El retrato del retratista

El retrato del retratista

Como últimamente me mandan reposo, me he permitido el lujo de leerme a mí mismo y revisar todo lo que he ido compartiendo con vosotros en este blog y creo que estoy cumpliendo, poco a poco, con mi objetivo inicial, generar un espacio en la red donde, desde dentro del mundo de la Rumba Catalana, explicar nuestra historia y evitar que ésta quede en el olvido. No es un relato histórico al uso, no soy historiador ni tampoco musicólogo, ni antropólogo, ni periodista, ni nada que se le asemeje, simplemente soy testigo y también culpable de la historia de la Rumba Catalana.  

A lo largo de estos breves escritos he querido compartir mis vivencias personales, desde la infancia hasta ya mi recién estrenada senectud, desde los creadores hasta el presente, tratando siempre de ofrecer una mirada en primera persona, no sólo de la música, sino que también de una forma de vida distinta, la de los rumberos catalanes.

Tras leerme a  mí mismo con cierta mirada externa, me veo también en la obligación de daros las gracias por la paciencia a todos aquellos que me dedicáis un rato de lectura porque soy consciente que en algún momento me dejo llevar por la frustración y la impotencia de ver que la Rumba Catalana, a la que muchos hemos dedicado toda nuestra vida, está siendo completamente distorsionada por una serie de intereses económicos ajenos a aquellos que dieron luz a la rumba, los gitanos.

Después de hablar claro como lo he hecho hasta ahora, después de criticar a diestra y siniestra, también es momento de ver que piensa el retratista de todo esto y ahondar un poquito más.

La música, la Rumba Catalana, que es lo que ha llenado mi vida entera, está, en la actualidad, decepcionándome profundamente. Después de toda una vida entregado, no sólo a hacer música, sino a hacerla con sentido para nuestra comunidad, facilitando el relevo con las generaciones más jóvenes, transmitiendo lo mismo que a mí se me transmitió de pequeño, permitiendo que la rueda gire y que no se pierda la vertiente más humana y comunitaria que rodea a nuestra música, creo que su razón de existencia está perdiéndose.

La globalización cultural –o anomia comunitaria, como prefieran llamarla– en la que vivimos hace que ya no demos importancia a la raíz, a la esencia y sentido de la música en su propia cuna, en su propia casa. La Rumba Catalana ha sido la música de los gitanos del ‘Portal’, de los gitanos de Barcelona, de los gitanos de Cataluña, sin embargo, la senda tomada nos llevará a que la Rumba Catalana yo no sea más ‘nuestra música’, un ‘nuestra’ con mayúsculas, y se convierta en una música más que poner en alguna plataforma digital por cualquier persona, en cualquier parte del mundo  y a cualquier hora … que eso también tiene su vertiente positiva, pero dejará de ser la música comunitaria, la música gitana, la música que acompañaba con armonía nuestras vidas. Ya no se valora por los jóvenes gitanos como en mi generación, ya no la valora la ciudad en que nació, el cordón umbilical que la une a su comunidad es ya tan fino que no se si aguantará mucho, pero el destino parece ya incontestable. Nuestra música dejará de ser una música identitaria para ser una música cualquiera –con todo lo peyorativo que la palabra ‘cualquiera’ puede tener en el ámbito de la música.

Lo siento, pero estoy en la obligación de decir sin tapujos lo que pienso, un pequeño privilegio que ya ni siquiera sé si los gitanos viejos seguimos teniendo.

La Generalitat de Catalunya declaró la rumba como Patrimonio de interés cultural y musical en Cataluña, y cada día tengo más claro que aquello debió ser un título póstumo, y que aunque algunos como yo gozábamos de mucha ilusión con tal reconocimiento, otros ya debían saber que la Rumba Catalana no iba a tardar mucho en dejar de ser gitana. Desconozco si aquel reconocimiento ha ido acompañado de alguna acción concreta, desde luego si la hubo, poco impacto debió tener porque si no, lo conocería. Decepción es mi palabra con las instituciones en relación a la rumba.

Arriba dije ‘póstumo’, pero no os penséis, sigo albergando algo de optimismo realista. Sí se pueden hacer muchas cosas por hacer revivir esto. Seguimos con vida y con fuerzas muchos rumberos que hemos tenido la oportunidad de convivir con los mejores artistas, hemos recorrido el planeta entero, hemos conocido un sinfín de culturas musicales diferentes de las que hemos aprendido muchísimo, y aún hay tiempo de que todo ese bagaje no se pierda, de que el significado que la rumba tiene para nosotros perviva, existen alternativas comunitarias para que el destino globalizador no haga que nuestra historia se esfume con el viento. Sólo hace falta voluntad, nuestra –de los gitanos– y de las instituciones.

Decepción también conmigo mismo y con los míos. Siento una gran melancolía de tiempos no muy lejanos. Me hubiese gustado que, en mi vejez, pudiera seguir compartiendo como durante tantos años he hecho con todos aquellos que empezaban en el mundo de la rumba y que nunca los dejé de lado. Hoy todo ha cambiado mucho y aquel mundo que viví ya no existe, pero como he dicho anteriormente, existen alternativas mucho mejores a lo que está sucediendo con nuestra música.

Reitero: gracias a todos por no reñirme como probablemente merezca, sé que pensar en voz alta puede molestar pero me niego a engañar a nadie o a edulcorar los hechos.  

Permítanme otro desaire más, pero es que ¡Ha llegado la primavera! ¡Qué bonita era antes! cuando se acercaban un montón de conciertos, cuando las fiestas de los pueblos y los escenarios en la playa eran sinónimo de rumba, cuando los rumberos estaban todos atareados con la promoción de un nuevo lanzamiento discográfico, cuando los festivales de verano remataban siempre al compás de la Rumba Catalana, … (suspiros).

La primavera y la Rumba Catalana. Si os parece lo dejo para la próxima entrega.

¡Que la Rumba os acompañe!

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