“Somos gitanas, podemos estudiar. Puedes hacer un trabajo que te guste, elegirlo y hacerlo”. Entrevistamos a Yasmina Santiago, auxiliar de enfermería en el Hospital Vall d’Hebrón
Llego a las seis menos cuarto de la tarde al Hospital Vall d’Hebrón donde he quedado con Yasmina, una gitana que lleva cuatro meses trabajando en el servicio de Oncohematología de este hospital para charlar con ella y conocer la voz de una gitana con dieciocho años, que como auxiliar de enfermería está trabajando en lo que le apasiona. Espero, y a las seis en punto como habíamos quedado, aparece una chavorrilla de ojos enormes, vivos y de mirada fija y sincera. Una gitanilla preciosa que me recibe sin lache ninguna y los dos nos vamos caminando a la cafetería del Hospital. Yasmina me dice que no entiende porqué se le quiere hacer una entrevista, a ella que es muy joven y todavía no tiene experiencia de la vida. Lejos de notarle distante y extraña, me habla con mucha amabilidad y cariño, con una seguridad simpática que asegura conversación provechosa. Nos sentamos en una mesa alejada de la gente para poder hablar más tranquilos y pide un refresco y un pequeño bocadillo de jamón del bueno. Viene de hacer un turno de ocho horas y su energía me da envidia.
_Pues te quiero entrevistar porque llega el 8 de marzo, día de la mujer, día de la mujer trabajadora y tú eres una referente por tu trayectoria y por tu esfuerzo, y creo que es interesante una conversación contigo.
_ A ver qué tal… Yasmina ríe, suelta una carcajada en una cascada de aguda inocencia, como joven que es, y con la seguridad que le da su hermosura.
_Hablaremos de tu vida, de tu lucha como mujer gitana y hablaremos de ti como auxiliar de enfermería, tu profesión. Tus perspectivas de futuro.
_Vale!! Adelante.
_Entonces ¿tú estás en el servicio de Oncohematología del Hospital Vall D’Hebrón en Barcelona?
_Sí.
_¿Allí te enfrentarás a situaciones complejas todos los días?
_Claro. Son pacientes que vienen con cáncer, con leucemia. Lo que hacemos ahí es tratarles, primero la fase de quimio y después, si no se curan, pasamos a la fase de trasplante. Que puede ser con un donante familiar o no. Luego se hace un “CAR-T”, una técnica que yo no conocía, y que se basa en extraer líquido de la médula, lo reeducan genéticamente y lo vuelven a introducir en la médula para que contraataque a la enfermedad.
_Ese es tu día a día.
_Sí. Y muchas otras cosas.
_¿Cuándo descubriste que te gustaba eso de la medicina, ayudar a la gente vulnerable por su enfermedad?
_Desde pequeña, siempre. Recuerdo que jugaba con mi hermano, y le metía un rollo de papel en la barriga haciendo que estaba embarazado y después yo tiraba del papel y se lo sacaba como si fuera un bebé. De pequeñita me gustaba mucho eso. No sé por qué. Yo quería ser comadrona.
_Tú has vivido en Lleida, en la Mariola. ¿Hasta qué edad estuviste allí?
_Estuve desde los tres años hasta los once. Y a los once vine a Baró de Viver, aquí en Barcelona.
_¿Y siempre habías tenido esa intención de estudiar?
_Sí, yo sí.
_¿Hay alguien en tu familia que haya estudiado? Alguien conocido o cercano que estudiara y te motivara a estudiar.
_Una prima mía de Manresa hizo un ciclo de Comercio y Marketing.
_¿Y de pequeña sacabas buenas notas en el cole?
_Sí. En el cole sí. En la ESO ya me iba costando más.
_O sea que, siempre has ido sacando para adelante los cursos y se te ha dado bien estudiar.
_ Sí, pero también porque yo ponía muchísimo interés.
_Te gusta estudiar!!
_Sí. Me ha costado, pero me gusta.
_Y cuando ya eres un mocita, con catorce o quince años, ¿tenías claro que querías estudiar algo más allá de la ESO. Te llamaban la atención los estudios?
