El proyecto Rumba Intercontinental conecta la rumba catalana con la rumba de Cuba y el Congo

El proyecto Rumba Intercontinental conecta la rumba catalana con la rumba de Cuba y el Congo

La entidad Carabutsí acogió las actividades barcelonesas de Rumba Intercontinental, un proyecto internacional en cuyo marco se celebró una conferencia de expertos rumberos para reflexionar sobre la rumba como puente entre comunidades.

Barcelona acogió el sábado 16 de mayo una conferencia de expertos rumberos dentro de Rumba Intercontinental, un proyecto que propone entender este género como una música de ida y vuelta, una música mestiza, atravesada por la memoria gitana, las diásporas africanas y los intercambios culturales entre territorios.

La sesión, celebrada por la mañana en el Museu d’Història de Catalunya, formó parte del programa de actividades que la entidad Carabutsí ha organizado estos días en Barcelona, con rutas, talleres, entrevistas, teatro, exposiciones y conciertos gratuitos. La cita coincidió además con el Día de la Resistencia Romaní, una fecha que dio al encuentro un tono muy reivindicativo.

Sam Mosquetón, director del Ecomuseu Urbà Gitano de Barcelona, abrió la conferencia recordando que la rumba catalana es también “una resistencia” del pueblo gitano. Su intervención marcó el tono de una jornada pensada para reunir a voces procedentes de distintos territorios rumberos y compartir diferentes formas de entender este género musical. 

Rumba Intercontinental nace de la colaboración entre entidades, músicos y expertos de Bélgica, Francia, Cuba, la República Democrática del Congo y Barcelona. La iniciativa surgió hace unos años a raíz de la percepción de similitud que músicos de origen congoleños tuvieron al escuchar la rumba cubana y la rumba catalana en relación a tradiciones musicales del norte del Congo. Aquella intuición fue el principal catalizador de un proyecto que explora los vínculos entre distintas rumbas del mundo y sobre los recorridos históricos y sociales que han unido a comunidades separadas por océanos.

En su fase actual, el proyecto combina investigación de campo, encuentros comunitarios y creación artística. Antes de llegar a Barcelona, el equipo ya había desarrollado actividades en Cuba y en Kinshasa para estudiar cómo viven hoy estas músicas las comunidades que las han creado y transmitido a lo largo de diferentes generaciones. Tras esta etapa, Rumba Intercontinental prevé impulsar celebraciones públicas en ciudades como Perpiñán, Barcelona y Bruselas, además de una exposición itinerante con entrevistas, materiales audiovisuales y aportaciones de músicos e investigadores.

La conferencia permitió situar la rumba catalana dentro de ese mapa global de conexiones entre diferentes pueblos. En la mesa participaron referentes con trayectorias diversas, entre ellos el historiador cubano Arsenio Rodríguez, el musicólogo Guy Bertrand y figuras vinculadas a la rumba catalana como Peret Reyes, Rafalito, l’Oncle Joanet, Yumitus del Pichón y Johnny Tarradellas.

Uno de los ejes centrales fue la de la definición de la rumba como una música nacida del cruce, la adaptación y la supervivencia. Arsenio Rodríguez recordó que la rumba cubana no puede entenderse como una simple traslación de ritmos africanos a América. Según explicó, “los negros no llevaron los tambores a América; no llevaban ningún tambori, ban desnudos y encadenados”, afirmó. “Lo maravilloso de la negritud en América fue su memoria. Reconstruyeron con su memoria los tambores”. A partir de ahí, defendió que la música nacida en Cuba ya no era igual a la africana, sino una creación nueva, influida por ritmos distintos y por la necesidad de sobrevivir.

