Conversamos sobre la universidad y los retos educativos de la población gitana con Miguel Ángel Gómez, presidente de la entidad CampusRom

Conversamos sobre la universidad y los retos educativos de la población gitana con Miguel Ángel Gómez, presidente de la entidad CampusRom

Estuvimos charlando con Miguel Ángel Gómez, presidente de CampusRom; “una asociación de estudiantes gitanos y gitanas que comienza a idearse en el año 2015 y se constituye en el 16, con un objetivo muy claro: demostrar que la Universidad también es nuestro espacio. El trabajo se centra en acompañar, motivar y visibilizar a nuestros jóvenes que deciden dar el paso a los estudios superiores. Lo hacemos a través de mentorías, actividades de refuerzo académico, charlas motivacionales en institutos y espacios de apoyo comunitario. Desde CampusRom se cultiva la solidaridad como herramienta fundamental para llegar a entender que estudiar no es una excepción, sino una opción real y natural para cualquier gitana o gitano.” Nos decía Miguel Ángel al principio de esta entrevista.
Proponemos al lector que mientras lee esta entrevista escuche el Adagio en RE menor BWV 974 de Johann Sebastian Bach.

_ En estos años de trayectoria, ¿qué valoración hacéis del trabajo realizado? ¿Qué impacto habéis tenido? ¿Qué se ha conseguido y afianzado a día de hoy?

_ El impacto es muy positivo. En pocos años hemos pasado de ser un grupo pequeño de estudiantes a consolidarnos como una entidad de referencia en el ámbito universitario de Cataluña. El impacto se mide también en los cambios de mirada que genera el proyecto: en los institutos cuando hablamos con adolescentes que empiezan a plantearse seguir estudiando, en las universidades cuando ven que los gitanos nos hemos sumado, y en las familias cuando comprenden que la educación superior es una herramienta de futuro. Hemos ganado, en estos años de trabajo, espacio en el debate público y en las instituciones, posicionándonos como interlocutores legítimos cuando se habla de educación y pueblo gitano. Y lo más importante: hemos logrado concebir un horizonte educativo real para las nuevas generaciones.

_ ¿De qué os sentís más orgullosos?

_ Sin duda, de haber roto el techo de cristal que durante mucho tiempo parecía irrompible. Nos sentimos orgullosos de demostrar que los gitanos y gitanas también tenemos lugar legítimo en la Universidad y que nuestra cultura e identidad son una riqueza, no un obstáculo. Sentimos un orgullo enorme al haber convertido la experiencia personal de cada estudiante en una causa colectiva que ya forma parte del movimiento gitano. Lo que hacemos es Educación, es Justicia social y es Futuro para nuestro pueblo.

Sirvan estos datos oficiales de la entidad para hacer una valoración objetiva del trabajo. Desde que se fundó la entidad, el porcentaje de gitanos y gitanas que han accedido a la universidad gracias a la formación organizada por el Plan Integral para preparar la prueba de acceso a la universidad se ha multiplicado por seis, pasando de 8 aprobados en el periodo 2011-2016 a 55 para el periodo 2017-2024, y el 83% de estos aprobados han participado activamente de CampusRom. La entidad también destaca el elevado grado de permanencia en estudios superiores de los estudiantes que participan de los proyectos formativos de la entidad, situándose en un porcentaje superior al 75%.

_ En el horizonte de objetivos que os marcáis, ¿a qué NO se ha llegado todavía y perseguís con vuestro trabajo?

_ A pesar de los avances, aún estamos lejos de alcanzar una presencia gitana en la universidad que sea representativa de nuestra población. Estudiar sigue siendo una excepción. Hay mucho camino por recorrer. Tampoco se ha conseguido que las universidades incorporen de manera real y estructural la Historia, la Cultura y la mirada gitana en sus planes de estudio, en sus políticas, en su investigación y en su vida académica. Luchamos para conseguir no ser unos invitados ocasionales, sino parte integral de la comunidad universitaria. Para eso y por ello mismo, necesitamos apoyo institucional, más políticas de equidad y un valiente compromiso social. La igualdad formal no basta: si partimos de posiciones distintas, necesitamos apoyos distintos. Por otro lado, la Universidad tiene que dejar de ser un espacio que no solo refleje una parte del espectro social y cultural, tomando como responsabilidad propia el abrir puertas y cerrojos acompañando con mucho respeto a los gitanos y a las gitanas en su vida académica, combatiendo de manera decidida el oscurantismo en torno al mundo gitano. ¡La Universidad no puede permitirse tener espacios ciegos!

