El Chacho, sin pena ni gloria.

El Chacho, sin pena ni gloria.

Tras recordar la genialidad y ética de artistas como el Gato Pérez o Albert Pla y reivindicar la autoría gitana de la rumba catalana, hoy quiero empezar a recordar a artistas gitanos que siguen con nosotros pero que incomprensiblemente han caído en el olvido para la industria y para el mundo de la Rumba Catalana.

Sin pena ni gloria. Así resumiría con una frase lo que siento cuando recuerdo a José María Valentí, el Chacho. Sin pena ni gloria. Una frase que intentaré llenar de matices a lo largo de esta reflexión.

Jamás hubiese imaginado hace treinta años que hoy estaría escribiendo sobre el Chacho y que la primera frase que pasara por mi mente fuera esta. Es ilógico, es injusto, es frustrante, es difícil de asumir, pero es así. Recuerdo mis primeras actuaciones cuando yo era tan sólo un niño, mi gran debut con uno de los grandes fue de la mano suya, con catorce años. Fue todo un orgullo, me hizo sentir parte de aquella gran familia de artistas como uno más, no había edades, no había galones, éramos todos una familia que viajábamos y convivíamos largas temporadas juntos.

El Chacho nació en el barrio del Portal -como llamábamos antes al barcelonés barrio del Raval-, en el epicentro de la rumba catalana, en el seno la comunidad de gitanos de la calle de la Cera. Fue uno de los pocos gitanos que conozco que pasaron por el conservatorio del Liceo. Seguro que su paso por allí sirvió para que la rumba catalana empezase a transitar nuevos caminos, puesto que el Chacho fue el primero en introducir el piano dentro de la rumba catalana. El sonido de la rumba cambió para siempre con su genialidad.

En este enlace podréis disfrutar del ritmo al piano del Chacho y sus rumberos en dos actuaciones en directo en el programa de RTVE ‘Galas del sábado’.

En aquel momento, el sonido de la rumba catalana venía definido por el ritmo trepidante del ventilador de la guitarra y la velocidad de las palmas. Chacho se inventó algo nuevo, conseguir armonizar un instrumento como el piano dentro de una mecánica eminentemente percusiva y rítmica. Lo hizo a la perfección, y consiguió que la rumba aún vibrase más de lo que ya lo hacía.

Cuando hablamos de los orígenes de la rumba catalana, enseguida nos vienen a la cabeza nombres como Peret o el Pescaílla, pero junto a ellos se alzaba con discreción un tercer pilar que llenó de elegancia y versatilidad nuestra rumba.

Su puesta en escena era apoteósica, un piano de cola blanco, un frac blanco, clase, una voz única, mucha rumba y un gran elenco de artistas acompañándolo. Fueron muchas las noches que tuve el privilegio de subir al escenario con él. Las guitarras las poníamos el maestro Remolino hijo y un servidor, mezclábamos estilos muy distintos pero conseguíamos un gran resultado, el mío era un estilo puramente rumbero y el de Remolino flamenco. A las palmas el Tío Huesos, el Tío Ninus y el Tío Loren. El sonido resultante era único, todos bajo la batuta del Chacho. Marcó una época.

Chacho no solo es y ha sido un gran artista en el escenario, sino que también ha sido un gran músico que siempre ha tenido muy claro lo que quería a la hora de componer música. Ha sido un autor prolífico, con prácticamente 20 discos en el mercado.

El éxito musical del Chacho le llevó a protagonizar la película ‘Con ella llegó el amor’ en 1969. En este enlace encontraréis una de sus escenas musicales.

Las mejores salas de Madrid y Barcelona se llenaban cuando actuábamos y la gente lo adoraba por su sencillez. Nunca se le subió la fama a la cabeza, todo lo contrario. Si al llegar a la sala alguien lo esperaba en la puerta para que le firmase un autógrafo porque no tenía dinero para pagar la entrada, el Chacho lo hacía pasar y lo invitaba a una copa. Es una escena que he presenciado en más de una ocasión. Un artista que siempre ha llevado por delante la humildad, el respeto, la integridad como persona y el compañerismo con su equipo.

He tenido el privilegio de grabar la que es su última producción hasta el momento i que colaborase en el homenaje que organicé al Tío Paló hace poco más de diez años. A día de hoy sigo sin dar crédito a la excelente forma musical en que se encontraba entonces a pesar de la factura que pasa la vida cuando trabajas tantos años en el mundo del espectáculo y tienes que actuar y dar la talla noche tras noche. Aun así conservaba la misma fuerza y la misma actitud que cuando era un joven y empezaba labrarse su hueco en este mundo. Un artista de los pies a la cabeza.

Fue un gustazo grabar con él porque, como productores, podíamos hablar el mismo idioma. Reímos mucho juntos porque, para él, los medios de grabación de hoy día eran más bien artilugios para hacer magia, eso de copiar y pegar un coro o afinar una nota de voz desafinada era cosa de brujería. Buscaba los antiguos aparatos de grabación, reverbs, compresores, magnetófono y no encontraba nada … ¡estaba todo en un simple ordenador!

Toda una experiencia volver a grabar con el que me adoptó, musicalmente hablando, hace ya más de cincuenta años. Y ahora, reflexionando, es una lástima que toda esa evolución musical la tuviera que descubrir en un solo día. Debería haberla vivido día a día, producción a producción, paso a paso, año a año. Nunca debería haber dejado de grabar. No entiendo porque uno de los tres grandes creadores de la Rumba Catalana cayó en el olvido de todos, que nadie se acuerde hoy de él a la hora de hacer un festival o de hacer una producción o de escribir un artículo de prensa. Incluso los propios gitanos, que tanto nos vanagloriamos de no olvidar a nuestros mayores y de ser agradecidos con ellos, hemos permitido que cayera en el olvido.

Si miramos a nuestros primos flamencos, con quienes la comparación es inevitable, ellos siempre tienen muy presente a los grandes cantaores del pasado, a todos, y todo aquel que quiera aprender, aprende de ellos. Los rumberos somos privilegiados porque aún nos queda el Chacho con nosotros, sin embargo somos unos desdichados por no contar con él.

El Chacho ha sido uno de los pilares de la Rumba Catalana, marcó una época, abrió un gran abanico de posibilidades sin el cual, quien sabe, la rumba no hubiera superado nunca el umbral de los años ochenta. Todos los que escuchamos, cantamos, nos divertimos o celebramos nuestras fiestas con la Rumba Catalana le debemos estar inmensamente agradecidos. Sin embargo, el Chacho hoy está en el rincón del olvido, viviendo su vejez, sin pena ni gloria.

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