El Plan Integral del Pueblo Gitano de Cataluña consigue que seis estudiantes gitanos accedan al grado universitario escogido en primera opción

El Plan Integral del Pueblo Gitano de Cataluña consigue que seis estudiantes gitanos accedan al grado universitario escogido en primera opción

El pasado 13 de julio se publicaron las notas de corte de acceso a los diferentes grados universitarios de Cataluña, un momento que esperaban con ilusión los seis estudiantes del Grupo de Acceso a la Universidad (GAU) que este año habían conseguido superar las pruebas de acceso a la universidad para mayores de 25 años.  

Tras casi dos meses de espera, los alumnos que se presentaron a las pruebas de acceso a la universidad para mayores de 25 y 45 años, el miércoles de la semana pasada supuso la prueba final, conocer si sus notas serían suficientes para acceder a la carrera universitaria soñada.  

El Grupo de Acceso a la Universidad es una de las iniciativas más exitosas que la administración catalana desarrolla con la población gitana. Durante ocho meses, hombres y mujeres gitanas, que en la mayoría de ocasiones abandonaron la educación obligatoria sin graduarse, se preparan para hacer frente a las pruebas de acceso a la universidad para mayores de 25 y 45 años.

Tras once exitosas ediciones del GAU, el Plan Integral del Pueblo Gitano demuestra con esta iniciativa que las personas gitanas confían en la formación y en la educación como recurso para su presente y su futuro, para conseguir estabilidad y autonomía para salir de la situación de exclusión social y económica en la que se encuentra una parte muy significativa de la población gitana.

El pasado mes de mayo, los alumnos del GAU se presentaron a las esperadas y también temidas pruebas. La mayoría de los estudiantes se preocupaban porque tras varios meses realizando un gran esfuerzo para compaginar vida laboral, familiar y académica, debían dar lo máximo de sí mismos en diferentes exámenes. Después debían esperar a sus notas y después debían esperar a la publicación de las notas de corte del grado elegido.  

Entre las aprobadas este año está Ana María Fernández, madre de familia, vecina del barrio Ca n’Espinòs de Gavà. Aunque Ana María siempre había valorado la formación –ha conseguido que sus dos hijos se encuentren hoy cursando estudios universitarios– no creyó que la universidad fuera una opción para ella pero, animada por el equipo técnico del PIPG, decidió dar el paso y se apuntó al GAU.  

El verano pasado, la universidad no formaba parte ni de sus expectativas de futuro ni de sus deseos personales, pero este septiembre Ana María empezará la carrera de Trabajo Social. “Nunca imaginé que yo podría llegar a la universidad, para mí era algo inalcanzable. Ahora ya puedo acceder al grado que yo quería, podre darle un giro a mi vida y sobre todo a los de mi alrededor”, explica con ilusión Ana.

“Quiero formarme para mejorar mis condiciones laborales y así poder trabajar en algo que no me supere ni física ni psicológicamente, somos personas, como el resto de la sociedad, y eso nos da derecho a mejorar nuestra calidad de vida”, nos comenta Ana, y es que mejorar las condiciones laborales y económicas sigue siendo uno de los principales motores que conduce a las personas gitanas a la universidad.

El caso de Elías Beltrán, otra de las personas que este otoño empezarán un grado universitario gracias al GAU, es muy singular. Padre de tres hijos y vecino del barrio de Bon Pastor, al igual que muchas personas gitanas tuvo que abandonar la educación de joven por circunstancias económicas y dedicarse a la venta ambulante, su actual oficio.  

Inspirado por su familia, Elías decidió retomar sus estudios con el Grupo de Acceso a la Universidad y, tras pasar con éxito las pruebas, en septiembre empezará el grado universitario de Teología Evangélica. El afán de superación y las ganas de demostrar que las personas gitanas pueden lograr todo aquello que se propongan es una de sus motivaciones,  “estudiar Teología va a suponer un punto de inflexión en la imagen que reflejo como gitano y como creyente. Quiero demostrar que un vendedor ambulante, si se lo propone, puede ser teólogo”.

Elías nos explica que en la universidad no busca una alternativa a su actual oficio como vendedor ambulante, pero que sí quiere desarrollar con mayor profundidad su faceta como pastor evangélico y quizás llegar a ser maestro de otros pastores dentro de la iglesia evangélica de Filadelfia.

Ana María, Elías y el resto de aprobados este año, Patricia, Carlos, Israel y Santos nos muestran con normalidad que la universidad es una opción más para las personas gitanas, una opción más para enfrentarse al mundo laboral –incluso al mundo espiritual– tan válida como cualquier otra. Gracias a sus pasos, gitanas y gitanos empiezan a ver con normalidad el camino hacia la universidad, y nos ayudan a dejar atrás viejos prejuicios y romper barreras sociales.

 

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