Miguel Ángel se queja de que, en la consecución de estos logros, de estos espacios, pasa demasiadas horas alejado de su hogar, de sus niños, de su mujercica. Una queja casi sorda que dice mucho del compromiso de un gitano que cuando habla nos refleja un futuro posible, pues nos lo cuenta con tanta verdad que se puede ver de forma muy sencilla. Su bagaje como educador le confiere la capacidad para hacerse entender perfectamente. Pero no podemos olvidar que para llegar a esa sencillez en las ideas hay que haberlas pensado y filtrado mucho, haberse equivocado para llegar a tener la claridad con la que Miguel Ángel nos habla de su proyecto.

_ ¿Qué aspectos educativos impiden el pleno desarrollo académico de los niños y niñas gitanas?

_ Hay varios factores que actúan como frenos. El primero es el antigitanismo estructural que todavía conserva el sistema educativo: expectativas bajas hacia el alumnado gitano, prejuicios en el profesorado y prácticas segregadoras que limitan las oportunidades desde edades muy tempranas. Este fenómeno es reconocido por pedagogos, sociólogos y antropólogos como «Efecto Pigmalión» Cuando los docentes transmiten bajas expectativas, de forma consciente o inconsciente, el alumnado termina interiorizándolas y rindiendo por debajo de sus verdaderas posibilidades. Otro aspecto es la falta absoluta de contenido cultural gitano en los currículos académicos. Y la gran bestia que nos anula en muchos sentidos: la desigualdad socioeconómica. Muchas familias afrontan situaciones de precariedad que dificultan el acceso a recursos importantes para la estabilidad de los estudiantes. Por último, el choque cultural: la escuela no entiende ni valora las dinámicas y los tiempos de las familias gitanas. En lugar de tender puentes, se crean muros. Lo que impide el pleno desarrollo académico no está en la capacidad de los niños gitanos, que es la misma que la de cualquier otro niño, sino en un sistema educativo que todavía no se adapta ni se abre seriamente a la diversidad.

Sinceramente, he de confesar que escuchar decir esto último a un profesional como Miguel Ángel, que lleva años bregando en el campo académico, entristece y me confirma que verdaderamente esta sociedad no permea bien las diferencias porque tiene una carencia básica, que por no ser observada lo suficiente, se ha convertido en patológica: la pérdida del humanismo y la cerradumbre de la tecnificación en aras de la optimización, otra neurosis más que nos aleja de nuestra propia humanidad y nos convierte en enfermos sociales.

_ En las familias gitanas, ¿qué tiene que cambiar?

_ ¡Los hábitos! ¡Los hábitos relacionados con los estudios de los niños! Pero es que nos han dicho tantas veces que somos tontos y tontas, que no valemos estudiar ¡No vales, no vales! ¡No tienes capacidad! ¡¡que al final nos lo hemos creído!! Mi padre me matriculó en una escuela concertada para que pudiera estudiar. Me decía que no quería que yo fuera un analfabeto. Él hizo posible que pudiera estudiar. Los hábitos, en lo relacionado con los estudios, en las casas gitanas, vendrán poco a poco, con el tiempo y con estas oportunidades que debemos de ir creando para nuestras hijas e hijos.

_ El sistema educativo se nutre de diferentes energías, ¿qué proponéis vosotros y vosotras?

_ Desde CampusRom proponemos una energía basada en la equidad, el orgullo y la diversidad real. Por un lado, aportamos la energía del acompañamiento: estar al lado de los jóvenes gitanos para que no se sientan solos en un camino que todavía es seguido por una minoría de nuestra comunidad. Queremos que sepan que hay una red detrás que los apoya. Por otro lado, la energía del orgullo identitario: demostrar que estudiar no significa dejar de ser gitano, sino todo lo contrario, que la educación es una herramienta para fortalecer el concepto de quiénes somos y reivindicar nuestra cultura en espacios donde hasta ahora no aparecía. Y finalmente, la energía de la incidencia social: trabajar para que el sistema educativo cambie, para que no tengamos que adaptarnos nosotros a él, sino que él se adapte a nuestras realidades. Esto implica introducir la Historia y la Cultura gitana en el currículo, combatir el racismo en las aulas y abrir espacios de participación donde nuestra narrativa cuente. En definitiva, nuestra propuesta es sencilla pero transformadora: un sistema educativo que no solo enseñe, sino que también incluya y motive a todos los estudiantes, también a los gitanos y gitanas.

