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Los gitanos de Valencia

Bajo el reinado de los Austrias, el Reino de Valencia era un territorio con múltiples fronteras con Castilla, Aragón y Cataluña. Por sus rutas comerciales transitaban un gran número de viajeros, y era por allí por donde llegarían los gitanos.

Los gitanos llegaron al antiguo Reino de Valencia en el siglo XV, seguramente en la misma época según las noticias documentadas de que disponemos de su entrada en la Península Ibérica (1425). Sin embargo, hasta ahora los primeros documentos de la presencia de gitanos en Valencia datan de 1460 y hacen referencia a las relaciones de algunas familias gitanas que pasan por Castellón y sus pueblos.

Estos primeros documentos relatan la desconfianza que había hacia estas familias. Una vez olvidada la grandeza de su presentación como condes o duques y una vez pasada la sorpresa de su exotismo y su gran diversidad se les obligaba a que se fueran de sus ciudades y territorios pagándoles «donativos» y con sutiles fórmulas de «por caridad … para que se detuvieran» o «por amor de Dios, para que se fueran». La intransigencia de los Reyes Católicos fue superada e incluso acentuada por los Austrias, lo que hizo aumentar el rechazo social y el temor de la sociedad hacia los gitanos. Los hurtos, las actas de corte y las llamadas de los virreyes se repiten constantemente y será el Reino de Valencia donde se registrarán las primeras disposiciones represivas, como la deliberación del consejo de la ciudad de Castellón del año 1484: «por cuanto la gente de los bohemians hace gran daño a la Villa y término de aquella «.

La legislación en contra los gitanos para todo el Reino de Valencia comienza a las Cortes de Monzón de 1547, donde los brazos eclesiásticos y real hicieron un acto de corte (una propuesta) al rey que decía:

Senyor, com moltes companyies de hòmens e dones vagabunts, que dihen Bomians, vajen per lo Regne de València: la vida dels qulas es furtar y robar en enganar dones e persones simples, per hon semblant gent no deu ésser tolerada ni admesa en ningun regne que sia ben regit, suppliquen per ço los dits dos braços Ecclesiàstich y Real sia mercè de vostra Alteza prouehir e manar que los tals, que dihen Bomians, sien amb imposició de greus penes bandejats del dit regne de València, imposant als officials grans penes si no executaran lo dit bandeig, applicadors la mitad als còfrens de sa Majestat, e laltra mitad al comú de la ciutat e vila Real en terme de la qual los tals Bomians seran entrats, e lo justícia no haurà executat en les persones e béns de aquelles.

El príncipe heredero Felipe, en ausencia de su padre el emperador, admitió y ordenó que:

Plau a sa Alteza que sien expellits y bandejats; y per la primera fractió del bandeig sien assotats; y per les altres contrafractions sien punits més greument a arbitre del jutge; y lo official qui no executarà dites penes incórrega en pena de doscents sous per cascuna vegada, applicadors als còfrens de sa Magestad.

Durante las Cortes de Monzón de 1564, el brazo militar se adhirió al acto de corte de 1547 y, al ser aceptado por el soberano, se convirtió en fuero. Asimismo, este fuero fue perfeccionado por las cortes celebradas posteriormente a Monzó, en 1585:

  • Expulsión de los gitanos del Reino de Valencia en el plazo de 30 días.
  • Galeras perpetuas para los hombres y azotes progresivos para las mujeres.

Hasta finales del siglo XVII, numerosos bandos, pregones y llamadas de los virreyes continuaron desarrollando y recordando el fuero de 1585.

Ciertamente, estos primeros documentos de que disponemos sólo cuentan los «problemas» de una minoría viajera en contraposición a una mayoría sedentaria. Se trata de documentos oficiales de entidades locales e instituciones de gobierno. Pero poco a poco (y fundamentalmente con la instauración de la imprenta), podemos acceder a publicaciones donde aparecen personajes gitanos integrados en la vida cotidiana de las ciudades donde empezaron a sedentarizarse y formar parte de la ciudadanía valenciana.

