Rromane Siklǒvne conmemora los 600 años de la llegada del pueblo gitano a la península
El pasado viernes 24 de enero, la entidad de estudiantes gitanos organizó una conferencia para analizar cómo las políticas de memoria democrática pueden aplicarse a la realidad del pueblo gitano.
El acto, que tuvo lugar en el Museo de Historia de Cataluña, quiso conmemorar la primera mención oficial de personas gitanas en la península ibérica, hace ahora 600 años. La jornada fue una ocasión perfecta para reflexionar sobre el origen y la construcción del relato que llevó a la persecución y estigmatización del pueblo gitano y como, desde las políticas de memoria democrática, se pueden promover medidas reparativas.
El encargado de dirigir unas palabras iniciales al público fue Jordi Principal, director del Museo de Historia de Cataluña. Jordi expresó que la voluntad de la institución que dirige es “ponerse al servicio de la conservación de la memoria colectiva de la sociedad catalana, además de presentarse como un espacio de encuentro, debate y reflexión ciudadana”, y aseveró la intención de “construir un museo abierto a la participación y que también sea sensible a la reivindicación donde todo el mundo se pueda sentir representado”.
Igualmente, el director del Museo de Historia de Cataluña compartió que actualmente están trabajando en la producción de una “exposición de envergadura que reconozca, valore y haga visible la historia y la memoria del pueblo gitano de manera abierta, diversa y real”. Informó que dicha exposición verá la luz durante el mes de junio y se mantendrá abierta al público prácticamente un año.
Seguidamente, tomó la palabra Simón Montero, presidente de la Federación de Asociaciones Gitanas de Cataluña, entidad que colaboró con Rromane Siklǒvne en la organización de este evento. Montero compartió la oportunidad que ofrece el marco de las políticas basadas en la memoria histórica para “avanzar hacia una sociedad más justa, inclusiva y libre de discriminaciones”. “Estos 600 años no sólo han sido tiempos de dificultades”, matizó, “también están llenos de aportaciones culturales y de una resistencia que nos define como pueblo”. “El trabajo por la memoria, la justicia y la reparación comienzan aquí, pero no puede quedar únicamente en este día”, y continuó, “seguimos colaborando para garantizar un futuro en que nuestras jóvenes generaciones puedan vivir con dignidad, derechos, igualdad y sin barreras”.
Tras la protocolaria bienvenida, tuvo lugar un coloquio con las historiadoras Carolina García, directora del departamento de Historia Contemporánea de la Universidad de Sevilla, y Anabel Carballo, doctoranda en el departamento de Historia Contemporánea de la Universidad de Barcelona. El objetivo de la mesa fue analizar como se construyó el antigitanismo a lo largo de la historia y, principalmente, cual fue su evolución durante la dictadura franquista y las huellas que llegaron hasta la democracia.
García explicó que el antigitanismo no fue específico del franquismo y que su origen debe buscarse mucho antes. De especial relevancia, para ella, fue el papel jugado por la ciencia durante el siglo XIX, por el rol que tuvo en la “legitimación de determinadas identidades profesionales que se vinculan a espacios que son constructores del estado”; y enumeró “el derecho penal punitivo, la medicina preventiva que se encargaba de la higiene social, y también la educación, con discursos pedagógicos contra los gitanos”. “Desde estos tres planos, que son constructores de Estado, se empiezan a difundir y replicar mensajes contra los gitanos, atribuyéndoles desde estos tres campos una serie de cualidades que los convertían automáticamente en peligrosos y sospechosos”, aclaró.
A continuación, Carballo comparó las medidas tomadas por la Alemania nazi y la España franquista contra la población gitana en los mismos años. Aunque en España solo hubo una normativa que hizo referencia a los gitanos en el reglamento de la Guardia Civil de 1943 instando a la vigilancia de la población gitana, García argumentó que tal mención a los gitanos ya existía en las regulaciones de este cuerpo militar en 1878 y, por lo tanto, su actualización en 1943 consolidaba “unas prácticas habituales dentro del cuerpo que ha reforzado el antigitanismo como rasgo identitario profesional del cuerpo, de una manera institucionalizada”.
Ambas historiadoras situaron las coordenadas del antigitanismo durante la dictadura en la Ley de Vagos y Maleantes y el reglamento de la Guardia Civil, elementos, ambos, que permitieron reprimir a la población gitana.
García también alertó sobre cómo el antigitanismo traspasó la dictadura y llegó a la democracia. “Cuando el Estado y sus estructuras tratan de adaptarse a una nueva legalidad y a unos nuevos valores democráticos que excluyen todo este tipo de prácticas, hay una explosión de antigitanismo popular, entre finales de los años 70 y 95, y se producen estallidos de violencia contra los gitanos en todo el estado español”, apuntó.
