Entrevistamos a Curro Carmona, campeón de España de lucha grecorromana
He quedado con Antonio Carmona, Curro, a las diez de la mañana en la puerta del Pabellón Olímpico Municipal de La Mina, un joven gitano de dieciséis años que acaba de proclamarse campeón de España sub-17 de lucha grecorromana. Llega con puntualidad, me saluda estrechándome la mano con seriedad y afabilidad al mismo tiempo. Nos hemos citado una hora antes de su entreno y, tras saludarme, lo primero que hace es entrar en las instalaciones deportivas y saludar a su entrenador Juan Carlos, toda una institución en el mundo de la lucha y que ha conseguido situar al Club de Lucha de La Mina entre los más laureados a nivel nacional. Los tres mantenemos una provechosa conversación, sobre todo para Curro, ya que su entrenador, con cada palabra y gesto, trata de motivarle y ayudarle a dar el salto que separa la adolescencia de la madurez en el mundo deportivo. Perseverancia y disciplina. Curro me acompañó a una sala para poder conversar tranquilamente.
¿Cómo empieza tu afición por la lucha?
Hace unos tres años, vine con mi primo José para apuntarnos a futbol sala, nos dijeron que debíamos esperar unos meses al inicio de la actividad y recuerdo que mi primo dijo: “¡vamos a probar la lucha!”. Yo ya había hecho lucha de pequeño, con seis o siete años, y no tenía muy claro si quería volver de nuevo. Pero, por acompañar a mi primo, retomé la lucha y, entreno tras entreno, me gustaba cada vez más, y aquí estoy, ahora es el deporte de mi vida.
¿Cuáles han sido tus referentes en la lucha?
No tenía referentes, de pequeño no fue una decisión mía. Supongo que mi madre me apuntó a lucha para cansarme un poco y que me durmiera del tirón. Me mira y ríe. Y luego ya de grande, el culpable fue mi primo.
¿Cómo fueron esos años cuando empiezas a entrenar en serio?
La verdad es que fue muy duro al principio, era un nivel de entreno muy exigente. Dos horas y cuarto cada día, de lunes a viernes. No sólo practicábamos lucha, también entrenaba resistencia física y pesas.
Ahora he empezado a venir a entrenar por las mañanas porque el nivel europeo es muy alto.
¿Has participado ya en alguna competición internacional?
El año pasado estuve en un campeonato internacional, en Clermont-Ferrand, en Francia, quedé subcampeón, me derrotó el contrincante de Bulgaria. Allí pude comprobar que el nivel general que hay en otros países parecía superior al nuestro.
¿Cuándo te diste cuenta que tenías nivel para competir?
Siempre que subo al tapiz pienso que voy soy mejor y voy a ganar, es mi mentalidad. Pero también soy realista, soy muy consciente que ahora mismo no tengo el nivel necesario para ganar un título europeo.
¿Qué necesitas para subir de nivel?
Hacer lo que estoy haciendo, entrenar duro, con buenos entrenadores, con un buen equipo y dedicarle mucho tiempo.

El pasado 16 de marzo en León, Curro Carmona se hizo con el campeonato de España U17. Le acompañó en el podio, en segundo lugar, su compañero de club Rafael Amaya
¿Cómo han reaccionado tus familiares y vecinos del barrio al saber que eras campeón de España?
Pues la familia estuvo todo el rato llamándome por teléfono para felicitarme. Ellos no pudieron acompañarme a León, pero siguieron la emisión en directo y me vieron ganar. Cuando subí una foto a las redes sociales con el título, todos los amigos de aquí del barrio me escribieron también para felicitarme. Todo el mundo ha estado muy bien conmigo.
¿Qué cambia en tu vida ahora que eres campeón de España? ¿Qué retos te planteas?
Ahora lo que quiero es ser campeón de Europa, campeón del mundo y campeón olímpico. Esas son mis metas. Me planteo ir a la olimpiada de 2036, allí tendría 28 años y mucho entrenamiento a mis espaldas. La mejor edad para subir de nivel es precisamente ahora. Si entreno muy bien ahora, con veinte años habré subido mucho de nivel y tendré bastantes años aún para seguir mejorando. Empezar a trabajar en serio a los veinte años, es demasiado tarde.
¿No tienes prisa por querer explotar como luchador?
No, yo quiero ir poco a poco, sin prisas.
La vida de un deportista de élite es muy sacrificada y disciplinada, ¿estás preparado para llevar con constancia esta vida? ¿Quieres ser profesional?
Por supuesto, yo quiero ganar todo en este deporte, quiero llegar a ser la mayor referencia para mi barrio y también para España. Hasta la fecha, ningún hombre español ha conseguido una con medalla olímpica en lucha, sólo una mujer, Maider Unda, y a mí me gustaría ser el primer medallista olímpico.
Cuando tienes un bajón de energía, o de motivación, y te ves sin fuerzas para entrenar, ¿qué haces?
Vengo a entrenar. Si vienes a entrenar el día que no tienes ganas, es cuando haces tu mejor entreno, te esfuerzas el doble, es cuando das lo mejor de ti. No todo el mundo tiene ganas de entrenar tres horas al día, cinco o seis días a la semana. Es muy agotador. Los días que no he tenido ganas, me he obligado a venir y he dado lo mejor de mí ‘porque el que algo quiere, algo le cuesta’. Esos días, acabas el entreno y te sientes muy bien contigo mismo.
¿Qué opinan tus padres de que estés llevando este deporte con disciplina?
Mis padres me obligan también a venir cuando no tengo ganas. Han visto que me he esforzado tanto, que cuando me ven dudar algún día, me obligan. Tengo suerte, tengo una casa que me apoya mucho en el deporte que hago y están todos orgullosos de lo que estoy haciendo.
¿Cuáles son tus siguientes pasos en la lucha?
Ahora quiero competir en Europa, quiero ser campeón de Europa. Si no puedo este año, entonces el que viene subiré de categoría y competiré con gente con muchísimo nivel, incluso te puedes encontrar campeones seniors, de su país, en la categoría por debajo de los veinte años. Lo único que puedo hacer es seguir entrenando para ser mejor que todos ellos.
¿Qué consejo de darías a otros jóvenes?
Con el deporte se pueden solucionar la vida, en un barrio gitano lo que te espera es tener un trabajo que no te guste en el que además no ganas nada, o puedes entrar en un mundo poco adecuado. Sin embargo, el deporte es una alternativa para ganarte la vida haciendo algo que te guste.
Curro continúa explicándome que esa misma tarde tiene una entrevista de trabajo y que le gustaría trabajar por las mañanas y entrenar por las tardes. Y justo antes de que pudiera preguntarle por esa entrevista, irrumpió su entrenador. Acababan de dar las once y el resto de compañeros y compañeras esperaban en el tapiz para iniciar el entreno. Nos despedimos en ese momento. Me fui con la sensación de haber compartido una conversación con un joven llamado a escribir muchas páginas de gloria para el deporte y para el barrio de La Mina. ¡Suerte primo!