_Sí. A mí me gusta estudiar. En la ESO eran asignaturas obligadas que no comprendía para que me iban a servir en la vida, pero tenías que aprobarlas para conseguir el título. Y ahí, con Rromane Siklǒvne hacía refuerzo todas las tardes, estudiando y estudiando, pude sacármelo y hacer lo que hago.
_¿Y después de la ESO, qué hiciste?
_Hice un Ciclo de grado medio de Auxiliar de Enfermería que duró un año y tres meses. Y después empecé a trabajar aquí en el Hospital donde llevo, ahora mismo, casi cinco meses.
_Este hospital es uno de los más importantes de toda España. Un hospital con muchos pacientes diarios, con especialistas en casi todas las ramas sanitarias. Un hospital público de referencia, centro de investigaciones, terapias y tratamientos punteros de enfermedades.
_¡Claro! Yo me he encontrado a gitanos de Lleida en el hospital, no me han reconocido. Aquí llega gente de toda Catalunya. Por ejemplo, en trasplantes es toda una referencia, hay mucha gente que se recuperan y se curan.
_¿Hay más gitanas auxiliares de enfermería?
_No, en este Hospital no conozco ninguna.
_¿Y otro tipo de profesional?
_He visto a gitanas en tareas de limpieza. Algún gitano celador, estos que llevan las camillas, se ocupan del material.
_¿Tu trabajo es duro?
_Sí –su contundencia al decirlo es de quien sabe lo que se dice-. Es bonito, a mí me gusta, pero es duro. Primero porque tratas con personas enfermas, situaciones complicadas, el auxiliar tiene que estar muy en contacto con el paciente, estamos muy pendientes de ellos y sufres emocionalmente mucho. Los enfermos me tienen a mí, yo les hago de psicóloga, empatizo con ellos. Cuando salgo de trabajar me llevo a casa todo ese sufrimiento. Pasas muchísimo tiempo con el paciente que necesita contarte sus cosas, desahogarse, te tiene a ti. Y veo situaciones que hay que tener el corazón de hierro para que no te afecten y yo no tengo el corazón tan duro. Hay gente muy profesional en el trabajo que sabe separarse emocionalmente algo más. Me han dicho las compañeras que llegará un momento en que yo también sabré hacerlo, pero donde estoy es un área muy complicada y he visto niños de mi edad, de dieciocho años, que han fallecido. En fin, esos momentos son muy duros.
_¿Hay cosas que te sorprenden en tu trabajo?
_Claro que sí, hay cosas. Por ejemplo, cuando los pacientes te ven y te preguntan, ¿cuántos años tienes, y de dónde eres? Y le contesto, española soy española. ¡No, te dicen, española no eres, eres latina! Entonces ya le digo, mira soy gitana. Y se quedan un poco sorprendidos. ¡Ah, pues es la primera gitana que veo de enfermera! me dicen.
Yasmina no deja nunca de sonreír, de reírse de las cosas, como quien sabe que ésta es la mejor forma de alejar los malos rollos.
_Y tu futuro académico, ¿cómo lo planteas?
_Ahora mismo quiero quedarme donde estoy, sin pensar en estudiar nada más. Estoy cómoda y quiero este día a día.
_¿Y qué queda de la matrona que querías ser desde pequeña?
_¡Ya matrona, no! Pero enfermera, sí.
_¿Y cómo lo harías?
_Pues serían dos años de Grado superior y después la Universidad que serían, como mínimo, dos años y medio o tres. Lo que me echa un poco para atrás es que estudiando y trabajando se te hace imposible. Luego mi madre está sola, tiene a mis hermanos, mi madre también trabaja y yo le tengo que ayudar. Ahora mismo no puedo estudiar. El día de mañana, cuando mis hermanos sean grandes, si puedo, pues lo haré.
_Eres muy valiente y muy madura. Una niña con tu edad no hace lo que tú estás haciendo. Pero ni gitanas ni payas. ¿Qué edades tienen tus compañeras?
_Pues de veintidós para arriba. Soy la más niña de todo el Hospital, no solo del área en donde estoy.
_Y valiente porque has elegido con tan poca edad lo que quieres ser.