_ ¿En qué estáis metidos ahora mismo? ¿Qué proyecto marca vuestro presente como entidad?

_ En este momento estamos centrados en un proyecto clave para CampusRom: RomExcellence, un programa que busca acompañar y reforzar a estudiantes gitanos en su camino hasta la Universidad. También creemos importante la apuesta por la investigación liderada por gitanos y gitanas. Ya es hora de que seamos nosotros mismos quienes expliquemos, con rigor, qué está pasando con nuestro pueblo en el ámbito educativo, cuáles son las barreras reales y qué propuestas surgirán de esa investigación para corregir y cambiar lo que hasta ahora son escollos y dificultades. Durante demasiado tiempo se ha investigado «sobre» los gitanos sin contar con nuestra voz. Hay que dar la vuelta a esta dinámica llena de carencias y sesgos científicos que llevan inevitablemente al error. RomExcellence será un pilar de nuestra entidad en los próximos años, con tres ejes fundamentales: apoyo directo a estudiantes, generación de referentes y producción de investigación académica propia que nos consolide como interlocutores legítimos en el debate educativo y social. Por otro lado, estamos entusiasmados por abrir sedes de CampusRom en Valencia, en Alicante, en Zaragoza y en Tarragona -en esta última ciudad se creará un espacio de trabajo denominado EducaRom-.

_ ¿Qué mensajes os hacen llegar los estudiantes con los que trabajáis acerca del mundo académico? Desde dentro, ¿cómo viven ellos y ellas la Universidad o los diferentes centros de estudios superiores?

_ Los mensajes son muy claros y, muchas veces, duros. Muchos estudiantes gitanos nos dicen que en la universidad se sienten invisibles y solos. No ver a otros gitanos y gitanas en las aulas genera un sentimiento de aislamiento y soledad. Hablan de las miradas de desconfianza, prejuicios o comentarios discriminatorios. Y eso marca muchísimo a estas personas que deberían recibir valoración y respeto por su esfuerzo y capacidad. A veces, nos dicen, tienen que demostrar el doble que los demás. Otro mensaje recurrente es que la Universidad sigue siendo un espacio en el que la Cultura, la Historia y la mirada gitana están ausentes. Les cuesta reconocerse en los contenidos porque en la narrativa académica no se ven reflejados ni representados. En resumen, los estudiantes gitanos viven la Universidad con ilusión y con ganas de abrirse camino, pero con el peso de la soledad y del racismo que aún sigue presente. Creemos que CampusRom es importante para que sepan que no están solos y que forman parte de algo más grande.

_ ¿Qué importancia dirías tú que se le da a este tipo de estudios dentro de las casas gitanas? ¿Tienen conciencia de su verdadera importancia?

_ En muchas casas gitanas la Universidad todavía no se percibe como algo necesario, cercano. A menudo se da importancia a que los hijos aprendan un oficio rápido, a que empiecen a trabajar pronto y contribuyan a la economía familiar. La idea de invertir años en estudiar se ve con desconfianza porque no siempre se entiende como una garantía de porvenir. Sin embargo, eso está empezando a cambiar porque están viendo los resultados concretos en sus propios hijos e hijas y la educación superior se está percibiendo cada vez más como una inversión en dignidad y futuro. Unas casas ven como otras tienen a hijos universitarios y comienza a crearse una energía positiva, un ‘efecto llamada’ que va creciendo poco a poco.

_ ¿Cuáles son las claves para que gitanos y gitanas tengan en su horizonte vital el deseo, la querencia de estudiar? ¿Qué responsabilidad tenemos padres y madres para conseguir motivar a nuestros hijos? ¿Y cuáles serían los mensajes de motivación que se deberían ver llegar desde las instituciones educativas?

