Coe Jr, el percusionista de La Cera que juega en la principal liga de la música latina
Viernes por la tarde, inicio de verano, Barcelona. Plaza Catalunya. Coe Jr tiene concierto y yo llego con esa mezcla de curiosidad y orgullo que te despierta ver crecer a alguien a quien has visto empezar prácticamente desde la falda. Comparto un rato con él durante la prueba, lo escucho, lo miro tocar y no puedo evitar pensar en todo lo que le ha pasado en estos últimos años, y en cómo le ha sentado eso de cruzar el océano, subir a escenarios más grandes y rozarse ya con músicos que juegan en otra liga.
Nosotros lo entrevistamos cuando solo tenía trece años. Y ya entonces se le veía una cosa que no siempre es fácil de explicar con palabras: pero yo tenía claro que, si trabajaba y mantenía los pies en la tierra, llegaría muy lejos. Talento tenía de sobra, eso era evidente. Ahora bien, el talento por sí solo no garantiza nada. Hace falta disciplina, constancia y saber escuchar. Y, por suerte, Coe ya apuntaba maneras también en eso.
Han pasado cuatro años, que dicho así parecen poca cosa, pero en la vida de un músico tan joven pueden ser media vida. Y el niño que entonces prometía mucho ahora ya es otra cosa. Ahora ya no estamos hablando de una promesa simpática, ni del hijo de, ni del nieto de, ni del chico que apunta maneras. Ahora estamos hablando de un percusionista que ya ha empezado a sentarse a la mesa de los mayores. Y eso no lo digo yo por hacer bonito. Lo dice la música. Lo dice el escenario. Lo dicen también los caminos que ya ha empezado a recorrer, con viajes a Estados Unidos, experiencias en Nueva York, Miami y otras ciudades del circuito latino norteamericano, actuaciones en escenarios de Florida y Nueva Jersey, y la oportunidad de trabajar cerca de artistas del nivel de Sergio George, Oscar D’León, Andy Montañez, Luis Enrique, Servando & Florentino, Alain Pérez, Ronald Borjas, Tony Vega, Julito Padrón o Roger Herrero.
Cuando le pregunto en qué momento dejó de sentirse “la promesa” para convertirse en músico de verdad, la respuesta es muy suya, con humor, pero también con mucha verdad: llega un momento, dice, en que te das cuenta de que llevas más tiempo siendo “la promesa” que algunos estudiando música. Y añade una frase que me parece definitiva: dejó de sentirse una promesa cuando empezó a compartir escenario con músicos a los que admiraba y ya no lo trataban como al niño, sino como a uno de los suyos. Es una buena respuesta, porque explica muy bien lo que pasa con los músicos de verdad: o tocas, o no tocas.
También le pregunto qué es lo que más le ha cambiado: la técnica, la cabeza o la manera de estar en un escenario. Y aquí vuelve a responder con más profundidad de la que muchos adultos son capaces de tener: “La cabeza. Sin duda.” Antes quería demostrar todo lo que sabía en cada canción; ahora ya sabe que no hace falta. Esta respuesta me gusta especialmente porque retrata una evolución muy seria. El músico joven quiere enseñarlo todo. El músico que empieza a madurar entiende que la verdadera musicalidad no está en la exhibición, sino en saber cuándo tienes que entrar, cuándo tienes que callar y cuándo tienes que hacer una maldad. Y él mismo lo dice, riéndose, que si lo provocan un poco, alguna maldad musical todavía cae. Mejor así. Señal de que el fuego sigue vivo.
Otra de las cosas que me pareció interesante es cuando habla de la parte más dura de su crecimiento. No habla ni de contratos, ni de viajes, ni de fama, ni de redes. Habla de paciencia. De la necesidad de estudiar mucho y de aceptar que las cosas no pasan mañana solo porque tú quieras que pasen. La música tiene una manera muy elegante de bajarte los humos cuando conviene. Coe lo dice bien, y demuestra que, más allá de la facilidad y de la sangre que lleva, hay también oficio y humildad.
Cuando entra en el terreno de los grandes escenarios y de los viajes, especialmente Nueva York, su respuesta es igual de clara: una alegría enorme y también una confirmación de que iban por el buen camino. Cuando cruzas el charco y lo que haces conecta igualmente, te das cuenta de que quizá no ibas tan equivocado. Esta idea es importante porque a veces aquí nos cuesta mucho reconocer lo que tenemos en casa hasta que alguien no coge un avión. Y eso enlaza mucho con otra respuesta suya, casi al final, que me parece una de las más lúcidas de toda la entrevista: en la rumba catalana, y en los músicos jóvenes en general, quizá lo que les falta es creérselo un poco más. Porque talento, dice, lo hay para aburrir. El problema es que demasiado a menudo, cuando un músico triunfa aquí es interesante, pero cuando triunfa fuera se convierte de golpe en un genio. Y muchas veces, el genio ya era exactamente el mismo antes de coger el avión. Más claro, imposible.
