“Contarnos a nosotros mismos”. Dialogamos con Mercedes Porras, comisaria de la exposición El poble gitano de Catalunya: història i cultura

“Contarnos a nosotros mismos”. Dialogamos con Mercedes Porras, comisaria de la exposición El poble gitano de Catalunya: història i cultura

Cuando asistimos a una exposición, reclamamos simplemente que nos informen, de la forma más artística, precisa e imaginativa posible: sobre un tema, acerca de una época, de una civilización, de la obra de un pintor o de una comunidad, como la gitana, que lleva ya muchos siglos desdibujada en la historia ignorada del mundo. El día uno de este octubre de 2025 se inauguró, en el Museo de Historia de Catalunya, la exposición “El poble gitano de Catalunya: història i cultura”, con la asistencia de altos cargos de la Generalitat catalana, arropados por gitanos y gitanas que estaban felices por verse como objeto de estudio. Es curiosa la gratitud del ser humano al verse mostrado, contado, exhibido. La curiosa necesidad de exhibicionismo que a todos nos complace tanto. Estuvieron muchas entidades sociales y asociaciones culturales representadas por sus miembros. Estuvimos, payos y gitanos, disfrutando como público al asistir, con verdadera emoción, a una exposición donde se muestran las bases fundamentales para poder entender la historia del pueblo gitano. Una información que proporciona un asiento bien tratado y documentado para que la sociedad pueda conocer algo mejor a la comunidad gitana catalana. Con datos históricos legitimados por investigaciones depuradas y críticas, y que hacen de la exposición un riguroso punto de acercamiento, una ventana abierta a la cultura gitana. Pasamos una tarde luminosa, en palabras de Mercedes Porras: «en la que es posiblemente la exposición sobre historia y cultura del pueblo gitano más ambiciosa que se ha hecho nunca».

 Nos sentamos con Mercedes Porras: gitana, historiadora del arte, presidenta de la Fundació Privada Pere Closa y, para nuestra entrevista, comisaria de la exposición y pionera en esta nueva exploración para la representación del gitano y de la gitana que se cuentan a sí mismos. [Nos referimos aquí al formato de gran exposición.] 

—Hola, gitana, ¿cómo estás? ¿Respuesta de toda la mogollona?

No he descansado todavía. La exposición está ahí puesta, pero el trabajo sigue. Estamos con el catálogo, con la cartelería, toda la publicidad, haciendo el guion de la visita guiada, etc. Ahora, a un nivel de exigencia más flojito, sin nervios, pero la cosa sigue, y seguirá. Mientras la exposición esté en exhibición, yo seguiré trabajando en ella.

—Ahora, después de estos días desde que la exposición está abierta al público, ¿qué piensas de todo el trabajo realizado en los últimos veintiún meses?

Desde que me reúno por primera vez con el director del Museo de Historia de Catalunya han pasado, eso, un año y nueve meses. Estoy maravillada al darme cuenta de que he podido sacar adelante esta exposición, sin dejar mi trabajo en la Fundació Privada Pere Closa. Han sido dos jornadas de curro completas al día. Dos sitios diferentes, un solo día, fines de semana incluidos trabajando. Sin vacaciones de agosto. Estoy satisfecha de mí misma por lo que he podido llegar a hacer. Por otro lado, el hacer esta exposición en el Museo de Historia de Catalunya ha sido una garantía de éxito, porque este museo no iba a hacer una cutrez jamás. Jordi Principal, que es además una persona maravillosa, desde el primer día me dijo: Mercedes, tú mandas. Desde el minuto uno, me dio libertad para poder hacer lo que yo quisiera y como he querido. Eso me ha hecho sentir muy libre a la hora de poder hacer.

—¿Qué sientes al haber entregado a la gente esta exposición?

Más que sentir, comparto sentimiento. Es decir, ha habido muchas personas que han venido, que incluso me han dicho que esto es lo más grande que se ha hecho por el pueblo gitano.

Hablando con Mercedes, llegamos a la conclusión de que claro que se han hecho, y se hacen, otras cosas grandes por el pueblo gitano. Pero si miramos la dimensión, y no solo física, hablamos de mil metros cuadrados de exposición, y la magnitud de este trabajo, no se había hecho nada parecido hasta ahora. Al César lo que es del César.

