Se cumplen seiscientos años de la llegada de los primeros romaníes a la península Ibérica
El 12 de enero de 1425 don Juan de Egipto Menor recibía un salvoconducto de Alfonso V de Aragón, en la ciudad de Zaragoza, para circular durante un trimestre por el reino de las Cuatro Barras. Se iniciaba, así, la historia oficial de los gitanos en España.
El salvoconducto, emitido por el rey, instaba a las autoridades locales a acoger y tratar bien al grupo comandado por Juan de Egipto Menor, permitiéndoles circular con todos los bienes que portaban con seguridad. Aparte de este documento, nada más se sabe de la peripecia del pionero Juan de Egipto Menor por los territorios de las coronas prehispánicas. Por los cronistas de Europa Central, de la época, y la información que ofrecían de otros grupos de peregrinos romaníes, podemos deducir que se trataría de un grupo cercano a las cien personas que viajaban en peregrinaje a diferentes lugares santos por su apostasía al cristianismo ante la presión otomana. También sabemos que tenían la piel oscura, y que sus vestimentas ‘estrafalarias’ y sus largos pendientes de plata suscitaban una visión muy exótica.
No existe un consenso absoluto entre los historiadores sobre donde se ubicaba la región de proveniencia de aquellos peregrinos. Mientras algunos sitúan Egipto Menor en la región de Siria y Chipre, otros lo sitúan en islas del Peloponeso griego. En cualquier caso, por la información ofrecida por otros grupos de peregrinos romaníes que arribaron al corazón de Europa a partir de 1417, estos parecían huir del avance de los turcos en ambas regiones indicadas.
Poco después de la llegada de Juan de Egipto Menor, el 8 de mayo del mismo año, el conde Tomás de Egipto Menor también cruzó los Pirineos y recibió un salvoconducto de Alfonso V para circular por los territorios de su corona. Unos días después, sabemos que les fueron robados, en Alagón, un mastín y un galgo posiblemente adiestrados para espectáculos circenses. También sabemos que en 1435 abandonó el país por la frontera de Canfranc, aunque se sospecha que, en ese intervalo de tiempo, también pudo estar en París y en Amiens, Francia.
Además de las limosnas recibidas como peregrinos, los grupos romaníes organizaban ferias y espectáculos circenses que atraían multitud de curiosos espectadores. También ejercían diferentes profesiones ligadas al nomadismo y al mundo agrario, como la compra y venta de ganado o el esquilado.
En los siguientes años se sucederían la llegada de grupos romaníes que provenían de Egipto Menor, como el duque Andrés y el conde Pedro en 1447, Jacobo de Egipto Menor en 1460, don Martín y don Tomás en 1460, el duque Pablo del Pequeño Egipto en 1484, y los condes don Luis y don Felipe, también en 1484. A partir de entonces llegan nuevos grupos romaníes que, a diferencia de los primeros, llegan a través del mar Mediterráneo y provienen de Grecia.
Ese es, precisamente, el momento en el que el trato recibido hasta el momento por los viajeros romaníes empieza a cambiar; la curiosidad inicial se torna en recelo y las cartas de recomendación y salvoconductos se tornan en leyes que buscan poner punto y final al nomadismo de los grupos romanís. En 1499, los Reyes Católicos firman la primera de muchas leyes que no buscan otra cosa que la reducción social de la diferencia gitana, llegando a su cénit, en 1749, con un proyecto de exterminio biológico.
La historia que conocemos de los gitanos y gitanas es la que emana de los archivos de quién intentó exterminarlos, un sinfín de documentación legal, administrativa y judicial que pone de manifiesto la obcecada persecución que, cinco siglos después, ha cristalizado en una estructura de marginación y exclusión social que priva sistemáticamente a la población gitana de acceder en igualdad de condiciones a los derechos sociales.
La historia que no conocemos es la historia realmente vivida por los gitanos, la historia de resistencia por mantener viva su idiosincrasia y, también, la historia de convivencia con el resto de la ciudadanía. Esa es la historia que hoy, 12 de enero de 2025, celebramos.
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Salvoconducto expedido en Zaragoza, el 12 de enero de 1425, por Alfonso V de Aragón a don Juan de Egipto Menor.
Johannis de Egipto
Alfonsus, et. Als nobles amats e feels nostres vniuerses e sengles gouernadors, justicies, veguers, sotsueguers, batles, sostbatles et altres qualseoul officials e subdits nostres e encara qualseuol guardes de ports e coses vedades en qualseuol parts de nostres regnes e terres al qual o als quals les presents peruendren e serán prosentades o als lochtinents de aquells. Salut e dileccio. Com l’amat e douot nostre don Johan de Egipte Menor, de nostra licencia anant en diuerses parts, entena passar por algunes parts de nostres regnes e terres, e vullam aquell esser bentractat e acullit, a vosaltre e a cadascun de vos dehim e amnam expressament e de certa sciencia, sots incorriment de nostra ira e indignació, que lo dit Johan de Egipto e los que ab ell iran e l’acompanyaran, ab totes ses caualcadures, robes, bens, or, argent, braces, males e altres qualseuol coses que ab si portaren, lexets anar, star e passar per qualseuol ciutats, viles, lochs e altres parts de nostra senyoria, saluament e segura, tota contradicció, impediment e contrast remoguts. Proueint e donant a aquells segur passatge e conduyt, lo qual volem que dur per tres mesos del dia de la data de la present en auant continuament comptadora. Dada en Çaragoça, sots nostre segell secret, a xii dies de Janer. En l’any de la natiuitat de Nostre Senyor Mil cccxxxv.
Rex Alfonsus.
Franciscus Exaloni, mandato regio facto ad relationem Francisci Darinyo
Archivo de la Corona de Aragón, Cancillería real, Registro 2573, f.145 v.
