La FAGiC acoge una reunión institucional para conocer el modelo alemán de denuncia del antigitanismo
La iniciativa ha contribuido en Alemania a reducir la infradenuncia y a comprender mejor la dimensión real de los incidentes.
La Federación de Asociaciones Gitanas de Cataluña (FAGiC) acogió la presentación del MIA (Melde- und Informationsstelle Antiziganismus), el sistema alemán de registro, documentación y evaluación de casos de antigitanismo con el objetivo de conocer una práctica que en Alemania se ha mostrado especialmente útil para aflorar casos que antes no se denunciaban y, con ello, estimar con mayor precisión la dimensión real del antigitanismo.
El encuentro reunió a miembros del movimiento asociativo gitano, diputadas del Parlament y miembros del Ejecutivo catalán, entre los que se encontraban Jaume Romero, director general d’Acció Comunitària i Innovació Social del Departament de Drets Socials i Inclusió, Tatiana Font, responsable del Programa del Poble Gitano, i Noa Monràs, directora general de Drets Humans i Lluita contra els Discursos d’Odi del Departament d’Igualtat i Feminisme.
La sesión fue introducida por Anabel Carballo, directora ejecutiva de la FAGiC, quien enmarcó el acto como un espacio de trabajo orientado a contrastar aprendizajes y posibilidades de adaptación de la iniciativa alemana al contexto catalán en un momento marcado por el debate para el Pacto Nacional contra el Antigitanismo, el Pacto Nacional contra los Discursos de Odio, y la futura Estrategia Catalana del Pueblo Gitano.
La presentación de MIA corrió a cargo de Guillermo Ruiz, responsable del proyecto a nivel federal, quien situó la importancia de este tipo de herramientas en un marco histórico y social marcado por la persecución y el trauma acumulado. Ruiz explicó que, en Alemania, la desconfianza hacia lo institucional sigue siendo un factor clave, especialmente en parte de la comunidad Sinti y Roma, por el peso de la persecución –y por la continuidad de prácticas y miradas estigmatizantes tras 1945–, lo que ha alimentado durante décadas la infradenuncia y la invisibilización de los hechos.
En ese contexto, señaló que muchos de los avances logrados en Alemania en materia de reconocimiento y lucha contra el antigitanismo han sido fruto de la movilización y reivindicación sostenida del movimiento de derechos civiles romaní, y que la creación de instrumentos específicos –como el centro de registro– responde a la necesidad de contar con datos y evidencias frente a un fenómeno que a menudo se minimiza o se normaliza. Según se expuso, MIA nació precisamente para cubrir ese vacío: recoger información de forma sistemática, hacer visible el “campo oculto” de incidentes y orientar políticas públicas más eficaces.
Ruiz detalló que MIA recibe denuncias por múltiples vías para facilitar el acceso: canales digitales, correo electrónico y redes sociales, con materiales en varios idiomas y con un énfasis fuerte en la confidencialidad y, cuando se requiere, el anonimato. Una parte esencial del modelo, añadió, es que el trabajo se apoya en la confianza y en el vínculo con organizaciones romaníes: “un sistema de denuncia funciona mejor cuando quien atiende y acompaña es percibido como cercano y legitimado por las comunidades”.
Más allá del registro, se explicó que MIA combina el análisis de datos con acciones concretas: derivación a recursos especializados, incidencia en casos institucionales (por ejemplo, en ámbitos como vivienda, escuela o trato administrativo) y elaboración de informes anuales y temáticos para comprender patrones y ámbitos especialmente sensibles, como la educación, la relación con la policía, la vivienda o el discurso de odio en línea.
La reunión concluyó con diálogo entre los asistentes orientado a comprender mejor la experiencia y valorar su posible encaje en la realidad catalana, donde la infradenuncia de los casos de antigitanismo dificulta la comprensión real del fenómeno y, a su vez, el establecimiento de una respuesta pública adecuada y basada en evidencias
