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Castilla y León

Los gitanos en Castilla y León

Una de las fechas más antiguas de las que se tiene constancia y que hace referencia a la presencia de gitanos en España, es la firma, el 4 de septiembre de 1475 en Burgos, de un salvoconducto a favor de Juan, conde de Egipto, para que pudiera viajar hacia Compostela. Los libros municipales de varias ciudades registran la presencia de aquellas familias que asegurando peregrinar a la tumba del apóstol, realizaban, en realidad, viajes de exploración en busca de lugares propicios para una mayor permanencia. Entre 1472 y 1484, la ciudad de Palencia acordó la concesión de limosnas para personajes como Martín, conde de Egipto Menor, y Juan y Jacinto, condes de Egipto. A veces, las actas palentinas hacen referencia, en general, «los de Egipto» y, en un caso, citan como beneficiario en Juan de Aralles, conde de Grecia, lo que documenta la llegada de los «Grecianos».

Estos gitanos (que sabemos que estuvieron en Palencia porque ha quedado constancia en las actas municipales) se alojaban en el hostal de Alonso Bravo y las subvenciones que recibían (entre 300 y 700 maravedís) acostumbraban a estar condicionadas a la promesa de que abandonaran pronto la ciudad. La historia de los gitanos de Castilla y León es la historia de casi todos los gitanos españoles que, desde la Pragmática de los Reyes Católicos de 1449, empiezan a ser constantemente perseguidos:

“Que dejen de ser gitanos en toda su amplitud …»

“Que tomen oficio conocido y señor …”

Hay una orden recibida por las autoridades de León que hace referencia a los «greacianos», en la que se les pedía que ejecutaran las normas existentes referentes «a los gitanos, de otro modo llamados grecianos»El año 1584, el jesuita Martín del Río [1] explica que se autorizó a un numeroso grupo de gitanos para que pudieran entrar en la ciudad de Toledo durante la celebración del Corpus y que, debido a los hurtos atribuidos a las mujeres, hubo una gran reacción popular que los expulsó de la ciudad. También está demostrada por los investigadores su presencia en las fiestas del Corpus de otras ciudades, como descubrió Jesús Flemàkowska en los archivos municipales de la ciudad de Segovia.

En las sesiones que las Cortes castellanas celebraron en los años 1592-1598 en Madrid, los representantes de la ciudad de Burgos presentaron una proposición para que se ampliaran las duras medidas legales contra los gitanos. En 1594, dos miembros de las Cortes de Castilla llegaron a proponer que se separaran los gitanos de las gitanas y que se les hiciera vivir en regiones diferentes «para, de este modo, hacerlos casar con familias campesinas honradas. «

Durante el siglo XVI comienza una cierta sedentarización de nuestros antepasados. En esa época, los trabajos del campo, junto con otros oficios tradicionales de gitanos, eran los más habituales. Pero las exigencias de la Corona siempre eran las mismas: tener un oficio conocido, lugar de residencia y señor, al tiempo que prohibían cualquier signo de identidad.

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Despacho en el que se nombra a un Juez-Comisario de la “Santa Hermandad Vieja”, para que limpie los caminos reales (…) ciudades, villas y lugares de los reinos de España “donde tenga noticia aya (…) gente forajidos y otros que se dicen, y llaman Gitanos (…)”. Agosto de 1736. ↵

Otros documentos que nos permiten tener constancia de la presencia de los primeros gitanos, son los que hacen referencia a las causas procesadas por la Inquisición a su tribunal de Valladolid, desde el año 1625 hasta el 1638 [2]. María Bustamante, María Gómez, Isabel Pérez, Gabriel de Salazar y María de Mata fueron acusados de blasfemias, brujería y proposiciones heréticas. De los cientos de casos de los tribunales sólo hay cuatro que implican a los gitanos, por lo que se puede deducir que el Santo Oficio no tenía demasiados problemas con los gitanos.

La Pragmática de 1717 vuelve a poner en marcha un proceso de asentamiento que obliga a los gitanos a establecerse en unas ciudades concretas. Este asentamiento, sin embargo, no fue nada fácil. En 1719, por ejemplo, el municipio de Alba de Tormes aceptó que tres familias gitanas se establecieran. El corregidor de este pueblo indicó a las familias que buscaran casa para quedarse. Un tiempo después, los gitanos dijeron que, por más que se habían ofrecido a pagar los alquileres por adelantado, no habían logrado encontrar ninguna casa, pajar o establo para alquilar. Inevitablemente, pues, se vieron obligados a retomar su vida viajera.

Sin embargo, hay constancia de que, hacia la mitad del siglo XVIII, ya había un número importante de gitanos que habían conseguido provisiones que los calificaban de castellanos viejos, lo que les eximía de las duras limitaciones legales que les afectaban.

