La Fundación Peret: que el legado no sea solo recuerdo

La Fundación Peret: que el legado no sea solo recuerdo

Los que me leéis de vez en cuando ya sabéis que hay un tema con el que me pongo un poco pesado: la necesidad de cuidar nuestra memoria musical. Cada vez tengo más claro que la Rumba Catalana no se puede permitir perder todo aquello que han construido quienes nos han precedido. Y cuando hablo de patrimonio no me refiero solo a los discos. Hablo de las canciones, claro, pero también de las historias, las fotografías, los instrumentos, los lugares, las maneras de tocar y los recuerdos. Hablo también de esa forma de aprender los unos de los otros, de mirar cómo tocaba el que tenías delante, acompañarlo y, con los años, acabar enseñando tú al que venía detrás. Y hablo de las fiestas, las celebraciones, las reuniones familiares y aquellos encuentros en los que la rumba no era una música que uno iba a ver, sino una música para celebrar y compartir. Porque, al final, seguramente el patrimonio más importante que nos ha dejado la rumba no es ningún objeto ni ninguna canción concreta. Es haber sabido tejer comunidad. Juntar generaciones, familias, músicos y gente alrededor de una música compartida. Y eso también hay que cuidarlo y transmitirlo.

Por eso me hizo especialmente feliz ver nacer la Fundación Peret.

En este caso, además, no puedo hablar desde muy lejos. Peret forma parte de mi vida musical y personal. Tuve la suerte de aprender a su lado, de acompañarlo, de escuchar sus consejos y de compartir muchos kilómetros y muchos años de aquel mundo de la rumba que hoy intento explicar siempre que me dejan (¡y cuando no, también!).

Pero precisamente porque lo conocí, sé que reducir a Peret a cuatro grandes éxitos sería quedarnos con una parte muy pequeña de la historia. La Fundación nace desde la familia, de la necesidad de poner orden, proteger un patrimonio y, sobre todo, dar continuidad a todo aquello que Peret dejó.

Hace unos días pude hablar con ellos para entender un poco mejor qué hay detrás de este proyecto. Me cuentan que la idea llevaba tiempo rondando por casa. La familia sentía la necesidad de “armonizar el discurso”, de ordenar todo aquel legado y decidir cómo debía transmitirse a las nuevas generaciones.

Y había también una cuestión mucho más concreta: el patrimonio. Peret dejó bienes y espacios que forman parte de su historia, como la finca de Mataró, y la familia era consciente de que, sin una estructura que los protegiera y les diera un sentido, con los años todo aquello podía dispersarse, malvenderse o, sencillamente, desaprovecharse.

Aquí creo que hay una diferencia importante. Una cosa es guardar, otra es conservar y otra, todavía más interesante, es conseguir que aquello que conservas siga teniendo vida. Esa parece ser la intención de la Fundación Peret.

Cuando pensamos en Peret es inevitable que aparezcan las grandes canciones, los escenarios, la fiesta y aquella capacidad que tenía para poner a todo un público en pie. Pero detrás de aquel artista había mucho más. La familia me explica que una de las misiones que se han propuesto es precisamente dar a conocer a ese otro Peret. El Peret más reflexivo. El que pensaba mucho las cosas. El que podía pasarse horas hablando de música, pero también de la vida. El Peret que, según cuentan, tenía casi una vertiente de pensador que no siempre ha llegado al gran público.

Y eso me parece especialmente interesante porque yo siempre he pensado que, para entender de verdad la música de un artista, también hay que intentar entender de dónde sale esa música. Peret no apareció un buen día de la nada con una guitarra en la mano. Había una familia, una cultura, un barrio, una manera de entender la música, una generación de gitanos catalanes, unas vivencias y una Barcelona muy determinada detrás de todo aquello. Y después estaba él, con aquella personalidad enorme.

La familia también quiere recuperar una parte del repertorio que ha quedado escondida detrás de sus grandes éxitos. Porque cuando un artista hace canciones que pasan a formar parte de la cultura popular, a veces esas canciones son tan grandes que acaban tapando todo lo demás. Y Peret tiene mucha música por redescubrir.

Peret sigue estando entre los músicos

La Fundación se presentó oficialmente este mes de septiembre en la Plaça de Catalunya, en un gran encuentro rumbero que reunió a artistas de distintas generaciones.