_Sí, pero también porque ves situaciones que te han pasado en tu vida que te hacen aprender y decir, ¡yo no quiero pasar por lo mismo! También eso me ha hecho pensar en lo que debía hacer para tirar adelante. Y el apoyo de mi gente, de mi madre, de mi abuelo. Están super contentos. Yo les decía, ¡quiero ser enfermera! Ellos respondían, ’¡sí nena, astronauta!’. Al principio no pensaban que llegaría a estar donde estoy. Me costó un poquito convencerles. Se veía mal que una niña saliera fuera de su casa, por ejemplo, cinco días para hacer un curso que hice en Almería, en Mojácar, de especialización de tratamiento en UCI. Y yo les decía, mirad que yo quiero esto, que me a servir para estar mejor preparada, me interesa y me gusta ese tema. Al final, confiaron en mí. Y cuando volví con mi título –se le enciende la cara de satisfacción– pues lo entendieron todo.
Ella, y ahora yo también porque me ha contagiado, nos reímos. Soltamos una carcajada. Miramos por la gran vidriera que da a la calle, desde donde se ven unos pinos mediterráneos largos y elevados que por un momento parecen querer robar estos espacios al hombre y devolver la justicia de la naturaleza. Ella mira con esos enormes ojos el espectáculo de un atardecer tan bonito.
_Y en tu entorno, tus primas ¿han estudiado, o trabajan?
_No. De mi alrededor, ninguna se ha sacado la ESO y tampoco trabajan.
_¿Y por qué?
_Pues mira, uno porque quieren ser algo pero no les gusta estudiar, no quieren pasar por todo el esfuerzo que conlleva. Si no te gusta estudiar, es imposible. Y luego también no tienen interés. Yo he escuchado a niñas, ‘¡va, yo trabajo de lo que sea cuando me llegue el momento y ya está!’. Luego se ven en ese trabajo, que no les gusta nada y ven a otra que tiene el trabajo que ellas querían y no le salen las cuentas.
_Crees que cuando vayan surgiendo más mujeres como tú, ¿cambiará la situación?
_Bueno, a lo mejor sí. Las niñas verán que es posible hacerlo, dar ese paso. Somos gitanas, podemos estudiar. Puedes hacer un trabajo que te guste, elegirlo y hacerlo. Pero muchas creen que nosotras no servimos para estudiar. Y luego, cuando te pones, no es tanto. ‘¡Tú de gitana tienes poco porque te gusta estudiar!’, me han llegado a decir. Pues nada, yo seguiré estudiando y haciendo lo que tengo que hacer, y punto.
_Ahora que están las enfermeras luchando por mejoras laborales. ¿Cómo ves tú esa batalla?
_La cosa viene porque a los médicos les han subido el sueldo. Y si todos somos un equipo, si un médico necesita de una enfermera y ésta necesita de una auxiliar, tenemos que estar a la par, cada uno en su sitio, pero que las mejoras sean para todos. Se entiende que a los médicos les suban el sueldo. Son muchos años de carrera, luego están los horarios que deben hacer. Y no están bien pagados. Al igual que las enfermeras y las auxiliares que hacemos un trabajo que debería estar mejor pagado. Son muchas horas de jornadas largas que a veces, con el trabajo tan dedicado que hacemos, nos supera y podríamos trabajar y atender mejor con las mejoras que se están pidiendo.
_¿Y tú te unes a las huelgas. A los servicios mínimos?
_Pues no, sinceramente no puedo hacer vaga ni servicios mínimos porque el estado del paciente es importante. Los pacientes necesitan de un cuidado muy intenso. Cuando dicen, ¡venga servicios mínimos! ¿Qué hacemos? ¿No hacemos las camas o no repartimos medicamentos? No se puede, yo no puedo. El que sufre es el paciente, y él no tiene culpa de nada. Si nosotras, las auxiliares de enfermería, hiciésemos huelga se pararía todo. Los hospitales se pararían.
_Tenéis la sartén por el mango. Sois la base.
_Creo que sí.
_Y las gitanas, ¿tienen alguna sartén por el mango? ¿Podrían cambiar las cosas si se unieran, si se organizasen para conquistar alguna cosa?
