El reto de la interculturalidad en las sociedades Post-Covid

El reto de la interculturalidad en las sociedades Post-Covid

El 9 de diciembre, Día Internacional de los Defensores de los Derechos Humanos, la alianza formada por la Fundación Secretariado Gitano, la Fundación ‘La Caixa’ y el Club de Roma organizaron una jornada de debate en torno a la interculturalidad y los retos de una sociedad en pleno proceso de transformación social y económica a causa de la pandemia.

“Interculturalidad es un concepto fácil de enunciar, más complicado de comprender y muy difícil de aplicar en la práctica”, así iniciaba Isidro Rodríguez, director de la Fundación Secretariado Gitano, su presentación de la jornada de debate. Y es que, como bien explicaba Rodríguez, la interculturalidad es un marco teórico que trata de abordar viejos problemas que estructuran nuestras sociedades desde hace siglos –como son el racismo, el antigitanismo, la pobreza y la exclusión social, cultural y política– y que en estos momentos de pandemia parecen agudizarse aún más.

Precisamente, las tensiones sociales y económicas provocadas por la actual pandemia han sido el motor del debate en esta tercera edición de ‘Diálogos por la Interculturalidad’. Tras la inauguración a cargo de Jaime Lanaspa, presidente de la Oficina del Club de Roma en Barcelona, Francesc Ventura, de la Fundación ‘La Caixa’, y de Isidro Rodríguez, de la Fundación Secretariado Gitano, tuvo lugar el primero de los diálogos a cargo de Daniel Innerarity, Catedrático de Filosofía política y social, investigador en la Universidad del País Vasco y director del Instituto de Gobernanza Democrática.

Innerarity realizó una aproximación a la complejidad de las sociedades actuales como resultado de la globalización, de la continua movilidad e interconexión de personas y culturas y de las desigualdades económicas. Resaltó que los tradicionales conflictos por la igualdad ahora se ven atravesados por nuevos componentes, como son el reconocimiento identitario. “A veces minorías, o la mitad de la humanidad –como es el caso de la mujer–, por diversas razones no se sienten reconocidos, no solamente discriminados económicamente, sino no  reconocidos, porque detrás de una discriminación económica generalmente suele haber una diferencia en el acceso al reconocimiento con el cual tú puedes acceder a un determinado estatus económico”.

El catedrático de Filosofía política y social también recordó que detrás de movimiento como el ‘Me too’ o el ‘Black lives matter’ “en el fondo lo que hay es una reivindicación de que la igualdad no la entendamos como una igualdad abstracta, con la famosa doctrina de mérito que no atiende a razones estructurales, sino que tengamos en cuenta que incluso allí donde se ha reconocido el derecho de todos al acceso a determinados bienes, hay una discriminación persistente sobre las mujeres, sobre los negros, sobre las minorías étnicas”, y esgrimió que el principal problema es “corregir, con eficacia, esa desigualdad, profundizando en las políticas que corrigen esas diferencias estructurales”.

Seguidamente tuvo lugar una mesa de debate en torno a los conflictos que emergen al incluirse el componente de la diversidad identitaria a la clásica lucha por la igualdad. Para ello se invitó a Pastora Filigrana, abogada y sindicalista gitana, Miriam Hatibi, escritora y consultora de comunicación, y a Marina Subirats, socióloga, política y filósofa. Cómo compaginar la defensa del derecho a la diversidad con la defensa de la igualdad económica y laboral o con las políticas sociales en tiempos de pandemia fueron los principales temas de debate.

Filigrana  habló sobre las desigualdades en el acceso a bienes básicos para la vida y explicó que “las identidades culturales, territoriales y de género se utilizan para generar una jerarquía de acceso a los derechos y bienes” de manera que todas aquellas personas que se alejan del prototipo generado desde el imaginario occidental, blanco y masculinizado “están situados en una posición de inferioridad humana, cosa que se traduce en una vida material más precaria y con mayor dificultad en el acceso a los bienes y derechos, por eso la personas más pobres de este mundo no habitan en occidente, no son blancas y son mujeres”.

Por su parte, Miriam Hatibi, enfatizó la importancia de superar discursos utilitaristas en torno a la interculturalidad, es decir, no valorar a personas migrantes, o gitanas, por su aportación a la sociedad, sino evaluar el papel que todos jugamos en la sociedad y las relaciones de poder que se establecen. “Creo que uno de los logros de los movimientos sociales ha sido el romper esa lógica del utilitarismo y empezar a hablar de decolonización, de justicia global, de la importancia de entender los efectos de nuestras formas de consumo en otras personas,  en resumen, dejar de pensar que las otras personas nos tienen que demostrar que ellos también merecen tanto como nosotros por el hecho de que nosotros tengamos un pasaporte europeo”.

Para clausurar la jornada de debate se contó con la participación de la vicepresidenta del gobierno Carmen Calvo, quien inició su discurso recordando que “los gitanos y las gitanas son una deuda pendiente importantísima en este país en materia de encuentro de culturas y mucho más que eso, por cuanto llevan más tiempo del que podamos recordar en términos históricos. Son en ese sentido una deuda continua cada día más lacerante por cuanto no acabamos de resolverla”.

Si quiere pude visualizar esta tercera edición de ‘Diálogos para la Interculturalidad’ a continuación:

Sobre el autor

Pedro Casermeiro
Pedro Casermeiro és llicenciat en Psicologia per la Universitat de Barcelona. És membre de la directiva de Rromane Siklǒvne i de la Fundació Privada Pere Closa. Pedro també es formador en llengua romaní i coordinador del “Museu Virtual del Poble Gitano a Catalunya”.

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