La Federación de Asociaciones Gitanas de Cataluña celebra 600 años de memoria y cultura en el Palau Robert
Instituciones y miembros del pueblo gitano se reúnen para reivindicar el patrimonio cultural y la memoria colectiva a través del cante, el baile y la música, en una jornada que destaca la importancia de la resistencia y el reconocimiento histórico.
Este año, las ya tradicionales Jornadas de Cultura de la Federación de Asociaciones Gitanas de Cataluña (FAGiC) pusieron el énfasis en la conmemoración de los 600 años de presencia del pueblo gitano en la península ibérica, así como en la celebración de las aportaciones de la cultura gitana a la sociedad, destacando el cante gitano y su papel crucial en la construcción de la memoria colectiva.
El evento central fue la conferencia del musicólogo e investigador Gonzalo Montaño, experto en cante gitano, quien abordó con rigor y sensibilidad tanto la historia como la actualidad de esta expresión musical.
Antes de la conferencia, Simón Montero, presidente de FAGiC, dio la bienvenida al público y destacó el arte gitano como un elemento fundamental para la construcción de la memoria histórica de su pueblo.
“Si algo caracteriza a nuestra comunidad es que hemos transmitido nuestra memoria, nuestra historia y nuestra identidad a través del arte: el cante, el toque y el baile han sido vehículos de resistencia, dignidad y conexión intergeneracional. Cada compás del flamenco es una página de nuestra historia, escrita con las manos y el corazón. El flamenco, el cante gitano y la rumba gitano-catalana no son solo arte, son nuestra voz convertida en un patrimonio universal, un archivo sonoro de nuestra memoria histórica”.
Montero también hizo referencia al proyecto europeo JEKHIPE —que en lengua romaní significa ‘unión’— impulsado por FAGiC junto a otras entidades, cuyo objetivo es fortalecer la participación, la memoria y los derechos del pueblo gitano en toda Europa.
“Este proyecto nos recuerda que la cultura y el arte son herramientas de empoderamiento colectivo y reconocimiento de nuestra historia compartida. Porque cuando la cultura se comparte, la sociedad se fortalece; y cuando el pueblo gitano tiene voz, toda Cataluña gana en diversidad, libertad y humanidad. Sigamos construyendo entre todos una Cataluña más justa, diversa y orgullosa de su identidad gitana”, invitó Montero, animándonos a avanzar juntos.
A continuación, tomó la palabra Xavier Menéndez y Pablo, director general de Memoria Democrática de la Generalitat de Cataluña, quien recordó “la obligación de reparar la memoria de las víctimas de la Guerra Civil y del franquismo, especialmente de los colectivos represaliados durante la dictadura, sustentada en los principios de justicia y verdad”.
Subrayó la importancia de escuchar la voz del pueblo gitano y lamentó la ausencia de estudios y de investigaciones sistemáticas que documenten las experiencias del pueblo gitano durante la dictadura.
“Echamos de menos estudios, investigaciones y una búsqueda sistematizada de información que nos acerque a las vivencias de aquellos y aquellas gitanas que padecieron abusos durante la dictadura”.
Menéndez y Pablo también recordó que el Parlament de Cataluña está discutiendo una ley de memoria democrática que busca ser lo más completa posible, incorporando las aportaciones de distintas entidades gitanas. Además, anunció que desde la dirección de Memoria Democrática se trabaja en la creación de una comisión de estudio para analizar la trayectoria del pueblo gitano durante la dictadura.
Menéndez finalizó su intervención alertando sobre el auge actual de los discursos de odio, especialmente hacia minorías como el pueblo gitano, y defendió el papel de las políticas públicas de memoria como herramienta para combatir el olvido, el racismo y la xenofobia. “El sufrimiento de las víctimas y sus descendientes debe ser escuchado, sobre todo en un contexto europeo donde resurgen discursos de extrema derecha”, apuntó.
La directora de FAGiC, Anabel Carballo, tomó la palabra para agradecer las palabras del director de Memoria Democrática y reflexionó sobre la memoria colectiva: “Cuando hablamos de memoria, nos referimos al conjunto de recuerdos colectivos del pasado que el pueblo gitano guarda: sus vivencias, sus luchas, sus logros, su sufrimiento, sus alegrías y también su trauma. No hablamos de fechas ni hechos específicos, sino de la forma en que el pueblo recuerda su historia desde su propia experiencia, especialmente cuando ha sido excluido e invisibilizado por la historia oficial”.