Carballo indicó que otra de las herencias del franquismo fue la segregación racial que afectó a gran parte de la población gitana, con la construcción de barrios alejados del dinamismo económico y social de las grandes ciudades y que, en la actualidad, siguen generando marginación y nulas oportunidades educativas y laborales.
Tras profundizar en los elementos históricos que configuran las desigualdades que actualmente afectan al pueblo gitano, se dio paso a la segunda mesa de debate para analizar cómo se pueden abordar los retos de la población gitana mediante políticas de memoria democrática. En esta mesa participaron Susana Martínez, diputada del Parlamento de Cataluña, Sara Belveida, comisionada de Relaciones Ciudadanas y Diversidad Cultural y Religiosa del Ayuntamiento de Barcelona, y Ana Mirga-Kruszelnicka, vicedirectora del Instituto Europeo Romaní para las Artes y la Cultura (ERIAC).
Susana Martínez remarcó la importancia de construir políticas de memoria democrática que sirvan para combatir el antigitanismo, porque estas parten “del compromiso profundo con los principios de verdad, justicia, reparación y garantías de no repetición”. “El antigitanismo de hoy no se puede entender sin profundizar en sus raíces históricas”, y continuó argumentando que “es necesario seguir abriendo esos capítulos de la historia, y construyendo un relato inclusivo y visible de nuestra historia, para dignificar a nuestro pueblo”. “Es necesario”, apuntó, “proteger los derechos de nuestro pueblo mediante un marco normativo que nos proteja de ese antigitanismo estructural y sistemático que sigue hoy presente y que garantice la igualdad de oportunidades”.
La parlamentaria resumió que las políticas de memoria democrática deben servir para “poner al pueblo gitano en el lugar que naturalmente le corresponde si no hubiéramos sufrido esta persecución histórica e injusta”.
Sara Belveida tomó la palabra para apuntar que el ámbito de la memoria tiene que ser un espacio para la reparación. “Las políticas de memoria deben servir para reparar los daños históricos que ha habido, pero no solo desde el reconocimiento simbólico, sino también desde la justicia social”, matizó, “ello implica reconocer que el pueblo gitano es una parte integral de nuestra historia colectiva”, aseveró Belveida.
La comisionada del ayuntamiento de Barcelona esgrimió la importancia de trabajar desde el ámbito de la educación y la cultura para hacer efectivo el reconocimiento al pueblo gitano. “La educación es fundamental, integrar la memoria del pueblo gitano en los planes educativos, o en las bibliotecas, va a ser la única manera”, reconoció, “en la qué va a ser posible reconocer todo lo que ha sucedido en la historia”. “Esto no solo contribuye a desmontar prejuicios”, matizó, “sino también a entender la diversidad cultural que existe en la ciudad”, concluyó.
En esta misma línea, la Ana Mirga argumentó la necesidad de no actuar exclusivamente contra el antigitanismo desde una vertiente punitiva y sancionadora, sino desde la prevención. “Debemos entender que hay que prevenir, no actuar solamente cuando aparezca alguna manifestación de antigitanismo, porque son múltiples y se están intensificando”, aclaró, “lo que debemos hacer es prevenir”, insistió Mirga.
“No es solo el espacio legal e institucional el que promueve el antigitanismo”, apuntó “es también el espacio popular y cultural donde el antigitanismo se ha reproducido a lo largo de la historia y en la actualidad”, argumentó. “Creemos que el trabajo en los ámbitos del arte, la cultura y la investigación es una herramienta que puede maximizar cada una de las otras áreas de trabajo”, explicó la vicedirectora de ERIAC.
Para finalizar su argumentación, Mirga expuso la idoneidad de construir infraestructuras culturales romaníes que sirvan para construir narrativas que desarticulen el imaginario social antigitano construido históricamente. “Cuando miramos todo el espectro de trabajo con la población gitana, vemos un montón de proyectos, páginas web e iniciatives puntuales que se están haciendo con muy buenas intenciones”. “Pero”, lamentó “no tenemos respuestas duraderas”. Por tanto, “creemos que hace falta que estemos presentes en todos los espacios mayoritarios, en los ámbitos de la cultura, la economía, …, pero también debemos crear espacios propios donde nosotros podamos proyectar nuevos discursos”, concluyó Mirga.
Finalizó la jornada con un enriquecedor debate que sitúa a las políticas de memoria democrática como uno de los ejes principales en los que sostener la lucha por la igualdad de oportunidades para la población gitana. La jornada se enmarcó dentro de un proyecto más amplio, de nombre ‘Jekhipen’, compartido por varias entidades romanís de diferentes países europeos que promueve la generación y el acompañamiento de políticas basadas en los principios de verdad, justicia y reparación.
