Francisco Suárez repasa la historia de la dramaturgia gitana

Francisco Suárez repasa la historia de la dramaturgia gitana

La Fundació Privada Pere Closa organizó una conferencia en la Librería Byron para acercar parte indispensable de la cultura gitana a la ciudadanía de la mano del principal director de escena gitano.

La Fundació Privada Pere Closa con el apoyo de The Nando and Elsa Peretti Foundation han tomado la decisión de apoyar incondicionalmente a jóvenes gitanas y gitanos, y ofrecerles un manjar dulce y suculento, la educación y la cultura como medio de conectar a la infancia y a la juventud con la realidad del mundo.

Las palabras de Sebastián Porras Soto, jefe del área de Cultura de la Fundació, al principio del acto sirvieron de espuela para dar comienzo a un año en el que se harán varios eventos importantes que son la punta de iceberg del trabajo hecho para con estos niños, niñas y jóvenes. “Nuestra área quiere dar a conocer la rica y heterogénea cultura gitana, para así, trasladar una imagen positiva del pueblo gitano que sea real y libre de prejuicios y auto estereotipos. La acción ‘Cultura Gitana’ se inscribe en la vertiente cultural del proyecto para el éxito educativo de los niños, niñas y jóvenes gitanos en Cataluña y para la difusión de la cultura del pueblo gitano. El objetivo es poder escuchar a personas gitanas relevantes que nos hablan desde ámbitos culturales diversos, como, por ejemplo, el teatro. No queremos hablar ni de asociaciones ni de política. Hablamos de cultura gitana. Iniciamos este ciclo con Joaquín López Bustamante, periodista y escritor, hablando de poesía. Y hoy, encendemos el brasero de esta mesa camilla, por segunda vez”, decía Sebastián.

En este día cuatro de diciembre comienzan estos actos y eventos para el 2024-2025 con una conferencia a cargo de Francisco Suárez Montaño, dramaturgo y director de escena con cuarenta y dos espectáculos en lo alto y que con su experiencia nos contó, en la Llibrería Byron en la calle Casanovas de Barcelona, lo que es la dramaturgia y el teatro en general y la dramaturgia gitana en particular. Un hombre que, sabiendo, nos hizo entender que existe un teatro gitano con identidad propia y largo recorrido.

Quisiera esbozar aquí, no una historia ni una estética, sino una propuesta inédita de dramaturgia que surge cuando en la década de los setenta, el poeta gitano José Heredia Maya presentó en los escenarios su mítico espectáculo Camelamos Naquerar, febrero del 76, lírico y reivindicativo, que lo convirtió en un hombre de teatro, cuando Salvador Távora estrenó su Quejío (estrenado el 15 de febrero de 1972), reivindicativo y trágico. Ambos asombraron a propios y extraños, utilizando por primera vez y de una forma originalísima el lenguaje del flamenco, es decir, el cante, el baile y la guitarra como asunto teatral. Lograron sentar las bases de una nueva dramaturgia universal basada en el poderosísimo arte flamenco como estructura dramática. Y recordar también el Oratorio de Juan Bernabé, estrenado en Lebrija en 1969 quien inauguró esta experiencia de lo andaluz y el flamenco como bases de un teatro vanguardista y rebelde.” Francisco nos contaba, y seguía diciendo “ellos tres fueron los artífices de una fórmula acabada, no cerrada, basada fundamentalmente en las estructuras primitivas y ceremoniales de los trágicos griegos. Esa fórmula elegida fue el género trágico. El asunto: el destino; el destino de los gitanos y el de los andaluces, convergente en su experiencia vital de siglos de miedo y marginación. Y el flamenco, marginal y trágico de por sí, les vino como anillo al dedo. El flamenco y la tragedia con sus héroes marcados por el infortunio, manifestando en sus cantos líricos y danzas rituales definieron tal ajuste. Se recuerda cómo vibraba el público ante aquel torrente de emoción y de belleza y cómo la vanguardia estética de aquel entonces los hizo suyos. Aquellas ceremonias flamencas cantadas y bailadas fueron capaces de hacer reconocer y de recuperar la memoria colectiva, y supusieron el reencuentro con el teatro sagrado y con el teatro político en unos años donde los hombres y las mujeres buscaban, entusiastas y dolidas, su libertad perdida.