_ Las claves pasan por tres niveles: familiar, comunitario e institucional. En el ámbito familiar, los padres y madres tenemos la responsabilidad fundamental de transmitir a nuestros hijos e hijas que estudiar es algo valioso, que es un camino legítimo y compatible con nuestra identidad gitana. El apoyo diario, la motivación constante y la confianza en sus capacidades son elementos clave. Si un niño crece escuchando que creemos en él, tendrá más fuerza para enfrentarse al reto de los estudios universitarios y superiores, reto que a veces puede llegar a ser sobrecogedor para críos de esa edad. En el ámbito comunitario, necesitamos de referentes gitanos visibles. Ver a universitarios, a profesionales y a investigadores gitanos abre los ojos a los niños que empiezan a comprender que ellos también pueden hacerlo. Y en el ámbito institucional es necesario un cambio profundo. No basta con campañas puntuales, necesitamos de mensajes claros y sostenidos en el tiempo que hagan valorar la diversidad y que presenten la Universidad como un espacio donde los gitanos también somos necesarios y esperados. Esto implica políticas de acción positiva, becas, acompañamiento y una comunicación que inspire. En definitiva, la clave es que el deseo de estudiar no se vea como un salto al vacío, sino como un camino natural.

_ Si la educación y la cultura, y allí donde se enseña, tienen como objetivo final fomentar el espíritu crítico de los estudiantes, ¿cómo encaja nuestra cultura gitana en este marco académico? Una cultura que por diferentes motivos carece, en general, de esos valores analíticos.

_ Creo que hay que hacer una reflexión honesta. Es cierto que nuestra cultura, por las condiciones históricas que ha vivido, no ha desarrollado de forma sistemática valores como el análisis escrito, la reflexión académica o la tradición universitaria. Pero eso no significa que carezcamos de espíritu crítico. Lo que ocurre es que lo hemos expresado de otra forma: a través de la oralidad, del arte, de la resistencia cotidiana frente al racismo, y de una visión colectiva de la vida. El problema es que la academia sólo reconoce una forma muy concreta de pensamiento: la que pasa por los libros, por las tesis y por la escritura formal. Y ahí es donde se produce el choque. Nuestra cultura encajaría perfectamente en el marco del espíritu crítico si se ampliara la definición o el concepto de pensamiento crítico. Cuestionar, resistir y sobrevivir a seis siglos de persecución también es una forma de pensamiento crítico y analítico, aunque no siempre se haya podido dejar constancia de ello en manuales. Necesitamos un diálogo de saberes: que la Universidad no intente uniformarnos, que aplique sus propias normas de libertad intelectual, de espíritu crítico, de tolerancia, de diálogo, de debate, de afirmación de valores éticos y humanistas, de aprendizaje del respeto al medio ambiente y de preservación y creación cultural, abierto a la diversidad de expresiones del espíritu humano. Que la voz gitana resuene allí donde han de desarrollarse las fuentes de conocimiento, el bienestar material, la justicia social, la inclusión, las oportunidades y la libertad cultural ¡Creo que hemos de ser honestos! En definitiva, nuestra cultura encaja si la Universidad se atreve a dejar de mirarnos desde el déficit y empieza a vernos desde la aportación. Porque el espíritu crítico no es solo una técnica académica, sino también, y fundamentalmente, una actitud vital; y de eso, el pueblo gitano sabe mucho.

Al final de nuestra entrevista, Miguel Ángel y yo nos fumamos un cigarrillo en la puerta de la sede y hablamos de nuestros hijos, de nuestra preocupación, de nuestro orgullo por verlos crecer y estudiar. Entonces, llegó Jorge, un compañero de CampusRom, que nos abrió las puertas de la despedida. Lo dejé con la misma sonrisa amable y afectuosa con la que me recibió.

“Nuestros viejos son, sin duda, el ejemplo de libertad y cultura más importante y cercano que tenemos. Ellos han sabido bregar con una vida dura, superando todos los límites impuestos para darnos una realidad llena de amor y magníficas oportunidades. Nuestra cultura, que viene de tan lejos, está dignificada gracias a ellos y a ellas, luchadoras infatigables, custodias de una identidad poderosa.”

 

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