La estafa de la película ‘El rei Peret’

La estafa de la película ‘El rei Peret’

Aviso para navegantes y lectores. Estoy de muy mal humor, llevo varios días así, sigo sin entender la película que emitió la televisión pública catalana –esa que todos financiamos aunque tengamos tradiciones culturales diversas–, ‘El rei Peret’.

Sigo sin saber si vi una película de José Antonio de la Loma o si vi una película sobre uno de los principales artistas catalanes del siglo XX. Es una situación bastante incomprensible. ¿Por qué el cine enfoca a las personas gitanas siempre como bárbaros delincuentes? ¿Por qué se cuenta la historia del principal referente de la Rumba Catalana como si fuera un delincuente de poca monta? ¿Por qué no se explica una historia llena de sacrificio por la música (y la de sus compañeros) como fue la historia de Peret? ¿Son más interesantes para el público exacerbar las tontas discusiones que todos tenemos en nuestro ámbito familiar que la historia de un artista con mayúsculas que recorrió el mundo y que llevó a Cataluña por bandera?

Si lo que se quería era denostar a la figura de Peret como artista catalán, se ha conseguido con creces. Si lo que se quería era reproducir todo un imaginario sobre el pueblo gitano como un pueblo violento, estafador y tonto, también lo han conseguido. Y esta vez no se trata de una empresa de comunicación que busca generar ganancias a costa de lo que sea, sino que se trata de una empresa pública que todos financiamos con nuestros impuestos. Y es ahí donde duele, porque si esa es la función que debe cumplir una televisión pública, ya podemos santiguarnos y prepararnos para lo que pueda venir en el futuro. ¿Porque una televisión pública compra las narrativas racistas de la extrema derecha? Y ésta sí que es una pregunta retórica a la que les invito a reflexionar pausadamente sobre ella porque me temo que no se trata ya sólo de la retórica antigitana de la extrema derecha.  

Yo tuve el privilegio de vivir muchos años, décadas, acompañando a Peret. Además de compañero, era mi amigo y mi maestro, y en nada reconozco al personaje que aparece en la película. El actor que le representa ha montado un personaje que se pasa la película gritando y enojado. Los palmeros parecen todos sacados de un circo del horror quinqui, la música –que podía haber sido el epicentro de la película– no está tampoco a la altura.  

De aquella época tan gloriosa para la Rumba Catalana ya sólo quedamos cuatro, y con el piloto de la reserva de gasolina encendido hace tiempo. Nos queda poco tiempo y todos compartimos la decepción porque nadie se interesa por la verdadera historia de la rumba que llevamos dentro. Quizás el mundo, y diferentes instituciones, están esperando a que nos vayamos para no tener que contarla y, como sucede con el flamenco, argumentar que la Rumba Catalana es muchas cosas menos gitana. Quizás se trate de eso.

Cuatro somos los iconos que quedamos y además de tres generaciones diferentes. ‘Chacho’, como uno de los creadores; ‘Los Amaya’, como herederos de los creadores; y ‘Chipén’ que recoge toda la esencia de las generaciones pasadas. La esencia y la historia de un siglo de vivencias que están a punto de desaparecer. Y cuando desaparezcamos con nuestra historia, ya sólo quedará aquello que pueda lucrar a alguien, es decir, ya sólo quedarán productos como la nefasta película que tuvimos que presenciar sobre Peret, que ya el título avisaba, ‘El rei Peret’, que no ‘El rei de la Rumba’. Esta última es una película que está aún por hacer, aunque imagino que una película que dignifique a una persona gitana no generaría beneficios ni audiencia, iría demasiado contra corriente de los conglomerados de empresas que se dedican a la producción audiovisual caiga quien caiga.  

En esa película que no se ha rodado ni se rodará, se podrían explicar las grandes noches que compartieron Peret, Chacho, el Pescaílla y el Palop, y como esos cuatro púgiles acabaron por fraguar juntos un nuevo género musical a base de arte, tesón, exigencia y amor a la música y a sus compañeros. Se podría explicar la historia de esfuerzo que había detrás de cada producción, la exigencia y profesionalidad que reivindicaba al resto de músicos. Se podría explicar las historias de satisfacción cuando se conseguía hacer la música que se pretendía. Se podría plasmar el elegante vestuario con el que él y sus compañeros se subían al escenario. Se podría mostrar lo mucho que trabajó y viajó por todo el mundo. Se podrían explicar miles de anécdotas que servirían para definirlo como la excelente persona que era dentro y fuera del escenario. Se podría explicar la gran comunión que todos teníamos con Peret. Se podría explicar el amor que todos los gitanos y gitanas teníamos por él. Se podría explicar lo que significa la Rumba Catalana para los gitanos catalanes. Se podría explicar, en definitiva, la historia del Rey de la Rumba, la historia de uno de los artistas más importantes de Cataluña del siglo XX.

En fin. Aquí sigo dándole vueltas a la cabeza, tratando de dilucidar si la película se trata de un nauseabundo ejercicio de racismo premeditado, o si por el contrario se trata de un burdo ejercicio de incultura e ignorancia.

 

 

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