Algunos documentos del Consejo de Castilla demuestran que la sedentarización va siendo cada vez más habitual. El 10 de Agosto de 1746, por ejemplo, el corregidor de Ávila envía una relación de los gitanos que vivían en la ciudad: cuatro familias con un total de nueve miembros. Sus apellidos eran: Saavedra, Cano, Camacho y Alavardo.

En Castilla, la redada general de gitanos realizada el verano de 1749 en todo el reino supuso grandes hileras de presos: condujeron a las mujeres en Ciudad Rodrigo y a los hombres a Zamora. La injusticia de este encarcelamiento masivo fue tan grande que incluso los vecinos de las ciudades apoyaron documentos que pedían el indulto de los gitanos. Un ejemplo de esto lo encontramos en Zamora, donde los vecinos pedían el indulto de Santiago Roslugnes, encarcelado 14 años en el arsenal de La Graña, y «las penalidades de las que fueran tolerables si recayeran sobre él como justa pena de delitos”.

El informe de la Chancillería de Valladolid con fecha de 30 de octubre de 1783, con motivo de la Real Pragmática del mismo año, define los gitanos de la siguiente manera:

“Los que llamándose gitanos o egipcianos forman una especie de república dentro del mismo Estado, se gobiernan según sus usos y caprichos particulares, utilizan vestimenta y lengua que los distingue del resto de vasallos, y naturales (…). Y habiendo obtenido pocos resultados de estas mismas leyes y pragmáticas que, según parecía, los tenían que aterrorizar y obligar a cambiar de vida por el rigor y severidad que contenían, han resultado se infructuosas e ineficaces, sin que los diversos alcaldes hayan podido descubrir ninguna otra causa ni origen que la inobservancia y descuido con que han sido desatendidas por los mismos jueces y tribunales que debían promoverlas [3].”

En el año 1785 se elaboró un censo. Algunos de los datos que contiene son:

  • En la provincia de Ávila sólo hay gitanos en la capital. Hay veinte vecinos gitanos agrupados en tres familias y sus apellidos son: Cano, Martín, Hernández, Pedraza, Ximénez y Mateo. Se dedican a hacer de: cantero, maestro sombrerero; los jóvenes, «tienen que aprender el oficio de tejedor de telas en la Real fábrica de tejidos de Ávila» o «tienen que hacer de aprendiz de obra prima». Casi cuarenta años después del censo de 1785, vemos que la familia Cano sigue viviendo en la ciudad de Ávila. La sedentarización de las familias gitanas se produce desde hace siglos.
  • En la provincia de Segovia hay ocho gitanos: cuatro en la ciudad de Segovia (Joaquina de Torres, Tomasa y Eulalia Hernández y Francisco Ramírez); dos en Chinchón (Sebastián Fernández y Juana Bermúdez); y una en Valdelaguna (Juan Fernández).
  • En la provincia de Soria había treinta tres gitanos. Algunos de sus apellidos eran: Gavara, Gabarri, Bustamente, Clavería, Romero, Carbonell, Estrada, Pedraza, Puche, etc. Y sus oficios: tienda de quincallería, hostal y estanco del pueblo, arriero, vendedor, labrador, canastero, «vendedor de mulas salvajes y caballerías menores», «vender vajilla», «comprar, y cambiar caballerías», etc. [4]

La Pragmática de Carlos III de 1783 les da la posibilidad de ejercer oficios y asentarse donde quieran pero sigue habiendo el control de la movilidad de los gitanos que, para viajar, necesitarán pasaportes firmados por las autoridades de los lugares por donde pasen.

Así, en el año 1827, el corregidor de Becerril de Campos se quejaba al Consejo de Castilla que había muchos gitanos que viajaban amparados con pasaportes que no se deberían haber entregado a su favor. A los que se les detenía sin pasaporte (como ocurrió con Luis Borrull y Juan Gabarre) se les proponía la aplicación del sello, aunque el Consejo de Castilla sería benevolente, al igual que lo fue con la familia detenida en partido de Soria, dándoles la oportunidad de fijar su domicilio.

Durante los siglos XIX y XX, las familias gitanas se asentaron definitivamente en los pueblos de Castilla. Los gitanos tenían conocimientos, adquiridos en su vida viajera, que en este mundo rural hacía que fueran respetados y, a veces, consultados por sus vecinos.

La venta en ferias fue importante en zonas como Salamanca, León, Zamora y Valladolid, y llegó a ser una importante fuente de riqueza para las familias que la practicaban. Los gitanos eran auténticos expertos en ganado.

Las ferias tenían una peculiar forma de organización en grupos formados por tres personajes fundamentales:

  • Los «ojeadores» o «propineros», que eran los encargados de buscar posibles compradores a cambio de una propina.
  • Los «ramaleros», que eran los que ajustaban el precio y hacían el trato propiamente dicho.
  • Los «gemistos», que eran los que se hacían pasar por tipos entendidos en ganado para ofrecer de esta manera más credibilidad al futuro comprador.