—La relación con las instituciones, ¿cómo ha sido?

_ La relación ha sido básicamente con la Generalitat. Me gustó mucho que a mitad del proceso hubiera una reunión donde estaban el director del Museo, las tres conselleras, que además estuvieron en la inauguración, el director general de Patrimonio y la persona encargada del trabajo de restauración de la capilla gitana de Helios Gómez. Desde ese momento, tuve claro que la Generalitat estaba apostando en firme por esta exposición. Eso me dio seguridad y tranquilidad.

Cada vez más proyecciones del mundo y la cultura gitana están ideadas y concebidas por los propios gitanos y gitanas. Esto, hasta hace muy poco tiempo, era excepcional. Aun así, se necesitan más manifiestos hechos por los propios gitanos acerca no solo de sí mismos, sino acerca de todo tipo de cosas en relación con nuestra sociedad, acerca del mundo entero. Creemos que ahí está la potencia de una mirada diferente sobre las cosas, en una sociedad tan diversa como la catalana, como la nuestra. Así está hecha esta exposición. Hemos de reconocer que está llena de emoción, plena de la emoción de quien se construye a sí mismo. Se nota que está hecha por una gitana que se siente como tal, sin tensión alguna. Es por eso, además, que lo de pionera está bien traído. Desafortunadamente, no estamos acostumbrados a esto. Actualmente, existe una necesidad inevitable ya, por parte de gitanos y gitanas, de reescribir la forma de ser contados, de legitimar el relato de su propia cultura y poder, en fin, narrarse desde sus propios códigos y lenguajes.

—¿Crees que las instituciones están maduras para dejar paso a la mirada propia, particular y extraña de quienes están definiendo su encaje social y cultural después de tantos siglos, de tanto tiempo de silenciamiento y antigitanismo institucional?

Creo que no. Que las instituciones no están maduras, igual que no lo está la sociedad en general. Es mi percepción. Evidentemente, están más preparadas, o mentalizadas, que hace treinta años, pero entiendo que no están preparadas aún para que seamos nosotros, los propios gitanos y gitanas, los que proyectemos y diseñemos esa tarea tan importante de narrarnos, contarnos.

¿A qué es debida esa falta de madurez?

Mercedes ríe de nuevo. Me advierte: «No vaya a ser que nos quiten las subvenciones». Reímos, y nos arriesgamos a seguir hablando. Yo creo que no creen en nosotros, y mira que llevamos ya muchos años. No creen en nosotros. Y date cuenta de que aquí, en Catalunya, se han conseguido cosas que son únicas en el mundo: el reconocimiento institucional, el Plan Integral del Pueblo Gitano, o ahora mismo en desarrollo en el Parlament de Catalunya: la Comisión de Estudio y un Pacto Nacional contra el antigitanismo. Pero, aun así, yo creo que el paternalismo todavía existe. El hecho de no creer que los gitanos, por sí mismos, podamos conseguir las cosas y que nos deben acompañar, estar detrás como un padre guiando. Pero creo que podemos llegar a tener ya cierta independencia, cierta autonomía para hacer un montón de cosas. Creo que esto se está demostrando con muchos proyectos y trabajos que se hacen.

—¿Te has sentido libre al realizar esta exposición?

—Me he sentido superlibre. Porque ese camino me lo abrió el director. Además, he trabajado con una coordinadora de exposiciones, Raquel Castellá, que es una maravilla como persona y como profesional. Pienso, ahora, que todas aquellas ideas que yo lancé en un principio se han llevado a término. Menos un Caravaggio y el documento de la entrada de los gitanos a la Península, el original, que no sale nunca del Archivo de la Corona de Aragón, todo lo demás se ha desarrollado y plasmado en la expo. Mi creatividad ha sido libre, y he estado presente en todos los procesos de creación. Y el trabajo con Lidia Antúnez, la diseñadora del espacio… ¡¡Fantástica!! Y con Manuel Cuyàs, diseñador de la gráfica… ¡¡Estupendo!! Ha sido un curro generoso y fructífero. Cafés, comidas, llamadas intempestivas en horas febriles, buscando, una y otra vez, incansables, la estética de la expo. ¡¡Todo bien!!