“Hoy viajaremos a una historia que rara vez aparece en los libros de texto, una historia transmitida de generación en generación. Hablaremos de la memoria del pueblo gitano a través de su cante”. Con estas palabras, Carballo dio paso a la conferencia de Gonzalo Montaño Peña.
Promotor cultural, activista de los derechos del Pueblo gitano, su trabajo se centra especialmente en la visualización y puesta en valor del patrimonio cultural gitano, tanto en España como fuera de ella. Es musicólogo e investigador especializado en Flamenco. Ha publicado en numerosas revistas especializadas y ha coordinado un proyecto de iniciativa europea que documenta el Patrimonio Cultural Romaní en Europa con el objetivo de convertirse en una ruta cultural reconocida por el Consejo de Europa, un proyecto en colaboración con ERIAC (Instituto Europeo Romaní para las Artes y la Cultura) y la Asociación Nacional Presencia Gitana.
En su ponencia, Gonzalo Montaño abordó tres ejes fundamentales de la resistencia histórica del pueblo gitano: la lengua romaní, el cante gitano y la rumba catalana. Con una mirada crítica y, al mismo tiempo, celebratoria, invitó a reconocer en estas expresiones artísticas no solo una herencia cultural, sino también una forma de supervivencia, dignidad y transmisión de saberes.
“La memoria gitana no está escrita en los libros oficiales. Vive en la oralidad, en el cante, en la lengua, en los cuerpos que bailan, en las palabras que persisten”, afirmó Montaño.
A partir de ahí, su intervención recorrió siglos de persecución institucional, desde la primera Pragmática antigitana de 1499 hasta las formas contemporáneas de apropiación cultural y blanqueamiento que aún afectan al flamenco y a sus raíces gitanas.
Uno de los ejes centrales de la ponencia fue la lengua Romaní, perseguida desde la llegada de las primeras familias gitanas a la península en el siglo XV. Montaño explicó cómo esta lengua —elemento clave de identidad y cohesión comunitaria— fue considerada una amenaza por el proyecto de homogeneización cultural de las monarquías hispánicas. Las leyes prohibían su uso, lo que provocó una ruptura en su transmisión intergeneracional y relegó el idioma al ámbito privado.
En ese vacío impuesto, el Cante gitano emergió como un nuevo archivo de memoria. Según Montaño, el cante fue mucho más que una expresión artística: fue un lenguaje emocional y una forma de relatar la historia del pueblo gitano cuando ya no podía hacerse en su idioma original. Durante siglos, en medio de la represión cultural, el cante guardó las voces, las heridas y también las alegrías de una comunidad que nunca dejó de crear. “El cante resistía donde la lengua fue silenciada”, señaló.
Más adelante, el musicólogo abordó la evolución del flamenco y su profesionalización en el siglo XIX, con figuras clave como Tío Luis el de la Juliana o el Planeta, gitanos que fueron —dijo— “guardianes de la memoria y transmisores de una historia que no se escribió”. Sin embargo, también denunció el proceso de desplazamiento del sujeto gitano en el flamenco a medida que este se adaptaba a los gustos del público mayoritario. Una apropiación que, según explicó, aún persiste en muchas formas de representación cultural.
Finalmente, Montaño reivindicó el valor de la Rumba gitana catalana, nacida en los años 50 en barrios populares como el Raval, Gràcia u Hostafrancs, como una expresión contemporánea y mestiza de la identidad cultural gitana. “La rumba no nació en los conservatorios, sino en las calles, en los patios, en las celebraciones familiares”, afirmó. En este estilo musical convergen lo gitano y lo catalán como identidades inseparables, y se expresa una alegría colectiva que también es forma de resistencia.
La ponencia cerró con una llamada urgente a la recuperación del Romaní y a la defensa activa de la memoria gitana como patrimonio vivo. “La memoria no se conserva sola. Hay que defenderla, hay que protegerla, hay que transmitirla… y cantarla”, concluyó Montaño.
Tras el debate con el público asistente, las Jornadas de Cultura Gitana 2025 finalizaron con la entrega de los Premios a las ganadoras del proyecto “Pintem de Gitano Catalunya”. Así concluyó una tarde lluviosa en Barcelona, pero también una jornada llena de voces y reflexiones que recuerdan la importancia de continuar trabajando para que la cultura gitana sea reconocida, valorada y difundida en todos los espacios públicos de Catalunya.