El hecho de que en Valencia la imprenta se instalara muy pronto, nos ha permitido tener la representación gráfica más antigua del aspecto físico de los gitanos de aquella época.

Así, en la publicación de Juan de Timoneda, Comedia llamada Aurelia (que se hizo en Valencia en 1564), aparecen en el frontispicio un gitano y una gitana con un niño en brazos.

Por esas mismas fechas, Lope de Rueda sitúa, a su Comedia Medora, unos gitanos en la ciudad de Valencia. Más tarde, el cronista Salvador Carreras recogerá el entusiasmo popular que provocaban los desfiles y bailes de gigantes gitanos en las fiestas populares y bailes de grupos de gitanas alrededor de las carrozas del Corpus o de otras procesiones.

Todo esto confirma la presencia de los gitanos en el antiguo Reino de Valencia y su participación en las fiestas populares y procesiones, lo que supone una progresiva incorporación a la sociedad valenciana.

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La iconografía más antigua de los gitanos en España se encuentra en la “Comèdia anomenada Aurèlia” publicada en 1564 por Juan Timoneda en Valencia. ↵

Pasaban los años y se iban sucediendo las pragmáticas y normativas para controlar y reducir los nomadismos de los gitanos. Se determinó en qué ciudades debían asentarse y la manera de hacerlo: habría una familia gitana por cada cien habitantes y no más de una familia por la calle. En el año 1717 se asignaron, en el Reino de Valencia, las ciudades de Alzira, San Felipe (Xàtiva) y Castellón que, en 1746, se completarían con Valencia (la ciudad capital), Alicante, Villa -real, Morella y Alcoy (y también Villena, Orihuela y Requena, que en aquella época no pertenecían al Reino de Valencia). Unos años más tarde, el rey Carlos III, en su Real Pragmática Sanción del 19 de septiembre de 1783, dispone que los gitanos son ciudadanos españoles y que pueden elegir libremente su lugar de residencia y el tipo de oficio que deseen. Ordenó realizar un censo de gitanos que, en el Reino de Valencia, resultó ser de 600 repartidos en 50 núcleos de población.

Asentados y con casa muchas veces propia, algunos también poseían tierras propias, mientras que otros las tenían arrendadas. La mayoría de hombres eran agricultores, y las mujeres se dedicaban a hilar y a coser, aunque también tenían muchos oficios comunes con el resto de vecinos como: el de jornalero, arriero con carro propio o por cuenta ajena, aguador, amasador de pan, sastre, criado, cantero, tejedor, arrendador de tierras, feriante, comerciante, pregonero, alpargatero, maestro de casas (arquitecto), mozo de paja y avena en un hostal, hostelero, vendedor de especias, vendedor de cuerda para viola y vendedor de pañuelos, etc. De sus antiguos oficios, y a pesar de su prohibición, quedaron algunos, que se declaraban junto con los oficios bien vistos: jornalero y esquilador, agricultor y comerciante de caballerías, picadero de caballos y venta de caballerías. También es importante destacar que había dos herreros y un canastero.

Las mujeres, aparte de hilar y coser, también trabajaban como vendedoras de ropa o telas, como lavanderas, etc.

Los niños y las niñas ayudaban a las tareas y oficios de la familia, aunque algunos de ellos realizaban otras tareas como vendedores de arena para fregar, trabajadores dedicados a recoger heno y, sorprendentemente, algunos y algunas de ellas de edades entre cinco y diez años, se indica que eran estudiantes o escolares.

Los antepasados directos de los actuales gitanos valencianos son: Bustamante, Montoya, Salazar, Hernández, Ximénez, Barrull, Cortés, Malla, Vicente, Escudero, Fernández, Castellón, Vargas, Díaz, Borrull, Santiago, Ruano, etc. que, actualmente, siguen perdurando en la Comunidad Valenciana.

