Peret Reyes, una voz autorizada

Peret Reyes, una voz autorizada

*A la derecha de la imagen, Peret Reyes en una actuació con el grupo Chipén

Cincuenta años de rumba tienen opinión. Reyes empezó con su padrino Peret Pubill a la edad de catorce años, con él aprendió a tocar la guitarra y las palmas, con él compartió su juventud, junto con los grandes maestros de la rumba catalana. Le dio el relevo al mítico Tío Huesos como palmero, acompañando al Tío Toni Valentí. Más tarde se incorporó a filas un servidor y, entre los tres, pudimos compaginarnos y  un día tocábamos las palmas y al otro la guitarra y al otro la percusión.  

Peret Reyes y yo pasamos media vida al lado del Rey de la Rumba. Más de treinta años viajando por todo el mundo con él nos avalaron, en determinado momento, para tratar de ser sus dignos sucesores –sobra decir que igualarlo fue una tarea imposible–.

Tras muchos años en el escenario junto a Peret Reyes, hoy me he permitido el placer de hacer algo diferente con él, entrevistarlo. Tan sólo tres preguntas sobre temas que me preocupan y sobre los que quería conocer su opinión más personal, la opinión de 50 años viviendo por y para la Rumba Catalana, una opinión que, aviso, debe ser respetada, escuchada y entendida. 

Nos encontramos en la terraza de un bar del barrio, como siempre, pero esta vez llevo una grabadora. Sin muchos prolegómenos voy al grano. ¿Cómo ves la Rumba Catalana en la actualidad Peret?  

Con un tono de voz firme y serio me contesta: “El timo de la estampita. Hoy en día hay unos señores que se disfrazan de rumberos y nos venden que hacen rumba catalana, sin ningún tipo de miramiento ni respeto hacia su creadores, hacia los gitanos, ¿quizás será por falta de información y conocimiento?”.

“Para hacer rumba catalana hay que ser gitano y vivir como tal y como hicieron nuestros predecesores y nosotros mismos, porque para nosotros ha sido una forma de vida. No por saber hacer el ventilador con la guitarra ya puedes decir que haces rumba catalana. A nuestra rumba se le llamó rumba de smoking por su elegancia dentro y fuera del escenario. Por lo tanto, estos grupos que se venden como rumberos catalanes sin serlo, lo que están haciendo es vender al público algo muy diferente y dar una imagen muy equivocada de nuestra música a quien no la conoce”, me explica Reyes.

A buen entendedor pocas palabras hacen falta …, paso a mi segunda pregunta: ¿Crees que nuestro legado musical y nuestra historia se conservará?

Me contesta con rotundidad. “No. De aquí a unos años todo lo que nos han enseñado, todo lo que hemos enseñado se habrá distorsionado por aquellos que se vienen lucrando de nuestra historia y de nuestro legado, transmitiendo algo que poco se acerca a la realidad. Hay un montón de rumberos que ya han caído en el olvido y que fueron parte de nuestra historia, pero eso no tiene la más mínima importancia aquí para nadie”.

“Yo mismo tomé parte en el reconocimiento de la Rumba Catalana como patrimonio popular y cultural de Cataluña, sin embargo no existe ninguna institución que se preocupe de salvaguardar y promover todo ese legado. Si lo comparamos con otros géneros musicales como la sardana veremos que existe muchísima documentación sobre su historia y un sinfín de iniciativas para que se evolucione sin distorsiones. ¡Y nuestra rumba es tan catalana como la sardana!”, exclama Reyes.

Mi compañero continúa lamentándose, en este caso, de lo poco representado que se siente por el mural dedicado a la Rumba Catalana erigido en la entrada de la calle de La Cera, “¡Eso tenía que haber sido un árbol genealógico de la rumba!”, cuando de repente aparece mi sobrino Ángel, nieto de Petitet y pianista nuestro –de Chipén– cuando era sólo un crío. Le invito a sentarse y a que participe de nuestra discusión.

Su aparición nos viene como anillo al dedo. Como joven me interesa muchísimo su visión, más cercana a las nuevas generaciones de gitanos catalanes y de rumberos. ¿Qué lugar tiene la rumba entre los gitanos más jóvenes hoy en día?

“¿Sinceramente? Ya no existe, a mis amigos les gusta el Reguetón, el Trap. Recuerdo que de pequeño nos llevabas a tu estudio e intentabas abrirnos las puertas de la música. Pero hoy día, entre los más jóvenes, aparte del Manu -que es un gran rumbero y lleva con mucha claridad la herencia de su abuelo Ramunet-, y de mi hermano pequeño, Coe Jr, que también se ha metido de lleno en la rumba, a los demás jóvenes ya no les interesa crear música. Ese espíritu que supisteis trasladar a la generación de mi padre, hoy ya se ha perdido Onclo”.

En ese momento recordé las palabras de Manu en la entrevista que le hice hace unos meses, me comentó que sólo encontraba un espacio para hacer rumba en los talleres que Sam Mosquetón realiza en el EMUGBA. Hasta no hace mucho, los jóvenes tocaban con nosotros en los conciertos, aprendían ensayando para grabaciones y para actuaciones, pero sobre todo, aprendían actuando en el escenario, y probablemente aquello era su mayor ilusión, salir al escenario bien arropados. Puede que aquel fuera el verdadero cordón umbilical entre generaciones rumberas, un cordón umbilical que hoy es cada vez más estrecho y que alimenta a menos rumberos noveles.

 

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