sencilla y muy compleja que permite hacerse un sitio en este mundillo de la música.

Empiezan a hacer sus pinitos en Barcelona participando en conciertos de rumba, haciendo una música pegadiza, respetando el estilo y ganándose la amistad y confianza de la comunidad rumbera de entonces.

Yo aún recuerdo un bolo de Chipen donde ellos abrían el concierto. Fue verlos en escena y caer rendido a ellos. Me enamoré de su sencillez y no pude resistirme a invitarles a subir al escenario en el fin de fiesta para improvisar juntos. Y después de muchos años, sigo enamorado de ellos porque mantienen los mismos valores y la misma profesionalidad que el primer día.

Poco después de conocerles, deciden coger la furgo y marcharse a Madrid a ver lo que se cocía por allí. Consiguen hacer varios conciertos y, en uno de ellos, reciben una importante oferta de una multinacional. Tras mucho pensárselo, aceptan. Les montan una excelente campaña promocional, ‘Los Manolos’ se convierten en un fenómeno musical. Su estilo desenfadado y su peculiar look hacen que lleguen con mucha facilidad a un nuevo público

Si yo tuviera que definir su clímax artístico, obviamente sería la ceremonia de clausura de los Juegos Olímpico de Barcelona. Junto con Peret, Los Amaya y otros artistas, hicieron que la Rumba Catalana sonara en todas las televisiones del mundo.

Le pregunté por sus influencias y me describió su “Santísima Trinidad”. “Peret, porque su rumba tenía un sonido racial y puro, que nacía con una guitarra y unas palmas. El Pescaílla, por su estilo particular, más fusionado, con más influencia flamenca y con mucha solera. Y el Gato Pérez, que implica ir mas allá de la rumba, hacerla más grande, partió de lo ortodoxo, incorporó nuevos armónicos y letras diferentes con sabor a barrio, creó una rumba más heterodoxa que llegó a un público joven”, me explicó Rogeli.

Seguidamente le pregunté su opinión sobre el estado de salud de la Rumba Catalana. “La rumba siempre ha sido un género que está en la UCI y que, de tanto en tanto, se despierta y revive de nuevo”. “Quizás no estemos en un buen momento o no hemos sabido llegar a la juventud, que hoy en día tienen otras tendencias”, y continuó, “creo que hace falta una renovación de repertorio y no caer en repetir viejas versiones”.

Su recomendación para volver a salir de la UCI una temporada es “renovar repertorio con temas, fusiones, ponernos al día con las nuevas tendencias musicales, redes sociales, plataformas y canales de difusión y promoción digitales”. Y matizó, “sería la juventud la que tendría que tomar las riendas y no dejar que nos oxidemos, sino que nos incentivasen a hacer cosas nuevas, en las que ellos tomaran la dirección”.

La conversación siguió en torno al protagonismo que deben asumir los más jóvenes. Ambos convergimos que ellos tienen la llave, que no deben acomodarse y que todos debemos hacer piña más que nunca para que nuestras raíces musicales no se pierdan.  

Fue una charla de la que disfruté, pues tras cuarenta años, como he mencionado anteriormente, sigue profesando el mismo respeto a la profesión, a la Rumba Catalana y a sus colegas que el primer día.  

¡Que la rumba os acompañe!

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