La Casa de la Rumba Catalana, un acuerdo con muchas opciones de materializarse
Hoy traigo muy buenas noticias, muy importantes para mí, ya que llevo muchos años reivindicando la necesidad de poner en marcha iniciativas como la que empieza ahora, aunque con menos pretensiones. ¡Así que doblemente contento!
Cuando empecé de muy joven a hacer maquetas, tenía entonces once años, los medios eran muy pocos y, visto con perspectiva, muy prehistóricos. Vivíamos en un mundo analógico y hacía poco que se empezaban a ver reproductores y tocadiscos en estéreo. Yo me las apañaba con dos cassettes de la marca Philips, con uno grababa, y al reproducir lo grabado, grababa con el otro, añadiendo un nuevo instrumento. Obviamente, cada vez que añadía una nueva pista, sonaba peor. Eran maquetas muy precarias, pero me servían para pensar en la estructura del tema, idear los arreglos y empezar a fantasear con la producción. Mi mayor ilusión era tener algo con lo que poder grabar mejor. Fui haciendo inventos con una caja de ritmos, luego con un teclado muy simple, podía hacer acompañamientos e iba poco a poco mejorando. Pasaba noches sin dormir, grabando, me traía amigos a casa, poníamos bajo, percusión, coros, y fuimos aprendiendo todos juntos. Pasaron los años y pude comprarme una consola de grabación Tascam, un cassette de cuatro pistas. Aunque eso ya era un gran paso en la época para jóvenes como yo, seguíamos sin poder grabar más allá de una maquetilla con algún instrumento más.
Cuando vi la luz fue cuando un músico, amigo mío, mucho más adelantado en cuestiones tecnológicas, me enseñó como grababa con un ordenador, un Atari de quinientos megas de disco duro. Aluciné con todas las posibilidades que ofrecía para grabar instrumentos diferentes. Aquel día supe que la informática aplicada a la música iba a ser el futuro (actual presente) de cualquier producción musical. Así que acabé dedicándole muchas horas acompañando a mi amigo en sus grabaciones, observándolo y aprendiendo de él. Con el tiempo, él se compró un ordenador aún mejor y se deshizo del suyo antiguo, ¡me los regaló!
Desde entonces empecé a compartir todo lo que sabía con otros jóvenes, sobre todo con las generaciones que venían por detrás mío. Cuando monté mi primer estudio, mi hijo y sus amigos siempre venían al salir de clases con la ilusión de ensayar y grabar algo. Poco a poco fueron aprendiendo bajo mi guía, y terminaron por montar su propio ‘Home Studio’ en una habitación de casa. Yo les transmitía todo lo que había aprendido en estudios profesionales, maneras de grabar los instrumentos, como mezclar y como reproducir los temas. Fue entonces cuando un primo mío, que formaba parte de la junta directiva de la FAGiC, la Federación de Asociaciones Gitanas de Cataluña, empezó a venir por el estudio y a convencerme de que todas las posibilidades y aprendizajes que les estaba facilitando a un grupito de jóvenes del barrio debería poder ser extensible a toda la juventud gitana, puesto que había muchos jóvenes con ganas de aprender. Y no paró hasta que me convenció. Entonces fundé con una asociación para ofrecer ese espacio de aprendizaje a los más jóvenes interesados en la producción musical. La iniciativa se convirtió rápido en un espacio donde jóvenes se reunían, compartían inquietudes musicales, motivación por practicar y aprender. Yo, además de acompañarlos en la faceta más técnica, también compartía con ellos la tradición histórica de la rumba catalana, como nace, como fueron los inicios, cual es el espíritu que hay detrás y su sentido más comunitario. Es decir, ofrecíamos un espacio a los más jóvenes donde reproducir nuestra tradición musical y permitir que esta creciera y evolucionase.
En mi trayectoria asociativa he tenido la oportunidad de conversar con muchos políticos y tratar de convencerles, de la necesidad de una mayor inversión en iniciativas como esta, un espacio abierto a todo el mundo interesado por nuestra música, para su difusión y a para fomentar el aprendizaje de los más jóvenes y facilitar la evolución del género a los nuevos tiempos. Yo no tuve éxito cuando fue mi momento, así que cuando, a principios de este mes, escuché la noticia de que la Plataforma per la defensa de la Rumba Catalana y la Fundació Agrupació de Cases d’Innovació, Cultura i Art de Catalunya (ACICAC) anunciaron el acuerdo para crear ‘La Casa de la Rumba Catalana’ me sentí eufórico y terriblemente orgulloso de los más jóvenes que yo por su logro.
La Fundació ACICAC, que se dedica a recuperar espacios históricos de Catalunya que se encuentran en desuso para darles una nueva oportunidad de dinamización cultural, ha colaborado con la Plataforma per la defensa de la Rumba Catalana en el diseño y el aterrizaje de una iniciativa que será crucial para la dignificación de nuestro género musical y su protección y difusión.
Los objetivos de la Casa de la Rumba Catalana serán internacionalizar la industria de la Rumba Catalana y promover su reconocimiento por parte de la UNESCO como patrimonio inmaterial de la humanidad, también dar visibilidad a este género musical y a sus artistas, generar un archivo histórico de la Rumba y fortalecer la identidad y cultura gitana catalana.
La Casa de la Rumba Catalana se ubicará en el Raval de Barcelona, en el barrio donde nació este género. El centro contará con diferentes espacios que amenizarán la vida cultural entorno a la Rumba Catalana. Entre ellos destaca un Museo de la Rumba Catalana, una cafetería con estética de los años cincuenta donde se podrá actuar, y una escuela de música con salas de ensayo y grabación.
Para mí es todo un sueño que espero se haga realidad rápido, y poderlo disfrutar y saborear al máximo. No quiero perder este humilde espacio para reconocer y agradecer la labor de las personas y entidades que están luchando por sacar este proyecto hacia delante. ¡Mucho ánimo!