La mirada femenina fluye en la exposición. Una mirada feminista, en absoluto evidente, pero que se afirma en cada rincón de la visita. Sobre todo, en su tramo final, donde se nos muestra la actualidad y diversidad de la sociedad gitana catalana.

—¿Eres consciente de esto? ¿Cómo ha sido ese trabajo desde tu sensibilidad feminista?

_ La exposición se ha intentado hacer con perspectiva de género. Estaba claro que, a la hora de contar la historia, debíamos comunicar el protagonismo de la mujer. A la hora de hacer las entrevistas, que aparecen en la parte final de la exhibición, teníamos clara la necesidad de la paridad.

—¿Hasta dónde te has permitido ser heterogénea al concebir la expo? ¿Qué es lo más arriesgado, según tu criterio, que te has permitido hacer?

—Desde un principio yo concebí la exposición en clave cronológica. Es un museo de historia donde se enmarca. Algunas exhibiciones se enfocan de manera temática: la mujer, la educación, etc. Tenía claro que esta no era la línea. Quizá, el ingrediente que yo he introducido haya sido el personaje de «La Parul» (Parul es un nombre de origen hindi, viene del sánscrito, y significa gracia, belleza y elegancia). Ese personaje, que está en pantallas a lo largo de la expo, un personaje femenino, cuenta cómo está sintiendo, en primera persona, y contemporáneamente, los acontecimientos. Una gitana que va guiando al público a través de esas vivencias, explicando cómo vive una gitana todo ese camino, transmitiendo toda esa información vivencial. Tuvimos la suerte de encontrar a Sinaí (quien encarna a La Parul), que ya en la primera lectura que hizo de los textos, lloró y se emocionó con la narración de los hechos históricos contados por una mujer gitana. ¡Eso me pareció maravilloso!

—¿Te has coartado a ti misma al producir y exhibir el contenido de esta exposición? ¿Qué cosas has tenido que descartar por no atreverte o por no poder traer?

No he tenido que descartar nada por no atreverme. Además, como gitana, me preguntaba a mí misma qué era aquello que no debía colocar, aquello que no quería que apareciese, que como gitana no quería ver en esta exposición, ni en ninguna otra. Un filtro que traigo incorporado como gitana. Esta es la importancia de que el comisariado esté hecho por una gitana. Como historiadora del arte, me hubiese gustado tener obras artísticas de mucha consistencia y magnitud, para mostrar al público que los grandes también nos han pintado.

[En la parte central de la expo] Creo que el capital fundamental de esta expo es la rigurosidad con la que la información llega al público asistente. Lejos de la idealización de un futuro por venir, y huyendo de la mirada romántica al revisionar el pasado. Era necesario que tuviéramos un testimonio preciso de la historia del viaje de los gitanos: de sus orígenes, de sus fatigas hereditarias, de su rica lengua, de sus enormes y fabulosas aportaciones y, sobre todo, de su presencia y de su actualidad en Catalunya.

—¿Crees que las fatigas de un pueblo han llegado al público en general, y que calarán en el imaginario colectivo a través de esta expo?

—Sí. Totalmente. Creo que van a calar. Una persona que va a esa exposición ya tiene una determinada sensibilidad. Puede tener desconocimiento de la Historia, pero esa sensibilidad estoy convencida de que está ahí. Hubo personas que se acercaron a mí, el día de la inauguración, y me decían: ¡no me hubiera imaginado nunca todo esto! ¡Por todo lo que pasasteis! Y esa era la voluntad que teníamos.

_ Todo desplazado está condenado a convertirse en el objeto del odio, del aborrecimiento, de la extrañeza y de la ojeriza de aquellos «nativos» que se sienten invadidos y asaltados. Mirando como una especie de violencia el hecho de que otro grupo, otra comunidad, llegue de latitudes lejanas y tenga usos y costumbres diferentes. Esta es una enfermedad histórica y universal; humana, demasiado humana. La injusticia se abre paso en aquellas sociedades que, bajo la miopía del patriotismo, se inflan de desprecio al extranjero, al forastero.

