El romanó, lengua de resistencia del pueblo gitano, vuelve a sonar en Cataluña
El Pla Integral del Poble Gitano de Catalunya ha organizado un acto para conmemorar el Día Internacional de la Lengua Romaní, una jornada que ha reunido instituciones, entidades y ciudadanía para reivindicar la riqueza y la vitalidad de esta lengua milenaria.
El Museu d’Història de Catalunya acogió este miércoles la celebración del Día Internacional de la Lengua Romaní, una jornada dedicada a poner en valor una lengua que atraviesa fronteras, siglos y culturas. El acto reivindicó la lengua romaní como una expresión viva de la identidad gitana y un elemento esencial de su patrimonio cultural.
El acto fue inaugurado por Jaume Romero, director de Acción Comunitaria e Innovación Social, quien destacó la importancia de preservar esta lengua como “una expresión viva de identidad, de resistencia y de comunidad”. Romero afirmó que “proteger el romaní no es solo una tarea cultural, sino un acto de justicia”, y recordó que “cada lengua que se mantiene viva nos hace más ricos como sociedad”.
El director reivindicó el papel de la Generalitat en la promoción de la diversidad como fuerza colectiva y recordó que “la igualdad de oportunidades no es posible sin el reconocimiento cultural y lingüístico”. En este sentido, puso en valor el Pla Integral del Poble Gitano, que tiene como objetivo “empoderar, crear referentes y garantizar la igualdad real”, y llamó a “poner recursos, energías y voluntad política” al servicio de la recuperación y normalización del romaní.
Ante el aumento de los discursos de odio, Romero defendió “ni un paso atrás” en la lucha por la convivencia, la dignidad y la libertad de todas las personas para expresarse y vivir su cultura con normalidad.
En la inauguración, Raquel Castellà, curadora del Museu d’Història de Catalunya, expresó “el honor de acoger una jornada que reconoce la vitalidad y la profundidad cultural de la lengua romaní, pilar fundamental de la identidad y la memoria del pueblo gitano”. Castellà remarcó que “celebrar la lengua romaní es también celebrar la resistencia, la creatividad y la dignidad del pueblo gitano”, y añadió que “si la historia es patrimonio, la lengua romaní también forma parte del patrimonio compartido de nuestro país”.
Una lengua de resistencia e identidad
Tras la bienvenida institucional, se celebró una mesa de debate con representantes de entidades como Rromane Siklǒvne, Presencia Gitana, Rromanipe’s, Romano Kher, Servei Nou Barris Conviu y Lacho Baji Cali. Las intervenciones coincidieron en destacar la importancia de preservar y transmitir la lengua como expresión viva de la cultura gitana y como herramienta de cohesión y reconocimiento colectivo.
Los ponentes presentaron proyectos formativos, manuales y cursos en línea para la formación de docentes y la introducción del romaní en las escuelas, así como experiencias educativas y culturales —como juegos y recitales poéticos— que buscan acercar esta lengua a las nuevas generaciones. Todas las entidades reclamaron más apoyo institucional y recursos estables para garantizar la continuidad de estas iniciativas.
Según Pedro Vargas, de Presencia Nacional Gitana, “el romaní no es solo una lengua, es nuestra memoria colectiva y la clave de nuestra identidad”. Vargas explicó que el proyecto que impulsan “no es solo un proyecto, sino un compromiso colectivo con el futuro de nuestro pueblo”, y presentó el Manual de la Lengua Romaní en castellano y catalán como una herramienta para expandir su enseñanza en todo el territorio.
El formador Carlos Muñoz recordó que “la lengua es el valor cultural al que los gitanos podemos aferrarnos para seguir manteniendo nuestra identidad”, evocando figuras como Marcel Courthiade o Gheorghe Sarau, “pioneros en la normalización de la lengua”, y celebró que “cada vez más jóvenes, en Barcelona o Sevilla, comienzan a hablar romaní con una calidad que emociona”.
Una lengua viva, entre la memoria y la innovación
El romaní sigue siendo una lengua de resistencia y transmisión cultural, pero su salud es desigual. Aunque más de diez millones de personas la hablan o la entienden, su transmisión familiar se ha debilitado en buena parte de Europa. En el Estado español, su variante local —el caló— sobrevive sobre todo a través de expresiones incorporadas al lenguaje popular, como chaval, halar o calés.
Desde Cataluña, diversas entidades trabajan para revertir esta situación. Enerida Isuf, de Rromanipe’s, defendió “la necesidad de cooperación institucional y presupuestaria para garantizar la justicia lingüística del pueblo gitano”. Afirmó que “si queremos reparar el daño histórico de siglos de persecución y silencio, es necesario un plan de recuperación de la lengua que recoja la experiencia de las entidades y del gobierno”.
Para Seo Cizmic, de Rromano Kher, “el romaní es una materia de vida; es identidad y resistencia”. Su proyecto de cursos en línea —que ya ha llegado a estudiantes de América y Europa— ha permitido “crear formadores que enseñan la lengua a nuevos aprendices”. Recordó que “recuperar el romaní es también una forma de combatir el antigitanismo, la causa principal que hizo desaparecer la lengua”, y expresó su deseo de “que cada madre pueda hablar su propia lengua con su hijo”.
También Noemí Amaya, del Servei Nou Barris Conviu, explicó cómo las actividades escolares pueden contribuir a esta sensibilización. A través de juegos como un memory dedicado al pueblo gitano, “queremos que los más pequeños descubran su historia y su lengua, y que comprendan que hoy se puede hablar romaní en la escuela, un derecho que antes no teníamos”.
Investigación, patrimonio y futuro
La recuperación del romaní pasa también por la investigación y la creación de materiales rigurosos. El lingüista Ignasi Adiego presentó el trabajo de elaboración de un nuevo diccionario, destacando que “el vocabulario es el puente entre los distintos dialectos; es lo que nos permite entendernos”. Adiego explicó que el romaní conserva un núcleo léxico de origen indio, enriquecido con palabras de Persia, Armenia o Grecia, y que “ese fondo común es la base para cualquier proceso de estandarización”.
Aunque reconoció la dificultad de unificar una lengua tan diversa, Adiego insistió en que Cataluña puede jugar un papel clave: “desde aquí, donde paradójicamente se ha perdido el romaní, podemos ofrecer una mirada neutral para la elaboración de materiales que sirvan a toda Europa”.
Este esfuerzo académico se une al impulso comunitario e institucional. Como recordó Pedro Vargas, “Cataluña sigue siendo una tierra pionera en la defensa de los derechos y libertades del pueblo gitano”. El apoyo de las administraciones es esencial para garantizar la continuidad de los proyectos de formación, los manuales y la introducción progresiva del romaní en el ámbito educativo.
Hoy, más que nunca, la revitalización del romaní y del caló depende de la colaboración entre instituciones, entidades y creadores. Como afirmaba Seo Cizmic, “no hay que trabajar la lengua solo con subvenciones; hay que trabajarla como una necesidad vital”. Esta necesidad se traduce en proyectos educativos, cursos en línea, recitales poéticos y publicaciones que, poco a poco, vuelven a hacer oír la voz del romaní en Cataluña.
El Día Internacional de la Lengua Romaní, celebrado cada 5 de noviembre, recuerda que “las lenguas no mueren del todo mientras haya quien las pronuncie”. Como expresó Enerida Isuf, “recuperar nuestra lengua es recuperar nuestra memoria colectiva”. Una memoria que, como el romaní mismo, sigue viva y pide ser escuchada.