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Habitual participación de las gitanas y gitanos en las fiestas civiles y religiosas. Desfilada en Valencia en 1669 donde, en una carroza, un grupo de gitanas bailan unas danzas populares indeterminadas. ↵

Durante el siglo XIX la situación casi no varió. Las familias gitanas se establecieron en muchos más pueblos y ciudades, pero seguían teniendo residencia fija y el empleo más frecuente era el de campesino, compaginado con sus oficios tradicionales como marchantes de caballerías, arrieros, herreros, esquiladores, etc. o vivían de oficios comunes que habían adquirido.

No obstante, este proceso de incorporación laboral fue interrumpido por el lento proceso de industrialización que, durante los siglos XIX y XX, hará devaluar los oficios ejercidos por los gitanos y, aún más, sus oficios tradicionales.

Ya adentrados en el siglo XX, los gitanos valencianos todavía iban a las ferias de ganado más cercanas como las de Xàtiva, Cocentaina, Albacete, Cederillas, Almazán o la de la ciudad de Valencia, que se celebraba todo los jueves en el cauce del río Turia. También vendían caballerías para el ejército o para las plazas de toros y los mataderos. Tras la guerra civil disminuyó mucho el negocio, y con la mecanización del campo, casi desapareció completamente.

Pocas mujeres, a principios de siglo, podían dedicarse a la venta de telas (retales de ropa, sábanas, colchas …) para las casas y de pueblo en pueblo. Poco a poco el oficio se generalizó entre las mujeres gitanas y se incorporaron también los hombres. Con los años, también se venderían otros productos (vajillas de Duralex, medias de nylon, vasijas de plástico, etc.).

Las estirpes valencianas, las grandes familias gitanas valencianas, tenían y tienen los apellidos y apodos siguientes: los Sardinas, los Sorderas, los Juaniches, los Bustamantes, los Escudero, los Ajos, los Bodegas, los Cortés, los Montes, los Cariños, los tapas, los Percheron, etc.

Debido a la pérdida de sus empleos, durante los años sesenta, muchas familias de toda España emigraron y llegaron a la Comunidad Valenciana desde Andalucía (principalmente desde Jaén y Granada) y desde Castilla La Mancha, aunque también llegaron desde otras comunidades autónomas. Buscaban trabajos como temporeros agrícolas en sustitución de la mano de obra de los gitanos que se habían pasado al sector industrial.

Los pequeños pueblos del interior valenciano vieron desaparecer sus vecinos gitanos que buscaban trabajo en localidades más agrícolas.

Durante los años setenta y ochenta se construyeron viviendas de protección oficial en las grandes ciudades; la facilidad de acceder atrajo a muchas familias de pueblos y ciudades más lejanas. Estas concentraciones artificiales de familias gitanas de varias estirpes no resultan muy positivas ni para su integración social ni para facilitar su inserción laboral.

Actualmente, en la Comunidad Valenciana viven unos 55.000 gitanos en 180 localidades de las 536 existentes. Sólo en ocho grandes ciudades ya viven más de diez mil gitanos.

A comienzos del siglo XXI podemos afirmar que, en la Comunidad Valenciana, todos los gitanos valencianos están sedentarizados. Muchos de ellos se dedican a la venta ambulante en mercados semanales fijos y, otros, trabajan en oficios comunes.

Este artículo es un fragmento del original “Los gitanos valencianos” del proyecto “Maj Khetane”. Maj Khetane significa “más juntos”, en lengua romaní, y es un recurso didáctico interactivo presentado en un formato multimedia y concebido por Jesús Salinas. Maj Khetane es un material de consulta que se ubica en una concepción de la educación intercultural y los materiales didácticos que presenta son una pequeña enciclopedia sobre el mundo gitano, estructurada en los siguientes bloques: Historia, Cultura, Manual de Conversación en Romanó, Actividades, Cuento, Historietas, Recursos didácticos, Recursos gráficos.

Escrito por Jesús Salinas.
Con la colaboración de Antonio Gómez Alfaro y el Movimiento Asociativo Gitano de la Comunidad Valenciana.

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