Así es. ¡¡Y los gitanos no íbamos a ser menos!!

Aquí recuerdo el trabajo hecho durante ciento y pico de años por la industria judeo-americana del cine. Recuerdo el impacto de «La lista de Schindler» de Steven Spielberg. La sociedad mayoritaria no tiene por qué conocer los traumas y la historia de otros pueblos y comunidades minoritarias. Incluso conociéndolos, se pueden olvidar. Son estas, las propias comunidades minoritarias, las que han de hacer una labor continua de recuerdo, memoria y muestra.

—A los que protestan de que el pueblo gitano está anclado en la queja y no en la superación del antigitanismo, ¿qué les decimos, Mercedes?

Yo soy muy crítica. Y quien me conoce, lo sabe. Uno de los objetivos clave es que la sociedad mayoritaria entienda el proceso de penalidades por el que pasamos durante muchos siglos. Y que eso tiene su resultado en la actualidad. El resultado es visible. Del porqué muchas actitudes de los gitanos, muchas maneras de vivir, están relacionadas con todo eso que ha pasado. Y eso no debemos olvidarlo, hay que recordarlo porque está visto que las sucesivas generaciones lo olvidan. Pero eso no quita para que se dé un paso más adelante. Vamos a demostrarnos a nosotros mismos, como gitanos, que todo eso podemos cambiarlo, o que estamos en un camino de poder cambiarlo. Luego, la sociedad mayoritaria ya verá ese cambio. Porque será evidente. Pero, primero, hemos de demostrárnoslo a nosotros mismos. ¡Que tenemos que salir de ahí! Porque sí que es cierto que hay generaciones de jóvenes gitanos, con formación, además, que están asentados en el victimismo, o algo muy parecido al victimismo. Y es sorprendente que sean generaciones nuevas, con una buena promoción en sus campos profesionales, las que sigan ancladas en posturas reduccionistas y limitantes.

Hay que resaltar que todos los textos explicativos, creados por Mercedes, que nos van guiando durante la exposición, están traducidos del catalán al romaní. Como un guiño a todos los gitanos y gitanas del mundo. Como un tierno recuerdo a todas las generaciones de gitanitos que son la memoria de este orgulloso y hermoso pueblo sin voz, sin lengua, sin el derecho a la palabra, mudos durante tanto, tanto, y tanto tiempo. Pero con el afán de mostrarse tal y como quieren ser, con el deseo honrado y limpio de compartirse.

Debido al historicismo, al objetivo histórico [la tradición historicista busca la homogeneización de algo que en sí mismo es heterogéneo, puro capricho], se crea la idea de que toda comunidad está hecha, realizada, conformada, consumada en su presente: en esto se basa la perspectiva histórica, el historicismo. Una falsedad. Pero, después de ser hindúes, persas, armenios, bizantinos y muchas otras identidades, mezcladas como están, mezclados como estamos, como los gitanos son, y a pesar del sentimiento falso de unidad con el que se vive una sociedad. Con una heterogeneidad brutal en el mundo que nos diferencia por nacionalidades, por comunidades, por familias y tradiciones, incluso por barrios.

¿Crees que existe una cultura gitana?

Creo que no. Aunque el término cultura gitana lo utilizamos siempre, y lo defendemos. Yo, personalmente, creo que no existe «una» cultura gitana. Creo que existen «muchas» culturas gitanas, y que tienen puntos en común. Lo que sí creo que existe es el sentimiento de pertenencia, el hecho de saberte gitano. Eso sí que existe. Otro de los objetivos que tenía clarísimo era mostrar la diversidad que hay entre los gitanos en la actualidad. Eso me interesaba muchísimo. Quitarle a la gente la idea de que los gitanos somos todos iguales, que todos somos de la misma manera y que todos pensamos igual. Yo quería que esto quedara muy claro, y pienso que con las entrevistas se ha conseguido.

—Y en este sentido, las propias voces feministas gitanas que van desde la concesión de que, como gitanas, debéis supeditaros, aun y por cultura, al hombre, a la voz de la tradición. Y, por otro lado, aquellas voces que hablan abiertamente de la posibilidad de dar un paso aún más valiente y arriesgado, equiparándose, al fin, al ideario más positivo y actual del feminismo. ¿Existe un ideario común al respecto?

