Una gala para premiar el esfuerzo educativo de la infancia y la juventud gitana en Cataluña
La tercera edición de los Premis a l’Estudi Elsa Peretti-Pere Closa reconoció la trayectoria educativa de 150 niños, niñas y jóvenes vinculados a los proyectos de la Fundació Privada Pere Closa.
Poco después de las once de la mañana del sábado 6 de junio, los alrededores del Auditori de Barcelona empezaban a llenarse de un público poco habitual para esas horas: niños y niñas, jóvenes y familias llegadas desde distintos puntos de Cataluña. Todavía faltaba más de una hora para que comenzara el acto, pero muchas de ellas llevaban tiempo con la fecha señalada en el calendario. Era un día especial. En aquel escenario iban a encontrarse estudiantes gitanos y no gitanos de diferentes edades y procedencias para celebrar algo que no siempre recibe aplausos: su compromiso cotidiano con la educación.
Los nervios se mezclaban con la expectación. Se repetían las escenas de saludos entre familias que se reencontraban y de niños que preguntaban cuánto faltaba para entrar. También los trabajadores y trabajadoras de la Fundació Privada Pere Closa, reconocibles por las camisetas de la entidad, ultimaban una organización en la que participaron alrededor de medio centenar de profesionales.
La imagen resumía buena parte de la razón de ser de la Fundació Privada Pere Closa, una entidad que nació para favorecer el éxito educativo de la infancia y la juventud gitana, acompañar a sus familias, fortalecer la relación con los centros escolares y divulgar una imagen del pueblo gitano alejada de prejuicios y estereotipos.
Su actividad, sin embargo, trasciende ampliamente una única comunidad o un solo territorio. Durante 2025, la fundación trabajó regularmente con 3.815 niños, niñas y jóvenes. Su labor alcanzó a 2.461 familias, 258 centros educativos y más de 200 instituciones públicas y privadas. La entidad desarrolló actuaciones en 37 municipios, dibujando un mapa que abarca realidades tan diferentes como Badalona, Barcelona, Sant Adrià de Besòs, L’Hospitalet de Llobregat y Santa Coloma de Gramenet, pero también Lleida, Balaguer, Mollerussa, Tàrrega, Girona, Figueres, Reus, Tarragona o Tortosa.
Detrás de esas cifras se encuentran programas de refuerzo escolar, acompañamiento familiar, promoción educativa, aprendizaje lingüístico, competencias digitales, actividades de ocio y proyectos de igualdad de género. Son intervenciones dirigidas principalmente al alumnado gitano y a otros niños y jóvenes que viven situaciones de vulnerabilidad social y educativa. El objetivo no consiste únicamente en ayudarles a aprobar una asignatura, sino en reforzar su confianza, prevenir el abandono escolar y ampliar sus expectativas de futuro.
Los III Premis a l’Estudi Elsa Peretti-Pere Closa forman parte de ese trabajo continuado. La iniciativa se integra en el Proyecto para el Éxito Educativo de los Niños, Niñas y Jóvenes Gitanos en Cataluña y para la Difusión de la Cultura del Pueblo Gitano, desarrollado con el apoyo de The Nando and Elsa Peretti Foundation.
Ya en el interior del Auditori, las presentadoras Rocío y Elisabet dieron la bienvenida a las familias y explicaron el sentido de una convocatoria que, después de tres ediciones, empieza a consolidarse como una tradición. En las intervenciones institucionales se insistió en que estudiar importa, pero también en que hacerlo resulta especialmente meritorio cuando las condiciones económicas y sociales no siempre acompañan.
Mercedes Porras Soto, presidenta de la Fundació Privada Pere Closa, recordó que detrás de cada trayectoria educativa hay familias, profesionales y centros escolares que acompañan el proceso. Para ilustrarlo, señaló entre el público a Cristian, un antiguo alumno al que conoció cuando trabajaba como técnica educativa en el barrio de La Florida, en L’Hospitalet de Llobregat, y que ahora asistía al acto como padre, junto a su mujer y sus hijos, también premiados. Una imagen que, según destacó, refleja el impacto que puede tener el acompañamiento educativo a largo plazo y la importancia de que el estudio deje de verse como una excepción para convertirse en una tradición compartida: «Hagamos que estudiar, formarse y llegar lejos también sea una tradición entre nosotros».
A continuación comenzó la entrega de premios. Los nombres de los 150 estudiantes fueron sonando uno tras otro antes de que cada grupo recibiera el aplauso del Auditori. Eran alumnos de primaria y secundaria vinculados a diferentes proyectos de la fundación, entre ellos Siklavipen Savorença, La Colla, Ciber, el Centre Obert La Salut, La Tribu Lectora, Codocència y Promoció Escolar.
Todos recibieron un diploma acreditativo y una tarjeta regalo por valor de 200 euros destinada a la adquisición de material escolar, educativo o deportivo. La ayuda tiene una dimensión muy concreta. La mayoría de los premiados procede de entornos socioeconómicamente desfavorecidos, precisamente aquellos en los que la entidad concentra buena parte de sus recursos. En esas circunstancias, disponer de libros, material didáctico, equipamiento deportivo o herramientas adecuadas puede ser determinante para seguir el curso en condiciones de mayor igualdad.
Pero el valor simbólico del premio iba más allá de su cuantía. Durante unas horas, el esfuerzo desarrollado a lo largo de todo el año salió de las aulas para ocupar un gran escenario donde, además de reconocer los buenos resultados, se celebraban la constancia, la capacidad de superar dificultades y la voluntad de continuar aprendiendo.
La tercera edición de los Premis a l’Estudi Elsa Peretti-Pere Closa confirmó la consolidación de una iniciativa que reconoce el esfuerzo de los estudiantes y de sus familias. Precisamente, esta dimensión comunitaria constituye uno de los principales valores de los premios, ya que el acto brindó la oportunidad de encontrarse con otros estudiantes y familiares que comparten experiencias y aspiraciones semejantes. Verse reflejados en otros compañeros y familias, y recibir juntos un reconocimiento público por su esfuerzo, contribuye a generar referentes positivos y expectativas educativas más amplias.
Celebrar el estudio no elimina las desigualdades que atraviesan el sistema educativo, pero ayuda a visibilizar trayectorias que a menudo quedan fuera del foco público. Cuando las últimas familias abandonaron el Auditori, se llevaron diplomas y ayudas para material escolar, pero también la experiencia de haber compartido una jornada en la que el esfuerzo educativo fue motivo de orgullo colectivo.