Tras conocer los elementos históricos que dieron lugar a la rumba en Cuba, varios participantes defendieron que la rumba catalana tampoco puede reducirse a la figura de un único inventor. Más bien, fue descrita como una creación comunitaria, nacida en fiestas familiares, en calles y barrios como la Cera, Gràcia, Sant Antoni, Mataró o Lleida. Peret Reyes reivindicó que la rumba se formó en las celebraciones privadas gitanas de los años cuarenta y cincuenta, y que en los años sesenta artistas como Peret, El Pescaílla, El Chacho o Los Amaya contribuyeron a modernizarla y proyectarla públicamente.

El ventilador, la característica técnica de guitarra asociada a la rumba catalana, ocupó también buena parte de la conversación. Lejos de ser presentado como un simple recurso instrumental, fue descrito como una manera propia de condensar ritmo, percusión y armonía en un solo gesto. Desde la mirada cubana, Rodríguez lo vinculó con la capacidad de transformar en guitarra funciones rítmicas que en otros contextos cumplen los tambores.

La sesión también abordó las conexiones francesas de la rumba, especialmente a través del sur de Francia, Perpiñán, Manitas de Plata, José Reyes y los Gypsy Kings. Guy Bertrand explicó cómo, al llegar a Perpiñán, descubrió una fuerte presencia gitana catalana que no respondía al tópico del flamenco español, sino a una cultura propia, en catalán y atravesada por la rumba. Desde ahí se dibujó otro de los mapas del proyecto: el de las circulaciones familiares, musicales y escénicas entre Barcelona, el sur de Francia y el mundo.

Más allá de los nombres consagrados, también se reivindicó el papel de las mujeres gitanas en la historia de la rumba. Se recordó que, aunque muchas veces no ocuparan el escenario, las mujeres han sido protagonistas y transmisoras de este género musical dentro de las celebraciones comunitarias. También se mencionó la necesidad de hacer más visible su presencia en los relatos públicos sobre la rumba catalana.

Otro de los temas tratados fue la influencia de la iglesia evangélica como espacio de aprendizaje y transmisión musical dentro de muchas comunidades gitanas. Algunos participantes señalaron que los cultos han funcionado como una verdadera escuela de canto, palmas, guitarra y repertorio, y que numerosas personas que no se dedicaban profesionalmente a la música desarrollaron allí una gran capacidad expresiva. 

El encuentro sirvió, en definitiva, para poner en valor la rumba como una música nacida de la vida comunitaria, de celebraciones y de formas compartidas de tocar y cantar. Sam Mosquetón hace una valoración muy positiva del paso del proyecto por Barcelona. Según el director del Ecomuseu Urbà Gitano de Barcelona, la exploración “ha sido muy enriquecedora y muy intensa”, con cinco días de actividades que permitieron a las organizaciones participantes conocer de cerca la rumba catalana y la comunidad que la mantiene viva. Sam destaca especialmente la conferencia de expertos rumberos, que considera “una iniciativa que no se había hecho nunca antes: reunir a todos estos grandes rumberos, de diferentes territorios, para que pudieran debatir y hablar de sus vivencias y verdades alrededor de la rumba”.

El proyecto tendrá continuidad en los próximos meses con nuevas celebraciones en Barcelona, Perpiñán y Bélgica, antes de continuar el trabajo de preparación de una exposición itinerante que recogerá el material generado en Cuba, el Congo, Bélgica y Barcelona. Más allá del proyecto, Mosquetón reivindica el reconocimiento pleno de la rumba catalana como música gitana: “Si no existieran los gitanos, no existiría la rumba catalana”, afirma. Al mismo tiempo, recuerda que se trata de un género nacido también del diálogo con otras músicas, como el flamenco, la música latina o el rock and roll.

 

 

Sobre el autor

Pedro Casermeiro
Pedro Casermeiro és llicenciat en Psicologia per la Universitat de Barcelona. És membre de la directiva de Rromane Siklǒvne i de la Fundació Privada Pere Closa. Pedro també es formador en llengua romaní i coordinador del “Museu Virtual del Poble Gitano a Catalunya”.

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