También hay un momento en que habla de Alain Pérez y de los músicos de ese nivel. Y aquí no hay postureo ni falsa modestia. Dice que hay gente que juega este juego en otra división. Que Alain hace cosas que parecen ilegales musicalmente. Y es una manera muy gráfica y muy acertada de decirlo. Porque cuando alguien joven tiene la oportunidad de ver de cerca a un músico así, lo que aprende no es solo velocidad o técnica, sino sobre todo otra cosa: que la grandeza de verdad se nota más en la musicalidad que en la velocidad. Y eso, para un percusionista que podría caer fácilmente en el vicio de querer demostrar demasiado, es una lección enorme.
Y después está la música cubana. Esa sí que lo ha enganchado de verdad. Cuando le pregunto qué le da la música cubana que no le da ningún otro estilo, empieza bromeando, dice que problemas, muchos problemas, pero enseguida se entiende por dónde va. Es una música que atrapa, que te enseña humildad, que te hace creer que ya la has entendido justo antes de demostrarte que no. También es aquí donde Coe muestra claramente que no quiere vivir encerrado en una sola etiqueta. Cuando le pregunto si su lugar está en la rumba catalana, la salsa, la timba o en todo a la vez, él responde que es bastante egoísta musicalmente y que se lo quiere quedar todo. Y francamente, hace bien. ¿Por qué tendría que escoger, si su generación ha crecido escuchando de todo y sin los prejuicios antiguos? Él mismo lo dice: su generación puede escuchar rumba por la mañana, timba al mediodía y cualquier otra cosa por la noche, porque la música buena nunca ha necesitado permiso para entrar en una playlist.
Cuando le pregunto qué música es la que ahora mismo está funcionando entre la juventud, no duda: el reparto cubano. Dice que es lo que más se está moviendo ahora mismo y que cuando llegue fuerte a Europa será una especie de fenómeno parecido a lo que pasó con el reguetón. Es una observación interesante, porque viene de un chaval que está conectado con la calle, con el presente y con las músicas que realmente se están moviendo entre la gente joven. Y eso no quiere decir que renuncie a la rumba, ni mucho menos. Cuando le pido qué dice de la rumba, también lo tiene claro: eso de la rumba es muy fuerte, pero tenemos que hacer algo. Juntar la vieja y la nueva. Dar esperanza. Esta frase, tan sencilla, me parece casi un programa. Unir a los mayores y a los jóvenes. No romper el hilo. Dar esperanza.
Y es aquí donde todo encaja. Porque Coe Jr no es solo un músico joven que toca mucho. Es también una prueba viva de que la rumba catalana y todo el entorno musical que la rodea siguen generando talento, siguen dando músicos con personalidad, con hambre, con compás y con una apertura musical que no entiende de fronteras. Viene de una familia grande musicalmente, y él mismo admite que el apellido abre alguna puerta, pero que después hay que tocar, porque el público no aplaude los apellidos, aplaude lo que escucha. Y eso también es una gran verdad. La estirpe ayuda, la tradición empuja, pero después hay que aguantar el escenario con las propias manos. Y eso también lo está haciendo.
Yo, personalmente, me siento un poco orgullosamente culpable de todo esto, aunque sea solo de manera anecdótica. Se lo dije allí mismo, riéndome, y él se acordaba perfectamente. Lo primero que le puse en las manos fue un bongó, casi por necesidad doméstica: “No calla el niño, dadle un bongó”. Una solución desesperada para poder ver una película tranquilo, y mira tú por dónde, el crío se quedó con esto de la percusión. El resto lo hicieron el talento, el oficio, la obsesión, el estudio, la estirpe, la familia de sangre y la familia musical.
Y si hoy me pregunto qué me dice todo esto sobre el futuro de la rumba catalana, la respuesta es bastante clara. Mientras sigamos teniendo músicos jóvenes con este talento y esta falta de complejos, todavía hay esperanza. Esperanza de que la rumba vuelva a ocupar el lugar que le toca en esta ciudad, como una música viva, popular y orgullosa de sus raíces. Ya sé que hoy el mundo funciona a golpe de modas globales, de tendencias que entran por la pantalla y se imponen como un Goliat moderno, enorme y ruidoso. Pero yo sigo pensando que la historia de la música, como tantas otras historias, a veces se mueve gracias a los David. Y nosotros, de Davides, todavía seguimos viendo la genética en nuestros músicos. Coe Jr es uno de esos. Y cuando lo ves tocar, te das cuenta de que quizá el futuro no está tan lejos como pensamos.
