La Fama. Una arma de doble filo

La Fama. Una arma de doble filo

La fama puede ser una buena amiga o una gran enemiga, hay que saber relacionarse con ella.  Un artista acaba por convertirse en una referencia para todo su público, y ello conlleva una responsabilidad. No es lo mismo ser una persona anónima que una persona pública. Hay que ser consciente de ello, debes cuidar tu imagen, tu comportamiento, tu forma de vivir, y trasladar un mensaje muy consciente cada vez que atraviesas la puerta de tu casa y sales al mundo, al mundo que te conoce por tu labor como artista. Si el mensaje que trasladas al mundo cuando sales a la calle no es coherente con el que trasladas al público en una actuación, puedes perder legitimidad y crédito ante el público.

La fama te obliga a tu público, un público que no es consciente de tus emociones, si estás triste, si estás contento, si estás afrontando algún problema grave; y la fama te obliga a estar bien ante tu público y ofrecerles siempre la mejor versión de ti mismo.

La fama también tiene su lado positivo, me he encontrado con un trato privilegiado y con una gran hospitalidad miles de veces. Pero no todo es de color de rosa, de sonrisas, de alegrías, de efusividad; como todas las personas del mundo todos tenemos altibajos que debemos afrontar, sin embargo, uno no puede salir al escenario con un estado de ánimo bajo, debe recomponerse, sacar energías de donde no las hay y compartir sonrisas, alegría, efusividad, … (la vida en color de rosa)

La oportunidad que he tenido de viajar con mi trabajo me ha permitido conocer muchos países y me ha permitido observar la cultura musical de cada uno de ellos, me ha permitido ver como países mucho más pobres que el nuestro, con muchas menos infraestructuras y oportunidades para el desarrollo y promoción de su música, acaban por valorar mucho más su patrimonio musical, y a los artistas como creadores y portadores de parte de la riqueza cultural de sus comunidades y países. Aquí, el trato que se le da a la música y el trato que se da a los artistas es incompatible con el significado de la palabra ‘cultura’, es incompatible con el significado de la palabra ‘arte’, es incompatible con el significado de la palabra ‘música’. La música se ha convertido exclusivamente en una dictadura del mercado, ‘ahora gustas y eres consumido, y ahora no gustas y eres arrojado al  contenedor de la basura no reciclable’, y quien decide es la lógica de una dictadura mercantilista.

Hay quien ha aprendido a lidiar muy bien con esa lógica, hay quien ha sabido llevar muy bien la fama y sigue brillando. Otros ven (vemos) como esa luz que brillaba, hace no mucho, se va apagando y te conviertes invisible. Has sido un servidor de la fama, has dado tu mejor versión pública siempre, has estado en el candelero mucho tiempo, pero el mundo empieza a olvidarse de ti, dejas de colaborar en proyectos musicales donde solías participar porque antes eras un icono y ahora ya no. Caes en el olvido. El problema es que para el protagonista de su propia historia es muy difícil olvidar, es difícil olvidar la fama, es difícil entender que el mundo que viviste ya no existe. Y es cuando la fama muestra su filo más impiadoso.

En otros lares del mundo, ese filo nunca llega a mostrarse, porque la música no se trata como un mercado de valores, sino como patrimonio cultural.

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