Las ferias más importantes de Castilla y León fueron: Valladolid (Medina del Campo, Medina de Rioseco, Villalón), Zamora, Salamanca, Segovia (Cuéllar) y Ávila. La Feria de Medina del Campo fue de gran importancia para los gitanos. Aunque no se sabe con certeza cuál es el origen de esta feria, se sitúa en la primera década del siglo XV, alrededor de 1404, y se cree que, en un principio, tenía un carácter señorial, como las ferias de Villalón o Rioseco. Las primeras ordenanzas que hacen referencia a la estancia de los feriantes son de 1421 y fueron dictadas por Doña Leonor de Alburquerque, señora de Medina. La actual calle de Padilla se dedicaba a los cambios de paños mayores; en la calle de Maldonado estaban los lenceros (vendedores de sábanas) y los sederos (vendedores de seda), y en la calle Bernal Díaz, estaban los plateros. En la plaza Mayor se instalaban: los silleros, los freneros (fabricantes de frenos o guarniciones para las caballerías), los joyeros, los vendedores de especias, los calceteros (los fabricantes / vendedores / curtidores de medias). En el centro de la plaza estaban los mercachifles y los barberos; en la actual calle Gamazo (un lateral de la plaza mayor) estaban los pescaderos y los vendedores de cera rosa, esparto, y sebo y aceite (la mayoría gitanos). Al otro lado del río y fuera de la plaza se situaban otros oficios: herreros caldereros, mercaderes de cuero y cordobanes, y junto al castillo de la Mota, los alabarderos (soldados con alabarda, un arma con una lanza y un hacha). De esta manera quedaba bien definido el espacio que ocupaban cada uno de los gremios y mercaderes que llegaban a la feria.

Entre los oficios más destacados de la vida nómada estaba el de canastero. El Duero fue el principal eje de movimientos de los gitanos castellanos. Los viejos y los niños eran los encargados de recoger el mimbre, que en caló se llama la sumí. Los cestos se utilizaban, básicamente, en las zonas de viñedos como la ribera del Duero, para la vendimia de mediados de septiembre.

Durante el siglo XX, el trabajo como temporeros se compaginaba con la venta ambulante, auténtica vocación para los gitanos, tal como explicaba el escritor vallisoletano Gustavo Martín Garzo, en uno de sus artículos de prensa:

«Los gitanos, que en aquel tiempo había muchos en el pueblo y se dedicaban básicamente a comerciar con ganado, eran hábiles vendedores y su locuacidad no tenía fin. Tampoco su poder de seducción. Mi padre lo sabía, y aún así, hacía tratos. Eran capaces de vender cualquier cosa porque no era capaz de resistirse a aquel lujo de invención verbal, a esa capacidad para sorprender … «

Hacia los años treinta, las telas eran la estrella de la venta ambulante. Eran años de carencias y la riqueza de las telas de Béjar (Salamanca) no podía resistirse a entrar en el mercado ambulante.

Durante los años cuarenta, importada de la zona de levante, comienza la venta de lote (manteles, cuberterías, relojes). Esta venta se realizaba en pequeños grupos familiares. Los hombres, siempre bien arreglados, eran los encargados de realizar la venta, puerta a puerta, y se jactaban de sus grandes dotes de comunicación.

La única fiesta popular que, en general, mantenemos los gitanos de Castilla y León es la de «Mojar la vara» de la noche de San Juan. El Duero, el Arlazón, el Tormes y el Pisuerga todavía son escenarios de reunión de grupos de gitanos viejos y de sus familias que, la noche de San Juan, a mojar la vara en las aguas de estos ríos para tener buena suerte.

Actualmente, en Castilla y León, vivimos unos 20.000 gitanos y gitanas.

1. “Disquistiones magicarum”. Quiromancia. Libro IV, cap. III, cuestión V.
2. Archivo Histórico Nacional, Inquisición, legajo 2.135.
3. Informe de la Sala del Crimen de la Real Chancillería de Valladolid. 31.10.1783. AHN, Consejo, legº 4206, 7ª.
4. Censo de gitanos de 1783. AHN. Legajo 524 y 525.
Este artículo es un fragmento del original “Los Gitanos en Castilla y León” del proyecto “Maj Khetane”. Maj Khetane significa “más juntos”, en lengua romaní, y es un recurso didáctico interactivo presentado en un formato multimedia y concebido por Jesús Salinas. Maj Khetane es un material de consulta que se ubica en una concepción de la educación intercultural y los materiales didácticos que presenta son una pequeña enciclopedia sobre el mundo gitano, estructurada en los siguientes bloques: Historia, Cultura,  Manual de Conversación en Romanó, Actividades, Cuento, Historietas, Recursos didácticos, Recursos gráficos.
Escrito por Jesús Salinas.
Con la colaboración de Antonio Gómez Alfaro y el Movimiento Asociativo Gitano de Castilla y León.

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