Salsa y Rumba, eternas compañeras de viaje

Salsa y Rumba, eternas compañeras de viaje

Principios de los años 60. Recuerdo nítidamente un bar pequeñito situado en la antigua avenida García Morato de Barcelona. Tenía una particularidad. Su dueño, latino de origen, había traído consigo un montón de discos de salsa para su vieja gramola. Eran discos muy antiguos que hoy deben valer un potosí. Verdaderas joyas. Recuerdo hacer campana para ir a escuchar una y otra vez esos discos. Muchas veces me encontraba con gitanos mayores que yo que estaban allí de juerga, Peret, Los Amaya, Chacho, Moncho y todos los que hacíamos o acabamos haciendo rumba.

Prestábamos mucha atención a aquellos discos, muchos eran ya prácticamente inaudibles por el desgaste que tenían, pero eran verdaderas joyas musicales. Aquel bar marcó la historia de la rumba catalana, pues todos nos inspiramos en la música que allí escuchábamos.

La salsa, al igual que la rumba, son estilos urbanos, cargados de sabor y ritmos, de barrio y de fiesta. Son estilos que han fluido con el paso de los años y de los artistas e intérpretes, que han hecho vibrar a ricos y a pobres, a altos y a bajos, a blancos y a negros, sin distinción. Músicas para celebrar que todos somos iguales.

Como muchos ritmos caribeños, la salsa también nos llegó por barco, los barcos de marineros que atracaban en Barcelona y que llegaban desde Estados Unidos. Esos marineros regalaban sus discos a los regentes de los bares para escuchar su música mientras tomaban una copa. Y uno de esos bares donde sonaba la salsa antes que en ningún lugar era el bar Tequila de la calle Escudillers. Era un bar para adultos (seguro que entienden la expresión) y el disc-jockey me escondía en la cabina donde pinchaba por si aparecía la policía. Muchos hacíamos lo imposible por escuchar aquella música.

La música caribeña ya estuvo presente en el alumbramiento de la rumba catalana, pero la salsa se convirtió en el espejo más rico donde la rumba podía mirarse para crecer. Todos los rumberos hemos tenido y tenemos en este estilo una fuente de inspiración. Y esa admiración es recíproca. Recuerdo mi primer viaje a Cuba, cuando allí escucharon nuestro ventilador en la guitarra quedaron asombrados.

Retornando a Barcelona, dos figuras fueron clave para que la salsa y la rumba se hermanaran para siempre. Mayito Fernández y Josep ‘Papa’ Cunill, dos pianistas, uno cubano y salsero y el otro catalán y jazzero. Ambos tocaron con los rumberos del momento, dando un sonido muy latino a todas las producciones de rumba catalana. Mayito acabó definitivamente fusionando su piano con la rumba en la orquestra Salsa Gitana. En ella, la salsa y la rumba sonaban sin parecer ser palabras diferentes. Era fusión pura, Barcelona, ‘gitanitos y morenos’. Acompañaron al piano de Mayito artistas como Ricardo Batista ‘Tarragona’, Antonio Vázquez ‘el Nabo’, Enrique ‘de la China’, Manolo González ‘Patata’, Antonio Jiménez ‘Burris’, Alfonso Jiménez, Juanito Batista, Rafael Hidalgo ‘Chamo’, Xavier García.

La fórmula tuvo éxito. Su sonido pronto se convirtió en una gran referencia para otras bandas musicales que se apuntaron a la ecuación latina y gitana. Así surgieron orquestras como Pernil Latino o la Orquestra Marisol.

Hoy la salsa y la rumba siguen ya caminos separados, pero ambas están destinadas a cruzarse en otro momento y hacer vibrar a la ciudad de Barcelona y al mundo entero con su sonido.

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