_ Existe un feminismo gitano. Creo yo. Y vuelvo a decir que el feminismo no es lo mío, no es mi especialidad. Yo lo veo en el contacto diario que tengo con compañeras aquí mismo, en la Fundació, y que son gitanas. Y porque, además, llevamos a cabo un proyecto, que es el proyecto «De la mà». Un proyecto desde el que fomentamos la igualdad de género entre nuestros adolescentes. Grupos mixtos, ¡chicas y chicos! ¡Todos juntos! Para hablar de la igualdad entre hombres y mujeres. Pero sí que partimos de la base de que nuestro feminismo gitano contempla ciertas cosas que el feminismo hegemónico blanco no contempla. Creo que el feminismo gitano existe, sí.

—¿Estás satisfecha?

—Muchísimo. Estoy tranquila, estoy contenta. No me puedo creer que ya esté la exposición rodando. Ya me han dicho que el número de visitantes es el más grande que han tenido en el arranque de una exhibición. Está batiendo récords de visitas. La gente no se esperaba la magnitud de la exhibición; me decían que no esperaban algo tan grande, con tanta información y desarrollo de esa información. Noté, en los ojos de la gente, que lo decían sinceramente. Que algunos se emocionaron y, sin decírmelo, noté esa impresión y ese calor en su saludo. Yo con eso ya estoy contenta y satisfecha.

—¿Habrá más proyectos que continúen con el derecho de conformar y establecer nuestro propio relato?

No lo sé aún. Pero, que tenga conexión con el Museo, hay algo importante que es la itinerancia de la Exposición. Ya hay cinco o seis museos de Catalunya que están interesados en llevársela: Lleida, Tarragona, Girona… Habrá que hacer una adecuación de espacio y forma, por las dimensiones, pero el hecho de que haya itinerancia asegura un futuro hermoso a esta exhibición. La verdad es que todavía estoy con la resaca, y no he pensado, siquiera, en nuevos proyectos. Pero sí que hay un encargo por parte de CCCB (Centre de Cultura Contemporànea de Barcelona) que es una exposición sobre la belleza. Se pusieron en contacto conmigo porque quieren mi colaboración. Tendré que responder y concretar.

A mí, lo que me gusta es todo lo que tenga que ver con la historia, con el arte, con la literatura, con la cultura… ¡Es lo que me llena! Me encantaría poder tener tiempo para acabar mi doctorado, que lo dejé a medias y no lo he acabado, y para poder hacer cosas que realmente me gusten. Escribir me encanta, me fascina. Y solo escribo por encargo… Pero no consigo sacar tiempo para escribir yo, con mis ganas y mi deseo.

Invitamos a todo el mundo a esta exposición para que sienta el orgullo infinito de verse reflejado en los ojos de las hermosas gitanas antiguas, las abuelas de nuestra querida India (primera parte de la exhibición), para sentir la huella de una herida abierta hasta el tuétano que nos define actualmente y para siempre (segunda parte, parte central), y sentir, en la última parte de la exposición, la sonrisa de los gitanos y de las gitanas catalanas en la actualidad que nos transmiten la alegría de seguir resistiendo, de pie, como hizo nuestro antiguo héroe Vishnú en su magnífica epopeya.

Estará abierta al público, en el Museo de Historia de Catalunya, hasta principios de agosto de 2026. Deseamos el éxito rotundo de un trabajo que sirve, entre otras muchas cosas más, para convertir al visitante en un ciudadano mejor informado, con una perspectiva más amplia de cómo se configura su sociedad, de entender que la reparación ante tanto atropello y abuso de un pueblo como el gitano es justicia y futuro para todos, y que pasar un rato agradable una tarde se puede lograr asomándose a esta muestra de sentimiento, rigor histórico e información clara con la que poder disfrutar de una visión del gitano y de la gitana libre de estereotipos y bagatelas. Creada, ideada y hecha por una gitana. Gracias, Mercedes.

Sobre el autor

Leave a Reply