Y aquí tengo que decir que a mí tampoco me sorprendió la respuesta de los músicos. Cuando se habla de Peret, aparece la familia rumbera. Unos porque trabajaron con él. Otros porque lo conocieron personalmente. Otros porque crecieron escuchándolo. Y algunos son tan jóvenes que no tuvieron la oportunidad de compartir tiempo con él, pero han llegado a Peret a través de las historias que les hemos ido contando los más pesados de la generación anterior, a través de los discos, de los vídeos, pero, sobre todo, a través del artista convertido en leyenda.

La familia de Peret lo explica muy bien: el cariño que sigue despertando Peret va mucho más allá de su música. Mucha gente lo asocia a momentos de su propia vida, a fiestas, a recuerdos familiares, a personas que ya no están.

La “Anastilosis de la Rumba”

Pero si hay una idea de todo el proyecto que me llamó especialmente la atención es una expresión que utilizan desde la Fundación: la Anastilosis de la Rumba.

El nombre es un poco más difícil que tocar el ventilador, pero la idea se entiende perfectamente. Se trata de recuperar las piezas que forman nuestra historia —música, testimonios, patrimonio, conocimientos, experiencias—, volver a ponerlas en relación y utilizarlas para construir algo nuevo.

¡Y aquí me apunto! Porque esto es exactamente lo contrario de vivir de la nostalgia. Yo puedo explicar mil batallitas de cuando éramos jóvenes, de cuando la rumba llenaba salas, de músicos que conocí, de sesiones de estudio que terminaban cuando ya salía el sol… Pero si todo eso solo sirve para que los de mi generación nos sentemos a decir que cualquier tiempo pasado fue mejor, mal vamos.

El pasado tiene que servir para construir lo que viene después. Si no, solo es pasado.

La Fundación habla de un ecosistema de proyectos alrededor de Peret y de la Rumba Catalana: conservar y divulgar su patrimonio, recuperar la finca de Mataró como espacio cultural, impulsar investigación, formación, proyectos audiovisuales y documentales, crear nuevas propuestas musicales y generar colaboraciones entre artistas de distintas generaciones.

Aquí hay mucho trabajo. Pero también hay una oportunidad enorme para conseguir que la Rumba Catalana siga respirando con buena salud.

Que los jóvenes no tengan que empezar de cero

Durante muchos años la rumba se ha transmitido de una manera muy natural. Un niño cogía una guitarra porque veía tocar al padre, al tío, al primo o al vecino. Entraba en un ensayo, primero miraba, después hacía palmas, un día le dejaban tocar un poco y, sin haberlo planificado demasiado, iba aprendiendo el oficio. Yo mismo he aprendido así muchas de las cosas que sé, pero los tiempos han cambiado. Y si queremos que ese hilo entre generaciones siga existiendo, quizá ya no podamos confiar únicamente en que todo ocurra de manera espontánea.

Necesitamos espacios, necesitamos archivos, necesitamos grabar los testimonios de quienes todavía pueden contar esta historia en primera persona, necesitamos que los jóvenes puedan saber qué hubo antes que ellos, no para que tengan que copiarlo, sino precisamente para que puedan hacer algo nuevo sin empezar siempre de cero. Y necesitamos, sobre todo, seguir encontrándonos en un mundo en el que cada vez somos menos vecinos, por razones que mejor no entrar a enumerar…

Los encuentros, las reuniones, las fiestas, las discusiones: ese ha sido siempre el espacio natural de la rumba. La comunidad. Y eso es lo que me parece más interesante de la Fundación Peret. Que lleva el nombre de una figura enorme de nuestra música, pero puede acabar hablando de muchas más cosas que de Peret.

Puede hablar de nuestra memoria, de la Rumba Catalana, de la cultura gitana catalana que la hizo posible, de los músicos que la construyeron, de las familias y las comunidades que la han mantenido viva y de los que todavía están por venir.

Peret ya hizo su parte. Ahora nos toca a los más jóvenes hacer girar la rueda, y esta Fundación puede ser una de las piezas centrales del motor que haga que la Rumba Catalana siga reinventándose con criterio y raíces.

¡Que la Rumba os acompañe!

 

Sobre el autor

Johnny Tarradellas
Johnny Tarradellas ‘Chipén’ (Barcelona, 1958) és músic, compositor i productor, i una de les veus veteranes de la rumba catalana. Criat al Raval, va començar la seva trajectòria musical als vuit anys i ha compartit camí amb algunes de les figures fonamentals del gènere. Des de l’experiència de tota una vida dedicada a la música, reivindica avui la memòria, el patrimoni i el futur de la rumba catalana.

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