Repóker de ases, cinco coristas
Son cinco gitanas catalanas, herederas de cuna, que nada tienen que ver con los tan difundidos clichés que se han propagado sobre la mujer gitana. Cinco mujeres grandes, cinco profesionales en el escenario y fuera de él, cinco mujeres que compartieron con nosotros muchos años y los mejores escenarios de todo el mundo.
Cinco compañeras con mayúsculas. Rosita, Mami, Laura, Nuri y Divina. Fueron las inseparables coristas de Peret, lo acompañaron desde el principio de su carrera, confiriéndole con sus voces un color y un sonido muy racial. Se me hace imposible entender la guitarra, las palmas y la voz del propio Peret sin el acompañamiento del coro que formaban Rosita, Mami, Laura, Nuri y Divina.
Antes que ellas, la Selu y la Payoya de Mataró habían dejado el listón muy alto, como gitanas y como profesionales. Ellas fueron las primeras que, sin saberlo, estaban dejando una huella que deberían seguir otras tras ellas -porque la rumba catalana no es cosa exclusivamente de hombres, las mujeres siempre estuvieron allí, otra cosa es que el mundo no las haya querido ver-.
La Selu y la Payoya crearon escuela, crearon su propio espacio en el mundo de la rumba, eran músicos, eran coristas, eran bailarinas y eran actrices. Eran naturalidad, arte y poderío.
Nuestras cinco protagonistas aprendieron de ellas dos, y no se quedaron a la zaga. Dejaron una huella aún más grande como artistas en el escenario y los estudios de grabación. Pero, con la mirada puesta en todos los años de carrera y vida que tengo ya, hay algo que aún se debe destacar más: ¡fueron capaces de viajar con dieciséis hombres por todo el mundo! ¡menuda psicología que debían manejar para soportarnos!
Y aún más, todos sabéis, si me habéis leído, que Peret ha sido el músico más profesional con el que me he topado y, por ello, también el más exigente, a veces era como estar con un sargento de la música, no se le podía replicar -por autoridad musical-, sólo había cinco personas que eran capaz de decirle: “así no está mal, pero mejor de esta manera …”. Al final, aprendieron tan bien la lección, que Peret ni les rechistaba, eran las jefas, y yo de broma le bromeaba a Peret, “¡eh, que me voy a quejar a las jefas!”, y él me contestaba: “cuando aprendáis cómo lo hacen ellas, os subiré el sueldo, mientras tanto sois soldados rasos”. ¡Que buenos recuerdos!
Nuri Becas, sobrina de la Tía Pepi, desde joven casada con Petitet, convivía con sus suegros, el Tío Huesos y la Tía Selu. Hacía unos coros increíbles, tenía una voz añeja, envejecida en los mejores barriles de roble, tenía una voz muy personal. Siempre estuvo vinculada profesionalmente al Chacho y a Peret, y con los que empezábamos entonces con ella.
Mami Ribas, también sobrina de la Tía Pepi y prima hermana de Nuri. Se casó con el hijo de Peret, Peret Jr. No hace falta decir que su entorno siempre fue el epicentro de la rumba catalana. Allí no le hizo falta que nadie le explicase nada, ya lo sabía antes de llegar. En el escenario entendía lo que necesitaba cada actuación y cada tema, remaba con mucha fuerza.
Laura Ferrer, sus primeros pasos artísticos fueron en Tossa de Mar, cantando junto a su padre en la sala de fiestas Flameng, un local con mucha solera donde, prácticamente, todo el año actuaban flamencos y rumberos. Su padre, sabedor del potencial de su hija, se hizo acompañar de ella en el escenario desde muy muy pequeña. Recuerdo cuando yo empezaba a tocar la guitarra, me encantaba hacerla cantar también conmigo, no tendría más de seis o siete años, pero cantaba como los ángeles, con un timbre de voz, una potencia y un deje flamenco que la hacía única. Otra mutante musical que creció a nuestro lado y de los creadores teniendo como referencia a los coros que sonaban en los primeros discos de Peret de la Selu y la Payoya.
Divina Hernández, para mí, la más digna heredera de la Payoya, hermana de Yumitus, sobrina de Peret. Con solo seis años ya sale en una película de Peret cantándole, ‘Soy Gitana Catalana’. De Divina sólo se puede decir que en el biberón ya le pusieron una buena dosis de la mejor rumba catalana. Una gran profesional, la música era su vida, una gran compañera. Desafortunadamente nos dejó muy joven. Sigue viva siempre en nuestros corazones.
Rosa Pubill, hija de Peret de la que ya sobran palabras. Creció con la rumba y con la plana mayor rumbera. Desde muy jovencita siempre mostró una mentalidad musical muy avanzada. Se cultivó en los estudios de grabación con su padre, que además de ser el mejor en el escenario, también lo era en la producción, mejor maestro era imposible. Así que no nos extrañó a nadie que desde muy jovencita compusiera unos temas que eran preciosos. Aunque ella siempre tuvo preferencia por las baladas, su voz cálida y dulce conjugaba a la perfección con el resto del coro, permitiendo un amplio abanico de posibilidades corales para cada tema.
Cinco voces, cada una con un estilo y sello propio, pero que juntas daban un resultado increíble. Un quinteto de coros que aún sigue esperando que alguien las supere.