De Juan Bernabé nos recordó sus puestas en escena: “Oratorio” (1969) “Noviembre y un poco de hierba” y “El cepillo de dientes”.

De Salvador Távora, grupo de teatro La Cuadra de Sevilla: “Quejío” (1972) “Andalucía Amarga”, “Nanas de espinas”, “Piel de toro”, “Las Bacantes”, “Alhucema”, “Crónica de una muerte anunciada”, “Identidades”, “Carmen, ópera andaluza de cornetas y tambores”.

De don José Heredia Maya: “Camelamos Naquerar” (1976) “Macama Jonda” (1983) “Sueño Terral” y “Un gitano de ley” (1997).

Se abrió el acto con la guitarra de Falete tocando unas malagueñas, y terminó la tarde con una soleá gitana, en las manos delicadas de un caló, mientras Francisco recitaba, a compás, el “Romance de la Guardia Civil Española” de Federico.

La aportación de Francisco Suárez a esa nueva dramaturgia es la de haber continuado desarrollando esa propuesta de una forma permanente en su extensa trayectoria teatral, ajustándola a su propio estilo, y contribuyendo a que ese lenguaje original, esa dramaturgia gitana se homologara como parte legítima del acervo teatral contemporáneo. De cómo toma de la tragedia griega la estructura formal para llevar esa dramaturgia gitana a escena. Y de cómo, con su labor, consolida esta dramaturgia dentro del canon teatral en España y en Europa.

Persecución, espectáculo basado en el disco homónimo del gran cantaor flamenco Juan Peña El Lebrijano y textos de Félix Grande, estrenado en Sevilla en 1979. Medea recolocada en el Jerez de la Frontera. Amargo, a partir de Federico García Lorca, siempre Lorca. Las Furias, Memoria del cobre y Plaza Alta. Orestes en Lisboa, Romancero Gitano e Ítaca, éstos tres últimos espectáculos basados en Esquilo, Lorca y Homero. Son los espectáculos de este hombre de teatro donde se tratan abiertamente los temas gitanos.

“En escena, cualquier detalle humano es elevado a gesto universal; la importancia de la escena hace que las ideas, las emociones, las reflexiones, los conflictos del ser humano trasciendan a una comunicación directa entre iguales. El teatro nace de esta averiguación democrática, y conviene no olvidar que todo lo que aparece en la escena pasa de ser aparición veraz y sincera de motivos individuales a convertirse en causas universales. La intención de Esquilo, de Calderón, de Bertolt Brecht, de Ibsen o de Shakespeare, al presentarnos a sus desvalidos personajes, es la de quien conoce al hombre y a la mujer lo suficiente como para soñar en moldear, desde el amor, la severa naturaleza humana. El teatro aglutina toda mirada individual y sesgada, como puede ser la gitana, como la japonesa o como la finlandesa, para hacerla profunda y elevada observación del alma humana. El Teatro no toma rehenes. Crea, en todos los casos, conciencia y sabiduría, conocimiento del hombre por y para el hombre. El teatro gitano es el que con unos códigos particulares (el flamenco, el mundo gitano, la cuestión gitana) reflexiona con el presente para alcanzar una proyección plena en el mundo a través de los universales: la libertad y el abuso, la justicia y la tropelía, la democracia y la dictadura, la igualdad y la desigualdad social, y el amor como materia vital.”

“La tragedia griega y el flamenco pertenecen indiscutiblemente a nuestra cultura occidental y esas dos artes convergiendo fueron el eje de la creación de una dramaturgia gitana que supuso poder mostrar sobre el escenario unos acontecimientos y temas desconocidos para el gran público, recluidos hasta entonces en el ámbito familiar gitano. Esta dramaturgia posibilitó que se hicieran visibles a través del lenguaje universal del teatro una cultura viviente y deudora de los pequeños y grandes problemas del alma humana. El hombre y su destino, el hombre que pregunta y no obtiene respuestas; el gitano y su destino en el entresijo de una sociedad donde no acaba de encontrar la salida, como Teseo en el Laberinto.”

 

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