RomaREACH, la apuesta de CampusRom por una juventud gitana con voz y agenda
Formación, participación, campaña en redes para impulsar liderazgo juvenil y llevar propuestas a la EU Roma Week de Bruselas.
En los últimos años, una parte creciente de la juventud gitana está impulsando un cambio de marco: dejar de aparecer únicamente como receptora de políticas sociales y pasar a ser actor clave en la disputa de relatos contra el antigitanismo y a marcar la agenda pública.
Ese contexto ayuda a entender por qué proyectos como RomaREACH, impulsado en España por CampusRom (Red Gitana Universitaria), ponen el foco en una idea tan sencilla como exigente: formación, participación y voz pública. En palabras de Manuel García, uno de los responsables, el objetivo no es solo medir la implicación juvenil, sino “darles herramientas para que puedan ser miembros activos y portavoces del cambio”.
La iniciativa nace en el marco de un consorcio europeo financiado por la Unión Europea. Según explica García, la semilla viene de la entidad UCCU Alapitvány (Hungría), que plantea la necesidad de conocer la situación de la juventud gitana en Europa en términos de política y movimiento social.
RomaREACH intenta intervenir en la brecha entre tener derechos “sobre el papel” y contar con herramientas reales para ejercerlos. En el periodo 2024-2025, el proyecto ha trabajado para impulsar el empoderamiento y la participación de la juventud gitana en España, Hungría y Bulgaria, con una brújula clara: fortalecer la ciudadanía activa a través de tres pilares –comprender, empoderar y abogar-.
García subraya un punto clave: el obstáculo para una participación efectiva no es solo externo -barreras y estigmas-, también existe una brecha de acceso a la información y a experiencias de participación, especialmente en el ámbito de la política, pero también movimiento asociativo. “Actualmente hay mucho desconocimiento entre los jóvenes gitanos sobre la política, acciones y movimiento asociativo”, describe.
En una primera fase del proyecto, se recogió el testimonio de más de 50 jóvenes de Cataluña y del conjunto de España sobre su participación (o no) en política y movimiento asociativo.
Seguidamente se realizaron tres seminarios centrados en asociacionismo, historia del Pueblo Gitano y feminismo romaní. Los encuentros fueron celebrados en Barcelona, con participación de más de cincuenta jóvenes gitanos, y contenidos como derechos humanos y sociales, políticas públicas para el Pueblo Gitano, historia en Europa y España, y movimiento asociativo, incorporando un enfoque específico de liderazgo de mujeres gitanas.
La fase actual del proyecto conecta con una realidad que la juventud gitana conoce bien: buena parte de la disputa cultural y política ocurre en el mundo digital. García explica que se ha instruido a 20 jóvenes para crear vídeos cortos de reivindicativos dentro de una campaña en redes sociales.
El proyecto prevé un hito internacional: presentar conclusiones en la EU Roma Week en Bruselas en abril de 2026, donde jóvenes de los países participantes expondrán recomendaciones políticas a instituciones europeas y responsables públicos.
Sobre lo que están encontrando hasta ahora, García adelanta un diagnóstico que explica por qué esa cita importa: “hemos detectado bajo entusiasmo y desconocimiento por estos ámbitos”, y de ahí la urgencia de formar y acompañar.
La continuidad, de hecho, aparece como uno de los puntos críticos en cualquier intervención juvenil. En este sentido, García plantea un objetivo claro: “Nos gustaría que los jóvenes que han participado del proyecto se conviertan en portavoces de otras campañas en CampusRom”, para mantener el vínculo y fortalecer el movimiento asociativo gitano.
En esta línea, García insiste en que la participación juvenil no surge sola: necesita acompañamiento y sentido compartido. “La juventud gitana se implica en actividades como esta siempre que se les acompañe, anime y vean la importancia de participar de ellas”, comenta.
Ahí está, quizá, el sentido más profundo de RomaREACH: desplazar la imagen de la juventud gitana como “tema” y reconocerla como sujeto capaz de formarse, hablar en público, producir relato en redes y, sobre todo, disputar políticas y decisiones.