_Pues, seguramente sí. Lo que sí sé es que la que quiere cambiar su vida y su entorno, lo puede conseguir. Y la que no quiere, no quiere. Yo he hablado con gitanas que piensan distinto. Me ven y reconocen que está bien que yo haya conseguido estar trabajando donde quiero. Pero ellas no quieren eso. Son maneras distintas, y no significa que sea ni mejor ni peor. Por ejemplo, a quien le gusta estudiar, le gusta, y ya está. Y hay personas a las que no les gusta. Y no es mejor ni peor.
_El día de la Mujer se celebra y la mujer sale a la calle a pedir igualdad en derechos y mejoras en sus vidas. ¿Qué opinas?
_Yo no tengo una opinión muy clara. Necesitamos justicia para aspirar a los trabajos, con sueldos equiparados y las mismas oportunidades para todo. ¡Eso está claro! Pero yo de esos temas, no sé. No me los planteo.
La sencillez de esta gitana me llama poderosamente la atención porque su discurso está regido por el sentido común y por el respeto al otro. Es curioso ver como alguien tan joven, con tanta energía, dentro del mundo laboral y a la que se le exige socialmente un posicionamiento claro, no tiene conciencia de clase. Todo lo resuelve desde la tolerancia y una lógica tan sencilla. Se le entiende perfectamente su idea fija de que hay que tener el margen de libertad para elegir y hacer lo que crees y necesitas más allá de lo que la sociedad te exige o es políticamente correcto.
_¿Crees que hay racismo en la sociedad?
_Mucho. Demasiado. A mí, en el Hospital, compañeros y pacientes me preguntan sobre mi cultura. ‘¿Y cómo es eso de que os casáis tan pronto?’ me dicen. Y yo les contesto, ‘pues mira porque no queremos tener los hijos tan viejos, como los tenéis vosotros. La fuerza de una persona para criar hijos está en la edad joven. Porque además no aprovechas esos años para disfrutar de tus hijos. Después de viejo, ya no puedes’. También me encuentro que hay muchos prejuicios.
_Manda, por favor, un mensaje a las otras niñas gitanas que están en la ESO o en primaria. ¿Qué les dirías?
_Pues a las que están en la ESO, que aguantes el proceso de la ESO, que te esfuerces, porque sé que cuesta. Que a pesar de todas las responsabilidades que puedas tener más allá de los estudios, no los dejes. Que superes ese tiempo de la ESO para después, aunque no tengas claro lo que quieres estudiar ahora mismo, puedas hacer un Ciclo o estudiar otras cosas. Que te gradúes, que termines la ESO.
_¿Cómo te ves de aquí a diez o quince años? ¿Dónde te ves? ¿Con quién te ves? ¿Cómo proyectas tu vida en ese futuro cercano?
_Trabajando en lo que hago porque me ha gustado, me encanta lo que hago. Hacer mi vida, tener mis niños y hacerles llegar lo importante que es estudiar y estar preparado en esta vida. Que vean a su mama levantarse, madrugar, tener un trabajo en un Hospital y que les pueda servir de ejemplo.
_¿Cuántos hijos quieres tener?
_Poquitos Juan. Dos o tres. No muchos.
_Pues te deseo mucha suerte Yasmina.
En este momento, esta mujer suelta una carcajada divertidísima con la que me desarma. Mi intención ha sido desearle suerte en la vida. Ella no sé cómo lo ha entendido y qué le ha hecho tanta gracia. Pero me parece fantástico terminar esta entrevista como la empezamos, riendo. Significa que ha sido amena y agradable. Así lo siento.
Estamos ante una niña comprometida con su trabajo, un trabajo vocacional del que me cuenta que hoy tenía que haber salido hora y media antes, pero que se ha quedado para cubrir la baja de una compañera porque no quiere dejar de atender a sus pacientes. Es un modelo a seguir, del que aprender.
Esperamos que todas vosotras, señoras gitanas y no gitanas, tengáis y paséis un día de la mujer precioso y que podáis tener un rato para pensaros y decidir cuál sea vuestro futuro. Que podáis ir conquistando todos los territorios que os merecéis y de las que estáis totalmente preparadas para gestionar y vivir. ¡Mucha fuerza mujeres!
