Aterriza en Barcelona el proyecto artístico Voices
El pasado miércoles 7 de mayo se presentó en el Centro Cultural Albareda el resultado de dos años de trabajo artístico y comunitario con más de cien jóvenes de diferentes países europeos.
El proyecto, financiado con el apoyo de Programa Erasmus+, ha sido liderado por la entidad belga Madam Fortuna y ha recogido la participación de las entidades barcelonesas Carabutsí y el Taller de Músics, además del Youth Cultural Center de Bitola, Macedonia, Alarm Theater de Alemania, y Teatr Brama de Polonia.
A lo largo de los dos últimos años, Voices ha reunido a jóvenes de cada uno de los países participantes en numerosos talleres de teatro, de música y actuaciones en vivo. Actividades que, además de servir para potenciar las capacidades artísticas de los participantes, también se han orientado a la generación de puentes entre diferentes culturas y al empoderamiento de los jóvenes para una sociedad intercultural.
Tras pasar por Bélgica, Polonia, Alemania y Macedonia, el proyecto presentó sus resultados con un encuentro entre los jóvenes artistas y el público en el barcelonés barrio de Poble Sec. Además de regalar la actuación de tres agrupaciones musicales, también se presentó un documental con el resumen del proyecto y se presentó un manual con las claves para que otras entidades puedan replicar la misma experiencia formativa.
Entre los jóvenes artistas del proyecto se encontraban Ramón, Santos Gabarre y Manu Gabarre, jóvenes gitanos del barrio del Raval que deleitaron al público con un par de rumbas catalanas. Los tres nos explican que se implicaron en el proyecto por su “pasión por la música”, y no solo se decantan por la rumba catalana, sino también por otros estilos como el flamenco, la salsa o el pop. Santos destaca también que ha sido una gran oportunidad para “mezclar culturas diferentes, para conocer a muchas personas y divertirnos haciendo música juntos”.
“La música no tiene fronteras, el teatro tampoco. Se puede juntar un gitano con un afroamericano y van a tocar juntos, y va a sonar ‘afroflamenco’. Mezclando culturas, personalidades diferentes, personas de diferentes lugares se puede crear una fusión y una cinemática increíble”. Así nos explicaba Ramón uno de los principales aspectos del proyecto, fomentar el diálogo entre culturas con el arte como vehículo.
Sam Garcia, formador del proyecto y coordinador de Carabutsí también realza el poder transformador que el arte puede aportar a la sociedad. “La juventud, a través de la música y el teatro, tiene un gran poder para cambiar la sociedad porque estas expresiones culturales pueden transmitir mensajes importantes, crear conciencia y promover la empatía. La música y el teatro permiten a los jóvenes compartir sus historias, sus luchas y sus sueños de una manera que llega al corazón de las personas, rompiendo barreras y fomentando la comprensión entre diferentes comunidades”, compartió Sam.
El coordinador de la entidad gitana también subraya que el arte es un espacio de “resistencia” para el pueblo gitano, ya que “actuando, tocando y cantando se han ganado muchas batallas contra el antigitanismo”, y continuó concluyendo que “el arte inspira a otros a reflexionar, a cuestionar prejuicios y a actuar para construir una sociedad más inclusiva y respetuosa”.
No obstante, el proyecto también ha dejado momentos muy difíciles. Sam, visiblemente emocionado, dedicó el proyecto a Chayanne Soto, un joven participante que abandonó este mundo precipitadamente con 22 años mientras cumplía uno de sus sueños, viajando a Macedonia a conocer gitanos de otros países. Sam nos explica que bromeaba con él, “tienes que pensar en formar tu familia, allí conoceremos a muchos gitanos, de allí te traeré casado”, y nos explica que a él “se le iluminaba el rostro con una sonrisa”. Lamentablemente, el siete de julio de dos mil veintitrés, tras un caluroso y largo día de ensayos, Chayanne sufrió un accidente cardiovascular y nos dejó.
Aquello fue un golpe muy duro para el equipo y todos los jóvenes del proyecto, en especial para Sam García. Tras casi dos años, Sam sigue emocionándose al recordar lo ocurrido y agradece todo el apoyo recibido por entidades gitanas, por las iglesias de Filadelfia de Cataluña, pero especialmente por parte de su familia, su mujer y sus hijos. Un apoyo que, explica, fue decisivo para “no rendirme y que el proyecto siguiera adelante en homenaje a mi sobrino Chayanne Soto”.
