¡Hasta siempre Chacho!

¡Hasta siempre Chacho!

El mundo de la rumba catalana nos quedamos sin sus creadores. Esta semana estaba acabando de escribir un artículo sobre cinco mujeres muy especiales, pero acabó por llegar una noticia que, aunque en cierto modo ya esperaba, no presagié que fuera tan rápido. Nos ha dejado José María Valentí, Chacho, como le conocíamos los amigos y también en el mundo profesional.

Chacho vino al mundo a parar a la calle de La Cera, a la cuna de la rumba catalana, para subirla al barco, hacerla navegar lo más lejos posible y transitar rutas que nadie había transitado ni imaginado antes desde el punto de vista musical. Si hubiera nacido en Nueva Orleans, Chacho se hubiera reinventado el Jazz y sería una de sus figuras más emblemáticas, si hubiera nacido en Jerez, la bulería sería más bulería, y si hubiera nacido en los Balcanes, el mundo entero hubiera enloquecido bajo su ritme e ímpetu. Hay personas que están llamadas para ser genios de la música antes incluso de haber nacido, si no, sería imposible entender figuras como Chacho. Para fortuna nuestra, el Raval fue el barrio que le vio crecer.

Para fortuna mía, Chacho me adoptó profesionalmente a los catorce años y me permitió crecer cerca suyo y del resto de profesionales que le acompañaban. Son tantas las vivencias y anécdotas que viví con ellos que nunca podré olvidarlas y quedarán para siempre en mi corazón. Porque además de crecer musicalmente, me hizo crecer como persona.

Para entender la figura de Chacho, primero hay que entender la figura de sus padres. Fueron muy adelantados a su tiempo, priorizaron sus estudios en una época en la que todos los padres gitanos priorizaban sobrevivir, y viendo su talento innato lo apuntaron al Liceo de Barcelona para estudiar música, y eso fue lo que le dio la oportunidad de empezar a tocar el piano, un instrumento, por aquel entonces, aún por conquistar para la música gitana.

No tardó en sentir la llamada de la rumba, al igual que otros jóvenes del barrio, y formó su primer grupo con el Tío Huesos y el Tío Ninus, pero a diferencia de muchas otras agrupaciones, Chacho se atrevió a introducir un instrumento que cambiaría la sonoridad de la rumba para siempre, el piano. Y no sólo cambió la sonoridad, sino que marcó su destino, ya que abrió la puerta a que las generaciones venideras se atrevieran, como él hizo, a salirse de la ortodoxia y reinventar la rumba las veces que hiciera falta para que siguiera siendo un género musical vivo. A mí se me hace imposible entender la rumba actual y las nuevas fusiones sin la elegante osadía Chacho.

Su música emerge justo cuando Peret y el Pescaílla habían conseguido situar a la rumba catalana en la cresta de la ola. Y en ese escenario, querer avanzarse a su tiempo podía haberle costado muy caro, pero no, la música de Chacho era imparable y su talento incontestable. Muy pronto se convirtió en un referente para todos, su agrupación crecía númericamente actuación tras actuación, todo el mundo quería escucharle, y todos los músicos queríamos estar con él.

A la banda se sumaron el Tío Loren, el Tío Miliu, y Remolino hijo. El Tío Loren y el Tío Miliu pasaron a tocar las palmas y el Tío Huesos, el bongo. Siguiente innovación, fue el primer bongo que sonó en la rumba. Con la guitarra de Remolino hijo, el combo se convirtió en su inseparable acompañante. Había encontrado la fórmula pluscuamperfecta para lograr el sonido preciso que acompañase su tesitura de voz y su piano. A esa fórmula hay que incluir mi humilde ventilador. En medio de todos ellos, muchas veces me sentía más como un espectador que como un músico, aprendí de la mano de los mejores. Tanto yo como el mundo de la rumba le debomos a Chacho más de lo que soy capaz de reconocer escribiendo. 

Como sucedió no hace mucho con Petitet, me quedo con el sinsabor de no haberle podido homenajear en vida como se merecía y brindar con él una penúltima vez por la rumba. Me consuela saber que se fue rodeado de las personas que más le querían, su familia; y me quedo con el buen sabor de su música.  ¡Hasta siempre Chacho!



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